DAVID MANUEL MARTÍNEZ PÉREZ
Psicoterapeuta Clínico Certificado en Hellinger Sciencia ®
LA SERPIENTE DEL NUDO ROJO
“PERCIBIENDO EL OTRO LADO DE LA REALIDAD”
En un reino donde todas las puertas tenían cerraduras, pero ninguna tenía llave, existía una antigua leyenda sobre una serpiente roja que aparecía cada vez que alguien intentaba escapar de aquello que lo mantenía prisionero.
Nadie sabía dónde vivía.
Algunos decían que dormía bajo los templos abandonados.
Otros aseguraban que habitaba dentro de los corazones de quienes habían perdido su libertad.
Pero todos coincidían en algo, cuando aparecía, siempre llevaba un hilo rojo alrededor de su cuerpo.
Una noche, un hombre llamado Darien despertó con las manos atadas por una cuerda roja.
Intentó romperla, pero cuanto más luchaba, más fuerte se volvía.
Entonces escuchó un siseo.
Frente a él apareció una enorme serpiente de color rojo.
Su cuerpo se elevó lentamente hasta quedar frente a su rostro.
Darien sintió miedo.
—¿Fuiste tú quien me ató?
La serpiente permaneció inmóvil.
—¡Suéltame!
La criatura comenzó a rodearlo.
La cuerda se tensó.
Darien luchó con todas sus fuerzas.
Pero no consiguió liberarse.
Finalmente cayó al suelo agotado.
La serpiente se acercó y habló.
—¿Por qué quieres romper el nudo?
Darien respondió con rabia:
—Porque me impide avanzar.
—¿Quién lo hizo?
—No lo sé.
La serpiente lo observó.
—Entonces todavía no sabes qué estás intentando liberar.
Darien miró la cuerda.
Por primera vez la observó detenidamente.
No estaba atada a ninguna pared.
No estaba sujeta al suelo.
La cuerda estaba enrollada alrededor de sus propias manos.
—¿Cómo puede ser?
La serpiente respondió:
—Porque algunas cadenas no necesitan estar sujetas a nada.
Darien comenzó a recordar.
Recordó las promesas que había hecho por miedo.
Las decisiones que había tomado para complacer a otros.
Las oportunidades que había rechazado porque temía fracasar.
Las personas que había mantenido cerca aunque ya no confiaba en ellas.
Cada recuerdo parecía convertirse en una nueva vuelta de la cuerda.
—Entonces fui yo quien hizo esto.
La serpiente inclinó la cabeza.
—No exactamente.
—¿Qué quieres decir?
—Tú hiciste los nudos, pero fueron tus miedos quienes eligieron la forma.
Darien permaneció en silencio.
La serpiente se deslizó alrededor de sus piernas.
—Puedes seguir luchando contra la cuerda.
—¿Y qué ocurrirá?
—Se hará más fuerte.
—Entonces, ¿cómo la rompo?
La serpiente levantó la cabeza.
—Deja de tirar.
Darien cerró los ojos.
Relajó las manos.
La cuerda perdió tensión.
Una vuelta cayó al suelo.
Después otra.
Darien recordó una decisión que había tomado por miedo y aceptó que ya no quería seguir viviendo de aquella manera.
La cuerda volvió a aflojarse.
Recordó a una persona a quien había intentado complacer durante años y comprendió que su vida no podía pertenecerle a nadie más.
Otra vuelta cayó.
Recordó todos los momentos en los que había dicho “sí” cuando en realidad quería decir “no”.
Otra parte del nudo desapareció.
Finalmente quedó una sola vuelta alrededor de sus muñecas.
Darien la observó.
—¿Qué representa esta?
La serpiente respondió:
—El miedo a descubrir quién serás cuando ya nadie pueda decirte quién debes ser.
Darien respiró profundamente.
—Entonces tendré que descubrirlo.
La cuerda cayó.
Sus manos quedaron libres.
La serpiente comenzó a alejarse.
Darien la siguió con la mirada.
—Espera.
La criatura se detuvo.
—¿Por qué eres roja?
La serpiente volvió lentamente la cabeza.
—Porque el rojo representa aquello que todavía tiene vida.
Darien observó el hilo que permanecía alrededor del cuerpo de la criatura.
—¿Y ese nudo?
La serpiente respondió:
—Mi propio recuerdo.
—¿Tú también estás atada?
La criatura guardó silencio.
Darien comprendió que incluso aquella criatura que parecía conocer todos los secretos de la libertad llevaba su propia cadena. La serpiente comenzó a deslizarse hacia la oscuridad.
Pero antes de desaparecer dijo:
—Nadie nace completamente libre.
Darien la miró.
—Entonces, ¿qué significa ser libre?
La serpiente levantó la cabeza una última vez.
—Elegir qué cadenas ya no estás dispuesto a seguir llamando destino.
Después desapareció.
Desde aquella noche, Darien comenzó a recorrer el reino.
Ya no buscaba puertas sin cerraduras.
Buscaba personas que llevaban demasiado tiempo intentando romper sus propias cadenas.
Y cada vez que encontraba a alguien atrapado, no cortaba la cuerda.
Solo preguntaba:
—¿Quién hizo el nudo?
Porque había comprendido el secreto de la serpiente roja.
Algunas cadenas no desaparecen cuando las fuerzas. Desaparecen cuando finalmente descubres por qué decidiste sostenerlas.