DAVID MANUEL MARTÍNEZ PÉREZ
Psicoterapeuta Clínico Certificado en Hellinger Sciencia ®
“PERCIBIENDO EL OTRO LADO DE LA REALIDAD”
LA PURGA DOMINICAL
Uno de los mensajes más silenciosos y al mismo tiempo más contundentes de es que el alma está en movimiento constante.
No fue creada para permanecer inmóvil.
No fue hecha para instalarse cómodamente en una identidad fija ni para repetir indefinidamente las mismas formas de pensar, sentir y vivir.
El alma busca expansión, profundidad y transformación.
Y cuando ese movimiento se detiene, algo dentro de nosotros comienza lentamente a apagarse.
Una de las grandes tragedias humanas consiste en aferrarse demasiado tiempo a una versión de uno mismo que alguna vez fue necesaria, pero que ya ha cumplido su función.
Lo que en una etapa fue crecimiento, en otra puede convertirse en prisión.
Lo que antes nos protegía, más tarde puede limitarnos.
Sin embargo, el ego suele resistirse a este hecho porque encuentra seguridad en lo conocido, incluso cuando lo conocido ya no tiene vida.
El alma siempre intenta avanzar hacia territorios nuevos.
Por eso aparecen sueños inquietantes, crisis inesperadas y sentimientos de insatisfacción que no parecen tener una causa evidente.
Muchas veces creemos que algo está mal porque sentimos incomodidad.
Pero desde esa incomodidad puede ser precisamente la señal de que la psique está intentando crecer más allá de los límites actuales.
La repetición es una de las formas en que el alma nos muestra que hemos dejado de evolucionar.
Repetimos las mismas relaciones, los mismos conflictos, los mismos miedos y las mismas respuestas.
Cambian las circunstancias, cambian los nombres y cambian los escenarios, pero la estructura profunda permanece idéntica.
Y mientras no tomemos conciencia de ello, la vida seguirá presentándonos las mismas lecciones bajo diferentes disfraces.
Por eso la individuación exige una disposición permanente al cambio.
No se trata de cambiar por cambiar ni de perseguir novedades constantemente.
Se trata de permanecer abiertos a la transformación que el alma necesita en cada etapa de la vida.
Significa aceptar que aquello que ayer era verdad para nosotros puede resultar insuficiente hoy.
Jung entendió que el crecimiento psicológico no termina nunca.
Siempre existe una nueva profundidad por descubrir, una sombra por integrar, una visión más amplia de uno mismo por alcanzar.
El alma no quiere que te conviertas en alguien diferente cada semana.
Quiere que sigas convirtiéndote en quien realmente eres.
Porque cuando dejamos de crecer interiormente, comenzamos a vivir en círculos.
Y lo que parece estabilidad muchas veces no es más que repetición disfrazada.
“Si quieres un nuevo resultado, tienes que abandonar el mal hábito de seguir enamorado de ser tú mismo”
——————————————
“EL DRAMA”
Hay personas que parecen imanes del drama.
Relaciones que siempre terminan en crisis, trabajos que siempre acaban en conflicto, situaciones que de alguna manera nunca terminan de estabilizarse.
Y lo llaman mala suerte.
Pero cuando el patrón se repite, la casualidad deja de ser la explicación.
Si creciste en un entorno caótico, el caos se convirtió en tu estado normal.
Y la estabilidad, paradójicamente, se siente amenazante porque no sabes qué hacer cuando no hay que apagar fuegos.
Tips:
— Observa si hay un patrón de autosabotaje justo cuando las cosas empiezan a ir bien.
— La calma no es peligrosa aunque tu sistema nervioso diga lo contrario.
Puedes aprender a tolerarla.
— Busca apoyo profesional si el caos es un patrón recurrente.
No porque estés roto, sino porque algunos patrones son difíciles de romper solos.
“Ser tú mismo no siempre
es un buen camino,
a veces el mejor camino
es dejar de ser tú
y mejorar la versión de ti mismo”
——————————————
TU MALA SUERTE
Hay personas que viven convencidas de que la vida las castiga.
Miran hacia atrás y ven relaciones que terminaron mal, amistades que decepcionaron, oportunidades perdidas y conflictos que parecen repetirse con distintos nombres y distintos rostros.
Y entonces concluyen que tienen mala suerte.
Pero la psicología profunda plantea una pregunta mucho más incómoda:
¿Y si el problema no fuera lo que te ocurre, sino desde dónde eliges?
Porque la mayoría de nuestras decisiones importantes no nacen de la parte más consciente de nosotros mismos.
Nacen de heridas antiguas, de necesidades no resueltas, de miedos que ni siquiera sabemos que tenemos.
El ser humano cree que busca amor, pero muchas veces busca familiaridad.
Cree que busca paz, pero se siente extrañamente atraído por aquello que le resulta conocido, incluso cuando ese conocido le hace daño.
Por eso algunas personas se enamoran repetidamente de quienes no están disponibles emocionalmente.
Otras terminan rodeadas de gente que las utiliza.
Otras vuelven una y otra vez a situaciones donde no son valoradas.
No es porque quieran sufrir.
Es porque una parte inconsciente de ellas sigue intentando resolver una historia antigua utilizando actores nuevos.
La herida busca reparación.
Pero cuando no es consciente, la reparación se convierte en repetición.
Y entonces la vida empieza a parecer una colección de casualidades desafortunadas, cuando en realidad es un patrón psicológico que se reproduce una y otra vez.
Lo más difícil de aceptar es que aquello que más te duele también puede ser aquello que más te atrae.
No porque sea bueno para ti, sino porque conecta con algo profundamente arraigado en tu historia emocional.
Por eso el crecimiento no consiste solamente en cambiar de personas, de trabajo o de circunstancias.
Consiste en cambiar el lugar interior desde el que eliges.
Porque mientras la herida siga tomando decisiones, seguirá encontrando escenarios donde pueda revivir su propia historia.
Y entonces no importa cuántas veces cambies de camino.
Acabarás llegando al mismo lugar, hasta que te atrevas a mirar lo que realmente te está guiando desde dentro.
“Si no sacas a la luz tu
lado obscuro del inconsciente,
se convertirá en lo
que tu llamarás destino”
——————————————