DAVID MANUEL MARTÍNEZ PÉREZ
Psicoterapeuta Clínico Certificado en Hellinger Sciencia ®
MISION ESPECIAL
“PERCIBIENDO EL OTRO LADO DE LA REALIDAD”
La idea de que viniste al mundo con una “misión especial” es, probablemente, la forma más sofisticada de tortura psicológica que hemos inventado.
Nos pasamos décadas buscando un propósito trascendental bajo las piedras, creyendo que si no encontramos esa gran tarea, nuestra existencia es un desperdicio de oxígeno.
Esta búsqueda incansable no nace de la espiritualidad, sino de un ego herido que no soporta la idea de su propia irrelevancia.
Nos han enseñado a despreciar la vida simple, convirtiendo el presente en un trámite molesto hacia un destino grandioso que siempre está a la vuelta de la esquina, pero que nunca termina de llegar.
El mercado del crecimiento personal se alimenta de tu sensación de insuficiencia.
Nos venden “propósitos” como quien vende accesorios de lujo, haciéndote creer que la plenitud es un trofeo que se gana al final de una carrera de obstáculos espirituales.
Pero la realidad es mucho más cínica y liberadora: el universo no te ha pedido que seas nada, ni que salves a nadie, ni que alcances una versión “superior” de ti mismo.
La presión por ser extraordinario es el ruido que te impide escuchar la música de lo que ya eres.
Estamos tan ocupados intentando justificar nuestra existencia que nos olvidamos de ejercerla.
Hay una libertad aterradora en aceptar que no eres necesario para el funcionamiento del cosmos.
Cuando sueltas la carga de tener que dejar una huella imborrable, el peso en tus hombros se disuelve.
La obsesión por el legado es solo miedo a la muerte disfrazado de ambición.
Queremos ser recordados porque nos aterra la idea de que el mundo seguirá girando exactamente igual cuando ya no estemos.
Sin embargo, es precisamente en esa intrascendencia donde reside la verdadera paz: si nada de lo que haces tiene un peso cósmico definitivo, entonces eres libre de jugar, de equivocarte y de vivir sin el látigo de la autoexigencia.
La verdadera realización no es encontrar un “qué”, sino recuperar el “cómo”.
No se trata de la meta que persigues, sino de la calidad de la conciencia con la que caminas.
Hemos convertido la espiritualidad en una lista de tareas pendientes: meditar, visualizar, sanar, encontrar el propósito.
Todo eso son solo nuevas formas de esclavitud si se hacen con el fin de llegar a algún lado.
La vida no es un problema que deba ser resuelto mediante un plan maestro, es una experiencia cruda que se agota en sí misma.
El pájaro no vuela para cumplir una misión; vuela porque es su naturaleza, y eso es suficiente.
Deja de buscar tu propósito y empieza a buscar tu presencia.
La paradoja es que, cuando dejas de intentar ser alguien importante, empiezas a ser alguien real.
La realidad no necesita tus grandes planes, necesita tu atención.
Al rendirte ante la aparente falta de sentido de la existencia, descubres que el sentido no es algo que se encuentra afuera, sino algo que emana de ti cuando dejas de luchar contra lo que es.
Eres un accidente biológico consciente en un universo infinito; no trates de convertir ese milagro en una oficina de proyectos.
Simplemente, respira y deja de pedirte perdón por no ser alguien especial.
“Es mejor ser real y no encajar,
que encajar siendo
alguien quien no eres...”
—————————————
¿SABES QUIÉN ES EL HOMBRE MÁS PELIGROSO?
El que cree estar haciendo el bien. El convencido, el fanático, el seguidor ciego.
El que jamás pone en la lupa del cuestionamiento sus ideas.
Es el devoto, el que se ha casado con absurdos y es imposible sacarlo de esa necedad.
Si lo pusiéramos en un detector de mentiras, seguro lo pasaría, por que está convencido de sus estupideces y dogmas.
Es aquel que incluso al leer u oír esto, está convencido de que hablan de “los otros” “los del otro color” “los del otro equipo”
Es un pobre y pequeño animal intelectual equivocadamente llamado hombre que vive creyendo que la vida es “nosotros contra ellos” su EGO, escaso criterio, sus pobres valores, le impiden ver la verdad y la realidad.
Su baja autoestima le obliga a buscarse siempre un colectivo, un lugar donde pueda sentirse bien señalando lo que cree que los otros están haciendo mal.
Aunque se perciba como alguien de “mente abierta” “libre pensador” en realidad es un pobre diablo cuyos pensamientos están atados inexorablemente a lo que dice aquel a quien admira, repite sus arengas, sus cánticos, sus frases, porque no tiene ideas propias.
Es peligroso porque se mueve constantemente en una chusma linchadora, en una nueva inquisición de gentuza que puede destruir carreras de artistas o votar por mandatarios.
El hombre de bien debe cuestionarse todo, debe desconfiar de cualquiera que le diga:
“Esta es la verdad” pues él tiene la responsabilidad de buscar la verdad dentro de sí mismo, de ser objetivo.
El hombre bueno es a menudo atacado por el fanático, porque constantemente cuestiona dogmas, personajes, ideas que deben estar en el cuestionamiento más rudo porque se trata de nuestra propia vida, de nuestra libertad.
El hombre de bien sabe que entre más sagrado parezca algo para la chusma, más debe ser puesto en cuestionamiento, más se debe desconfiar de ello.
El hombre de bien jamás estará satisfecho con la verdad que le imponen otros fanáticos.
Desconfía profundamente del pobre diablo que se enoja contigo por no aceptar su verdad.
Pero huye a toda prisa del devoto convencido que te señalaría para un pelotón de fusilamiento si cree que amenazas sus absurdas ideas y su estúpida ideología.
“Es más peligroso un ignorante, que un criminal”
——————————————