TEHERAN. (Agencias).- Irán ha confirmado el envío de varios submarinos enanos clase Ghadir al estrecho de Ormuz en plena escalada de tensión con las potencias occidentales.
El movimiento coincide con las conversaciones abiertas entre Francia y Reino Unido para reforzar su presencia militar en Oriente Medio junto a Estados Unidos.
Teherán pretende demostrar que mantiene capacidad operativa para responder a cualquier incremento de actividad naval extranjera en una de las rutas marítimas más sensibles del planeta.
Las unidades desplegadas pertenecen a la clase Ghadir, una familia de submarinos de pequeño tamaño diseñada para operar en aguas poco profundas del golfo Pérsico.
Estos sumergibles forman parte de la estrategia iraní de guerra asimétrica y están preparados para ejecutar misiones de vigilancia, infiltración y ataque rápido.
Su reducido tamaño dificulta la detección y convierte al estrecho de Ormuz en un entorno especialmente favorable para este tipo de operaciones navales.
El comandante de la Armada iraní, el contraalmirante Shahram Irani, ha asegurado en las últimas horas que los submarinos ya participan en tareas de patrulla y control marítimo.
Las autoridades iraníes sostienen que el objetivo es garantizar la seguridad nacional y proteger las aguas territoriales frente a posibles amenazas externas.
Sin embargo, la maniobra se interpreta también como un mensaje directo a las fuerzas occidentales que estudian reforzar su presencia militar en la región durante las próximas semanas.
Francia y Reino Unido mantienen contactos con Estados Unidos para coordinar posibles operaciones navales de vigilancia y protección de rutas comerciales en Oriente Medio.
El temor occidental se centra en un eventual cierre parcial del estrecho de Ormuz o en ataques contra buques mercantes.
Por este corredor marítimo transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, lo que convierte cualquier incidente en un riesgo inmediato para los mercados energéticos internacionales.
Los submarinos Ghadir están concebidos para actuar en escenarios donde Irán no puede competir de igual a igual con las grandes flotas occidentales.
Teherán combina estas plataformas con minas navales, drones y misiles antibuque dentro de una estrategia orientada a saturar y desgastar a fuerzas tecnológicamente superiores.
Analistas militares consideran que esta táctica busca elevar el coste operativo de cualquier intervención extranjera en el golfo Pérsico y dificultar las maniobras de las armadas aliadas.