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TEXTO IRREVERENTE | LAS LLORONAS DE HOY - No es vituperio sino una comparación literaria. Las madres buscadoras en México están padeciendo una maldición centenaria: deambulan llorando por sus hijos. En esas mujeres que buscan incansablemente a sus…

No es vituperio sino una comparación literaria. Las madres buscadoras en México están padeciendo una maldición centenaria: deambulan llorando por sus hijos. En esas mujeres que buscan incansablemente a sus desaparecidos se cumple el...

Por Andrés Timoteo

LAS LLORONAS DE HOY

No es vituperio sino una comparación literaria.

Las madres buscadoras en México están padeciendo una maldición centenaria: deambulan llorando por sus hijos.

En esas mujeres que buscan incansablemente a sus desaparecidos se cumple el mito de Cihuacóatl o La Llorona, la que por las noches se lamenta por sus hijos perdidos.

“¡Ay mis hijos! Es un grito agrietado por la eternidad.
Y al final terminan por ser los hijos, hijas e hijes de todas, porque sabemos que cuando se llevan a uno, una, une, se llevan a todos, todas, todes”...

Señala la escritora capitalina Alma Delia Murillo que viene de publicar el libro “La raíz que no desaparece” (2025).

En su texto, la autora recoge, ficciona y expone historias de madres buscadoras que, como unas modernas lloronas, recorren parajes, arroyos,< cerros y veredas reclamando a sus hijos extraviados contra su voluntad.

La ola de desapariciones forzadas reaviva el mito de La Llorona.

Y si en México se han acumulado 132 mil desaparecidos, entonces andan penando 132 mil Lloronas.

No es un asunto venial, es una tragedia que a veces lleva a la locura o al “bendito” Alzheimer, esa enfermedad sin recuerdos y, por ende, sin dolor para quienes la padecen pues no recordar es no sufrir.

“¿Lo más tremendo? El fenómeno del Alzheimer entre las madres buscadoras a manera de protección para tanto dolor.
Y entonces la paradoja porque RECORDAR proviene de “Re-cordis: volver a pasar por el corazón”...

Comentó la escritora en una entrevista para la revista Langosta Literaria.

“Tu cerebro dice que no vuelvas a pasar por el corazón, que no recuerdes aquel dolor que te hizo sentir que dejabas de ser humano para convertirte en un animal herido, reventado de memoria, entregado al desamparo del dolor”.

El olvido es un bálsamo cuando el dolor de extraviar un ser amado quebranta la mente, el alma y el cuerpo, aunque la otra paradoja es que las madres buscadoras no pueden darse el lujo de olvidar o de volverse locas y ni siquiera el de morir.

Lo expone la misma novela con el caso de Ada, madre de Marcos, un joven plagiado por criminales y al que lleva buscando más de un quinquenio.

Y le escribe cartas.

“Mi niño precioso, hoy me acordé de ti cuando eras chiquito y te ibas a la escuela con tu mochila verde.

Yo creo que me estoy volviendo loca o no sé que me pasa, pero luego de la risa me entra el llanto y me dan ganas de morirme en ese mismito momento, así nomás, parada en la cocina, que me cayera un rayo o que se me parara el corazón de repente y dejara de dolerme todo lo que me duele”.

“Pero luego pienso que no puedo morirme sin encontrarte”, admite.

Ada sueña frecuentemente a Marcos y éste le ha llegado a indicar donde está su cuerpo: en una fosa bajo un árbol carcomido por hongos negros, aunque ella no lo ha podido localizar en los cinco años de pesquisa.

Y se desespera.

“Yo no sé si soy muy burra o qué, pero por más que me dices en el sueño lo del árbol al que mató el hongo, no sé cuál árbol buscar.
Ando medio perdida, tienes que decirme algo más, mi amor.
Ándale pues, dime más señales del árbol donde tengo que buscarte.
Tu mamá que te ama. Ada”.

Lean “La raíz que no desaparece” -editorial Alfaguara- no es un hito literario pero sí un valioso testimonial novelizado sobre la tragedia de los desaparecidos en México y sus madres que los buscan.

EL GATO DE SCHRÖDINGER

La ironía es que las buscadoras no pueden volverse locas ni amnésicas ni morirse.

Están atrapadas en una burbuja de tiempo, en el presente, en esta realidad en la que sus hijos desaparecieron y ellas vagan tras su rastro igual que La Llorona.

Además, su desconsuelo es superior porque La Llorona sabe que sus hijos están muertos y ellas no.

Ese es otro clavo en el alma, la duda de que si éstos viven o ya no, si buscan un retenido que respira o un cadáver.

Hay quienes dicen que son fantasmas y otros, los más científicos, incluso echan mano de la cuántica.

¿Y qué tienen que ver las desapariciones forzadas con la física? Por la teoría del Gato de Schrödinger que en diciembre pasado cumplió 90 años de ser postulada -en 1935- por el físico austriaco Erwin Schrödinger.

En términos simples, es un experimento mental en el que un gato está encerrado en una caja junto a un frasco de veneno y un botón activador.

Si el felino al moverse lo activa, el veneno se dispersa y lo mata.

Si no, continúa con vida. La probabilidad es del 50 por ciento.

Entonces, la pregunta es: ¿el gato está vivo o muerto?

Nadie lo sabe. Solo lo comprobarán si abren la caja.

Así las personas desaparecidas, no están vivas ni muertas sino todo lo contrario.

No lo sabrán hasta que hallen sus tumbas y las abran, mientras son los “no-vivos” y “no-muertos”.

Y la angustia de no saberlo deteriora los cuerpos, las mentes y las almas de sus madres que los están buscando.

Mañana domingo, 10 de Mayo, por todo México se realizará la Decimocuarta Marcha de la Dignidad Nacional Madres Buscando a sus Hijos, Hijas, Verdad y Justicia con el lema “Las madres llegaremos a La Final”, un guiño a la próxima Copa Mundial de Fútbol.

Hay que sumarse, los que puedan, porque no es la tragedia de ellas, es la de todos.

*Envoyé depuis Paris, France.