
Por Andrés Timoteo
MALDAD PURA
¿Qué mata más, el cáncer o la negligencia de quienes deben tratarlo? A bote pronto se diría que el primero, pero eso entra en duda si se conoce que en hospitales de Veracruz echaron a la basura cientos de fórmulas de medicamentos oncológicos porque los dejaron caducar.
Más grave aún, esos fármacos se echaron a perder en las bodegas de la Secretaría de Salud mientras se los negaban a quienes están bajo tratamiento para combatir la enfermedad.
¿Cómo llamarle eso? No es descuido ni ineficacia ni irresponsabilidad.
Vaya, ya ni siquiera es negligencia criminal.
Es maldad por qué a sabiendas que hay personas en riesgo de morir y que salen a las calles para clamar por medicinas, los funcionarios las esconden y dejan que se descompongan.
Esa maldad se agranda y macera con otra maldad paralela, la de los que están a cargo de investigar y castigar el crimen.
Maldad también de los representantes populares callados ante el delito de lesa humanidad que es negar la medicina a los enfermos aún cuando existen y mejor deciden dejarlas caducar.
Los alcaldes, los diputados y los senadores todos silentes.
El único que salió a pedir una investigación pero una semana tarde -luego de que NOTIVER dio a conocer la noticia en exclusiva- fue el morenista Manuel Huerta quien dejó correr el tiempo para que se enfriara el escándalo.
Callar o instrumentar tiempos los hace cómplices.
Hubo un comedido, el tatahuico Esteban Bautista que regentea el congreso local y que salió a hablar del tema pero no a señalar con nombres y apellidos a los responsables de tirar los medicamentos.
Tampoco citó a la secretaria de Salud, Mariela Hernández, para que comparezca en el recinto parlamentario a fin de que explique la negligencia criminal.
No, su maniobra discursiva fue para rebajar el escándalo y esconderlo bajo el viejo discurso de que se castigará a los funcionarios involucrados. Ajá.
Es para reír por tanta frescura.
¿Quién es Bautista para adelantar sanciones cuando ni siquiera activa los mecanismos de contrapeso y revisión del Poder Legislativo? Su alegato es verborrea ocultadora y solapante.
En términos reales no hará nada.
Ni investigará ni denunciará, sus dichos son parte de un control de daños muy deficiente.
Peores están sus subalternos en el parlamento que tiene la obligación de intervenir ante esa acción criminal.
Estos prefirieron irse de fin de semana largo sin siquiera pronunciarse.
Nada dijeron Laura Mejía, Astrid Sánchez y Omar Blanco, presidenta, secretaria y vocal, respectivamente, de la Comisión de Salud y Asistencia.
Los tres son de Morena, para no variar.
El último, Blanco Martínez, también preside la Comisión de Derechos Humanos y Asistencia a Grupos Vulnerables -los enfermos son parte de esos grupos-.
Menos han alzado la voz, el secretario de dicha comisión, el ahora expriista Héctor Yunes quien anda más ocupado en sus estridencias y sainetes personales que en atender la encomienda legislativa.
Ya ni qué decir de la vocal de la comisión, la ufóloga guinda Victoria Gutiérrez, apurada, eso sí, en divulgar la fantasía de exportar café a Marte, declarar la guerra contra Estados Unidos y descalificar a sus homologas de la oposición criticándolas en tribuna por ser jóvenes y bellas, y vestirse bien, algo que la envenena de envidia.
En resumen, esos falsos representantes populares andan en sus circos, cada uno domando sus propias fieras y las de enfrente, haciendo equilibrio en los alambres y actos de magia para desaparecer el mayor dinero posible.
Lo que menos les importa es atender ese atentado contra la población enferma.
Pero el karma les llegará, si no ahora vendrá después.
LOS EPULONES
Algunos opinan que reparando en el valor de las medicinas echadas a perder -menos de un millón de pesos según el reporte oficial- el daño no es tan grande.
Tal vez sea verdad, es poco el monto financiero comparándolo con lo que se roban en general, pero en cuestión de salud es una tragedia y un atentado contra la gente.
Quienes buscan minimizar el caso lo hacen desde la comodidad en salud, bien se ve que no han enfermado de cáncer o no han tenido un familiar con carcicoma.
Cuando se pasa por eso, una ampolleta, una caja de tabletas o una sesión de quimioterapia es la lucha diaria.
Acceder a ellas es acariciar la esperanza de sobrevivir.
Entonces, hablar de maldad pura no es exagerado pues mientras los enfermos y sus familiares pasan calvarios para obtener medicamentos y terapias, los funcionarios y sus defensores creen que son de acero y que el Dedo de Dios nunca tocará sus cuerpos y sus vidas.
Viven al estilo Epulón.
Y el chiste -aunque más bien burla- para abrir la semana es lo dicho por la gobernante Rocío Nahle: "el órgano interno de control (de la Secretaría de Salud) está haciendo una auditoría y en caso de que sea la falta de algún servidor público se tiene que sancionar con lo que marca la propia ley".
¿What? ¿Qué quiso decir? Que el infractor se investigará a sí mismo.
La choapense Hernández se indagará a ella misma y ella misma se exonerará.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
¿Acaso no es un chiste cruel? Maldad pura, se insiste.
*Envoyé depuis Paris, France.