
Por Andrés Timoteo
EMBARCADOS
El barco fantasma, inventado por la zacatecana Rocío Nahle, nunca existió.
Tampoco las chapopoteras naturales generaron el derrame de petróleo que manchó 900 kilómetros en el litoral de Golfo de México.
Fueron engañifas de los comedidos funcionarios federales y estatales para minimizar el hecho y que el gobierno evadiera la responsabilidad.
Ah y menos fueron “gotitas” ni “pequeñas trazas” lo que se arrojó al mar y a las playas como también argumentó la gobernante veracruzana.
Vaya, para recoger lo que se pudo se tuvieron que utilizar once buques-tanques.
¿Cuánto le cabe a cada una de esas naves? De acuerdo al inventario de la flota de Pemex, sus barcos oscilan en capacidad pero el promedio es de 350 mil barriles.
Multiplíquenlo por once y eso que todavía no terminan de recoger todo el hidrocarburo vertido.
En fin, el caso es que se confirmó que siempre tuvieron la razón los grupos ecologistas, los pescadores y pobladores de zona costera:
Fue un ecocidio y lo provocó Petróleos Mexicanos (Pemex).
También tenían razón en las fechas pues ellos comenzaron a denunciarlo desde finales de febrero -el derrame se detectó desde el día 6 de ese mes-, mientras que las autoridades, especialmente las de Veracruz a cargo de Nahle, no quisieron ocuparse del tema sino hasta veinte días después, por allá de 20 de marzo.
El pasado jueves por la noche, el director de Pemex,Víctor Rodríguez, admitió la culpa de la paraestatal y reveló que la fuga de hidrocarburo se registró en un ducto de la plataforma Abkatun Pol Chuc ubicada en la Sonda de Campeche.
Es decir, el derrame de hidrocarburo salió de instalaciones de Pemex y hubo un ocultamiento del mismo.
Como ‘chivos expiatorios’ y hasta ‘fantasmas’ tomaron a tres funcionarios menores -ni siquiera se conocen sus nombres- que según Rodríguez fueron destituidos y están bajo investigación judicial al igual que el asunto del daño ecológico.
Claro, todos saben desde ahora el final que tendrá dicha pesquisa a cargo de la FGR que dirige la morenista Ernestina Godoy: la impunidad.
Nadie saldrá castigado por el ecocidio.
Pero más allá de tema judicial y ambiental, el caso sirve para una cátedra del quehacer político mal planeado y peor realizado.
Se encuadra en lo que los politólogos llaman falsa narrativa fracasada.
Es decir, cuando los que están en el gobierno difunden una noticia falsa pero son tan ineficaces que ésta se les caer y todos quedan exhibidos.
Los autores varían los nombres del concepto, algunos lo llaman desinformación populista, narrativa tramposa, ‘fake news’ político, narrativa de la distorsión, relato ficticio o contra-narrativa y otros falsa realidad, posverdad política y -como lo expuso el periodista Juan Pablo Becerra en un artículo reciente y que más se apega a lo sucedido- el genio de la patraña narrativa.
Empero, todos los estudiosos de la narrativa política coinciden que esta práctica si bien vigente en casi todo el mundo, debe ser bien estructurada e inteligentemente difundida para que sea efectiva.
En pocas palabras, coherente y bien contada para que no se derrumbe y deje a todos en la vergüenza, lo contrario a lo que sucedió con la engañifa del derrame petrolero en la que todos los morenistas se embarcaron.
POR LA BOCA MUERE
Durante más de un mes, funcionarios federales y estatales se dedicaron a negar, primero, y luego a desviar el origen del derrame de chapopote, pero al final todos quedaron como mentirosos sin recato.
Y el desmentido vino del interior del régimen, no porque no hayan querido sostener la falacia sino porque ésta era tan grande y se construyó tan mal que resultó insostenible.
Lo que se sabe es que las agencias estadounidenses que monitorean por medio de satélites los flujos y mareas en el Golfo de México están por dar un reporte que ubicaba la mancha de petróleo frente a Campeche, en instalaciones de Pemex, o sea que los iban a evidenciar desde el extranjero y por eso se apuraron a reconocer la mentira.
El caso de la gobernante de Veracruz es el más calamitoso de todos los funcionarios guindas, incluyendo a la presidenta Claudia Sheinbaum que también se embarcó.
La zacatecana carga ahora casi todas las criticas, burlas y ‘memes’ del asunto cuando ella pudo salir airosa si se hubiera dedicado a la limpieza de playas como tanto lo presumió.
Pero ella misma se trepó a ese barco cuando comenzó a disparar señalamientos falsos y algunos hasta burlones: que no hubo contaminación, que solo fueron gotas y trazos, que lo provocó un buque de un contratista de Pemex beneficiado por el peñismo -luego lo bautizaron el “barco fantasma’-, que fueron chapopoteras naturales y que los pescadores estaban felices y a salvo por la limpieza que ordenó.
No había necesidad de tal cosa.
No tenía por qué meterse al borlote con mentiras.
Si lo hubiera hecho defendiendo una verdad o, por lo menos, una duda razonable con argumentos serios y bien estructurados se habría ahorrado el escarnio.
Ahora ella es el símbolo de la falsa narrativa por el derrame de Pemex y el ecocidio respectivo.
“En cuestiones del mar, la Nahle por la boca muere”, escribió un columnista el fin de semana.
*Envoyé depuis Paris, France.