
Por Andrés Timoteo
MAPACHE-GATE
Los que son de poblaciones rurales seguramente recuerden que el cargo de agente municipal o comisario ejidal -los representantes comunales de aquellos beneficiados con el reparto de tierras que luego se constituyeron en ejidos- era una ocupación de buena fe y buena vecindad.
Tradicionalmente se ocupaban de hablar por los lugareños cuando una petición de obra pública, un traslado médico, una asistencia social y acaso organizar las fiestas patronales de la comunidad.
Por eso eran pocos los que disputaban tales cargos.
No porque fuera innecesario sino porque demandaban cierto tiempo, esfuerzo y, obviamente, altruismo.
Los mismos comenzaron a ser envidiados cuando les pusieron sueldos.
Los agentes municipales comenzaron a cobrar como parte de la burocracia del ayuntamiento y entonces la lista de aspirantes creció de repente.
Eso en la última década si no es que en el último quinquenio.
Tal fue el resultado de ponerle precio a un oficio de antaño generoso y todo empeoró o de plano se pudrió cuando además de la variante salarial le agregaron el propósito partidista-electoral.
Hoy, en la era morenista, las agencias municipales se volvieron casas de campaña del partido en el poder.
Los agentes ya no son gestores sociales ni representantes de la comunidad sino operadores de Morena y porta-estandartes del nahlismo y de cada alcalde guinda.
Por eso en el actual proceso para renovar esos cargos privan los enfrentamientos, las acusaciones, la propaganda costeada desde el erario, la “mapachería”, los arribistas y advenedizos, los tunantes, las rupturas de procesos electivos y hasta las amenazas y verdaderos afanes de dañar al enemigo -que ya no contendiente ni rival-.
Se volvió un cochinero porque son muchos los intereses en juego.
Morena lo logró: estropeó hasta la encomienda comunitaria más cercana a la gente y de primerísima instancia, y convirtió a los agentes municipales en vulgares ‘mapaches’ al servicio de un partido y un régimen de gobierno sin importarle acabar con la tradición de buena fe y buena vecindad.
El pleito a sombrerazos por esas agencias es el termómetro de la pudrición.
Los que salgan impuestos serán los promotores de la “cuarta transformación”, operadores de Morena, extensiones del nahlismo y de los ediles guindas en aquellas pequeñas comunidades tan necesitadas de todo y en donde una dádiva a veces alivia la existencia.
Aquellos que logren sobrevivir al manoseo y las trampas del morenismo serán invariablemente agentes de resistencia ante un partido de Estado y gobernantes intolerantes y rencorosos.
Es el entreguismo frente a la resistencia en esos pequeños poblados hoy en elecciones locales o, en términos más anglicanistas, en el “Mapache-gate”.
EL TRASNOCHADO
Que el peroteño José Yunes salió a abogar por los afectados del chapopote en el mar, playas y lagunas.
Que salió a criticar al gobierno nahlista por sus omisiones y negligencias.
Que exigió justicia ecológica y reposición económicas por las pérdidas de pescadores y prestadores de servicios turísticos.
Y todo, ¿cómo para qué? Si el señor quería ayudar a los damnificados pues lo hizo con mínima inversión: saliva figurativa y un ‘posteo’ en las redes sociales.
Si lo hizo para hacer enojar al nahlismo, lo logró sin mucho esfuerzo.
Si lo hizo para recuperar su voz en el concierto político estatal, llegó tarde porque eso debió ejercerla desde el 3 de junio del 2024, al día siguiente que perdió la elección estatal y que, en los hechos y de facto, debió asumir el liderazgo opositor.
Se tardó un año y diez meses en hacerlo.
¿Cómo para qué Yunes Zorrilla abandona su escondrijo tras la paliza electoral del 2024? Algunos de sus panegiristas sostienen que es para que los veracruzanos lo recuerden como opción política -ajá- y porque ya se viene el 2027.
Aprovechará la circunstancia para reposicionarse e impulsar candidatos a espacios distritales.
De ser cierto lo anterior, se repite que se tardó casi dos años además de que su partido, el PRI, está en el sótano de las preferencias y en el inframundo de las confianzas ciudadanas.
Nadie lo quiere, ni siquiera sus recientes aliados electorales.
¿Él mismo como candidato a diputado? Tal vez, posiblemente si consigue mantener su última trinchera que es Perote aunque el alcalde que impuso allí, Vinicio Ascencio Fernández tiene el ayuntamiento en el desastre y desde hace días “gobierna” a través de su teléfono celular y desde una cama de hospital.
El edil tiene problemas de salud, no se aparece en el palacio municipal ni en eventos oficiales.
Claro, nadie es culpable de enfermarse pero el problema es que Ascencio temporalmente y ni siquiera por que está afectada su salud, así que el ayuntamiento está paralizado y la gente en espera de un gobierno y lo que conlleva -obras, programas, atención, servicios, etcétera-.
¿Así quieren el jefe caciquil de la zona, Yunes Zorrilla, volver a ganarse a los votantes? Es tardío y está trasnochado.
Y sin caer en la indolencia ni ser irrespetuosos pero el caso del alcalde peroteño enfermo, hospitalizado y aferrado al ‘hueso’ político es una metáfora insuperable del priismo en Veracruz.
*Envoyé depuis Paris, France.