
Por: Yolanda Buitrón.
¿Y ELLAS DÓNDE ESTÁN?
El nuevo modelo del fútbol mexicano vuelve a dejarnos una pregunta sobre el femenil
Esta semana la Federación Mexicana de Futbol presentó un nuevo modelo deportivo.
Una nueva pirámide.
Una reorganización que habla de Liga de Expansión, Liga Premier, Liga TDP y Sector Amateur.
Se habla de desarrollo.
De infraestructura.
De estabilidad económica.
De derechos de televisión.
De nuevas competencias.
De cómo construir el fútbol mexicano de los próximos años.
Y mientras escuchaba todo aquello hubo una pregunta que no pude quitarme de la cabeza:
¿Y las mujeres dónde están?
No porque en México no exista fútbol femenil.
Existe.
Tenemos una Liga MX Femenil que ha crecido extraordinariamente desde 2017.
Tenemos fuerzas básicas.
Tenemos miles de niñas jugando.
Tenemos futbolistas extranjeras llegando a nuestro campeonato.
Tenemos selecciones nacionales.
Tenemos estadios donde las mujeres han demostrado que también pueden convocar multitudes.
Precisamente por eso sorprende que cuando presentamos la gran estructura del fútbol mexicano sigamos hablando principalmente desde una lógica masculina.
UNA PIRÁMIDE NECESITA BASE
La palabra utilizada es interesante:
Pirámide.
Pero una pirámide funciona porque existe una base suficientemente amplia para sostener lo que está arriba.
En el fútbol varonil se habla de Sector Amateur, TDP, Premier, Expansión y finalmente Primera División.
Entonces yo quiero hacer una pregunta muy sencilla:
¿Cuál es la pirámide equivalente para una niña mexicana?
Una niña comienza jugando en su colonia.
Después entra a una escuela.
Quizá encuentra una liga.
Tal vez consigue llegar a una academia.
Después intenta una visoría.
Y si tiene talento, recursos, posibilidades y además alguien logra verla, quizá pueda acercarse a una estructura profesional.
Pero el camino todavía tiene demasiados huecos.
Lo hemos dicho antes en esta columna:
México tiene talento.
El problema muchas veces es conseguir que ese talento encuentre el camino.
NO BASTA CON TENER PRIMERA DIVISIÓN
La Liga MX Femenil ha sido probablemente una de las transformaciones deportivas más importantes de México en los últimos años.
Pero una Primera División fuerte necesita algo debajo.
Necesitamos más competencia femenil organizada.
Más equipos.
Más categorías.
Más entrenadoras.
Más visores.
Más oportunidades regionales.
Y, sobre todo, un camino perfectamente identificable desde el fútbol amateur hasta el profesionalismo.
Porque hoy podemos decirle a una niña:
“Puedes convertirte en futbolista profesional”.
Eso ya representa un cambio enorme respecto a generaciones anteriores.
Pero ahora debemos poder explicarle también cómo llegar.
EL MAPA NO ES IGUAL PARA TODOS
Hace unos días escribíamos sobre el talento que nunca vimos.
Esta conversación está directamente relacionada.
¿Qué ocurre con una futbolista extraordinaria que nace en una ciudad donde no existe un equipo profesional femenil?
¿Qué sucede con la niña cuyo estado tiene TDP y otros proyectos varoniles, pero ninguna estructura equivalente para ella?
¿Quién la detecta?
¿Dónde compite?
¿Quién da seguimiento a su desarrollo?
¿Tiene que abandonar su ciudad siendo adolescente para perseguir una oportunidad?
No podemos construir el futuro del fútbol femenil dependiendo exclusivamente de que las familias encuentren por sí mismas el camino.
El sistema debe construir ese camino.
Y TAMBIÉN ESTÁ EL DINERO
Hay otra pregunta de la que casi nunca queremos hablar.
¿Quién paga todo esto?
Porque formar futbolistas cuesta.
Uniformes.
Entrenadores.
Canchas.
Viajes.
Hospedaje.
Torneos.
Alimentación.
Preparación física.
Atención médica.
Durante años una enorme parte de esa carga ha terminado en los bolsillos de las familias.
Padres y madres financiando el sueño.
Y eso genera otra desigualdad.
Porque entonces no siempre llega quien tiene más talento.
A veces llega quien pudo sostener económicamente el camino.
Si realmente queremos una nueva estructura deportiva, también debemos preguntarnos cuál será el modelo económico que permita desarrollar fútbol femenil desde abajo sin convertir a las familias en su principal fuente de financiamiento.
NO QUEREMOS UN ANEXO
Y aquí está para mí el punto central.
El fútbol femenil no debería aparecer después.
No debería construirse una gran estrategia nacional y posteriormente agregar:
“También tenemos mujeres”.
Debe formar parte de la conversación desde el principio.
Cuando hablamos de infraestructura, ellas.
Cuando hablamos de formación, ellas.
Cuando hablamos de entrenadores, ellas.
Cuando hablamos de competencias, ellas.
Cuando hablamos de desarrollo regional, ellas.
Cuando hablamos de inversión, también ellas.
Porque si estamos diseñando el fútbol mexicano del futuro, entonces estamos diseñando también su fútbol femenil.
O deberíamos estar haciéndolo.
UNA OPORTUNIDAD EXTRAORDINARIA
No escribo esto únicamente como crítica.
También veo una enorme oportunidad.
México ya construyó la parte más difícil: demostrar que existe interés por el fútbol femenil.
Las niñas quieren jugar.
Las familias están involucradas.
Los clubes han descubierto su potencial.
La afición responde.
Ahora necesitamos profundizar la estructura.
Imaginen una verdadera pirámide femenil donde una niña pueda comenzar en una competencia municipal, avanzar hacia estructuras regionales, llegar a categorías nacionales y finalmente tocar la puerta de un club profesional.
Sin importar si nació en Monterrey, Veracruz, Oaxaca o cualquier otro rincón del país.
Eso sí sería transformar nuestro fútbol.
¿Y ELLAS DÓNDE ESTÁN?
Quizá la pregunta parezca incómoda.
Debe serlo.
Porque durante demasiado tiempo el fútbol femenino tuvo que adaptarse a estructuras pensadas para otros.
Hoy tenemos la oportunidad de hacer algo diferente.
Si realmente vamos a rediseñar el fútbol mexicano, hagámoslo completo.
No construyamos primero la pirámide y después busquemos dónde acomodar a las mujeres.
Construyámosla pensando también en ellas.
Porque una niña que hoy patea un balón en una cancha amateur no debería preguntarse si existe un lugar para ella dentro del fútbol mexicano.
Debería poder mirar hacia arriba y ver claramente cada escalón.
Una verdadera pirámide no se mide solamente por lo alto que llega.
Se mide por cuántas personas pueden comenzar a subirla.
Y mientras hablamos del futuro del fútbol mexicano, yo seguiré haciendo la misma pregunta:
¿Y ellas dónde están?
Porque ellas no son el futuro de otro fútbol.
También son el futuro del nuestro.
Y esa, también, es La Otra Mitad de la Cancha.