
gilberto haaz
EL GRAN MONSIVÁIS
Carlos Monsiváis fue un gran escritor de su tiempo.
De los que cultivó muchos amigos, no sólo entre la gente intelectual como él, sino entre gente del pueblo.
Muchos ahora le recuerdan con sus anécdotas.
La crónica del periodista Miguel Reyes Razo, de la cadena OEM, inigualable, con la pluma mágica para despedir a un grande.
El dicho de la Poniatowska: "¿Qué vamos a hacer sin ti, Monsi?, "¿Qué va a hacer México sin ti?", se preguntaba la afamada escritora.
Reyes Razo da pormenores de los comentarios y despedida en la capilla fúnebre armada en Bellas Artes.
Digno de leerse.
Hoy, muchos escriben del cómo y cuándo lo conocieron y dónde abrevaron su sapiencia.
Debo decir a mis 70 lectores que una vez le vi.
No tuve la suerte de platicar con él ni nada parecido, como me ha ocurrido con otros de los grandes de las letras.
Fue en el DF, la ciudad que tanto amó y escribió.
AQUELLA ANÉCDOTA
Entraba a un Sanborns, de esos del milloneta Slim, y cuando abría la puerta él traspasaba ese umbral.
Al verlo con su vestimenta acostumbrada, medio desparpajado (me late que odiaba los trajes ceremoniosos), pelo alborotado como director de sinfónica, su chamarra típica vaquera de Jeans y sus zapatos de hule de goma, yo iba acompañado de dos de mis hijas, que eran pequeñas, y ellas no tenían más ídolo que Luis Miguel, el cantante.
Al verlo, le extendí la mano y le dije: "Maestro Monsiváis, qué gusto saludarlo".
Hizo lo mismo, extendió su mano y apretó la mía y algo dijo, aunque él jamás sabría a quién saludaba.
Cosas de la fama.
Una de mis hijas menor, me dijo: "Ay pa', qué naco te viste".
Pero tuve suerte ese día, con escasas cinco palabras demostrarle la admiración que se tiene cuando se lee su obra y trabajo.
Porque Borges decía que uno no es lo que es por lo que escribe, si no por lo que ha leído.
Ahora se leerá mucho más a Monsiváis, las estanterías de las tiendas de libros ya exhiben sus obras.
Lo conocerán quizá esos jóvenes de nueva generación.
Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo, dijo otro inmortal, Julio Cortázar.
ESO TE VA A CURAR
Hace algunos años, en los paraolímpicos infantiles de Seattle, nueve concursantes, todos con alguna discapacidad física o mental, se reunieron en la línea de salida para correr los 100 metros planos.
Al sonido del disparo todos salieron con gran entusiasmo de participar en la carrera, llegar a la meta y ganar.
Todos, es decir, menos uno, que tropezó en el asfalto, dio dos maromas y empezó a llorar.
Los otros ocho oyeron al niño llorar, disminuyeron la velocidad y voltearon hacia atrás.
Todos dieron la vuelta y regresaron, todos.
Una niña con Síndrome de Down se agachó, le dio un beso en la herida y le dijo "Eso te lo va a curar".
Entonces, los nueve se agarraron de las manos y juntos caminaron hasta la meta.