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LA OTRA MITAD DE LA MANCHA | ¿Y SI EL VERDADERO RIVAL NUNCA HA ESTADO ENFRENTE? - Hay una idea que me ha dado vueltas en la cabeza durante varios días -Cada vez que México queda eliminado de un torneo, buscamos culpables -Que si el arbitraje -Que…

Hay una idea que me ha dado vueltas en la cabeza durante varios días -Cada vez que México queda eliminado de un torneo, buscamos culpables -Que si el arbitraje -Que si el entrenador -Que si la falta de apoyo -Que si la preparación física...

Por Yolanda Buitrón

¿Y si el verdadero rival nunca ha estado enfrente?

Hay una idea que me ha dado vueltas en la cabeza durante varios días.

Cada vez que México queda eliminado de un torneo, buscamos culpables.

Que si el arbitraje.

Que si el entrenador.

Que si la falta de apoyo.

Que si la preparación física.

Siempre encontramos a alguien. Pero...

¿Y si nuestro verdadero rival nunca ha estado enfrente?
¿Y si el equipo al que más trabajo nos cuesta vencer somos nosotros mismos?

Porque mientras otros países invierten durante años en formar futbolistas, nosotros seguimos obsesionados con el resultado del próximo domingo.
Mientras otros enseñan primero la técnica, nosotros enseñamos primero a ganar.
Mientras otros construyen proyectos de diez o quince años, nosotros queremos resolver todo en un torneo corto.
Y entonces llegan los Mundiales.
Nos sorprende que España juegue mejor.
Que Inglaterra tenga más variantes.
Que Canadá compita con personalidad.
Que Estados Unidos mantenga una identidad.
Que Alemania nunca deje de ser protagonista.
Pero la realidad es que esos partidos comenzaron hace muchos años.
No el día del sorteo.
No el día del debut.
Comenzaron cuando decidieron que el fútbol era un proyecto de país y no solamente una competencia de fin de semana.
Yo no creo que a México le falte talento.
Jamás lo he creído.
Creo que nos falta paciencia para construir.
Nos falta creer en los procesos.
Nos falta dejar de improvisar.
Y, sobre todo, nos falta entender que el éxito no nace cuando una futbolista llega a Primera División.
Nace cuando una niña descubre que tocar correctamente un balón puede cambiarle la vida.
Quizá por eso cada vez estoy más convencida de que el futuro del fútbol femenil mexicano no depende únicamente de las jugadoras.
Depende de quienes toman decisiones.
De quienes forman entrenadores.
De quienes diseñan metodologías.
De quienes deciden invertir en las fuerzas básicas.
Porque un campeonato del mundo no comienza levantando una copa.
Comienza cuando alguien decide enseñar bien el primer pase.
Tal vez ahí esté la verdadera diferencia entre las potencias y nosotros.
No en el talento.
Sino en la forma de construirlo.
Y esa, desde mi manera de entender el fútbol, es la conversación que deberíamos estar teniendo.

Porque quizá el rival más difícil de vencer nunca ha usado otro uniforme.

Ha sido nuestra costumbre de creer que todo puede resolverse mañana, cuando el fútbol, como la vida, se construye pensando en muchos años adelante.

Y esa también es la otra mitad de la cancha.