*México se quedó en la raya
*Y le dice adiós al Mundial
De nuestros enviados
CIUDAD DE MÉXICO.- No hubo hazaña ni triunfo histórico: la Selección Mexicana se despidió de la Copa del Mundo.

El Tri ilusionó, emocionó y, con más ímpetu que futbol, luchó hasta el final, pero murió en la raya, superado 3-2 por Inglaterra en los Octavos de Final, en el duelo que cerró la actividad mundialista en el País.
El equipo de Javier Aguirre jugó con un hombre más desde el minuto 54 y se dejó la piel en la cancha del Estadio Ciudad de México, pero en cierres de partido así, de alta tensión y con la adrenalina a tope, la calidad marca la diferencia.
Vencer a la poderosa Selección de los Tres Leones, la plantilla de los mil 549 millones de dólares de valor de mercado, era un escenario muy optimista, pero este Mundial se ha nutrido de batacazos.
Además, al futbol mexicano nunca le faltan motivos para soñar.
Solo que la derrota cala hondo porque, siguiendo el consejo de Raúl Jiménez, el Tri no se sintió menos que su rival.
En un primer tiempo de mucha disputa, los de casa tuvieron más posesión, pero carecieron de efectividad.
Dos pestañeos locales y dos estocadas en contra, porque la jerarquía no perdona, cortesía de Jude Bellingham.

Al 36', Jesús Gallardo dio facilidades para el desborde de Bukayo Saka, quien mandó un servicio a segundo poste que el volante del Real Madrid conectó tras anticipar a Jorge Sánchez.
El duelo apenas se reanudaba cuando Gil Mora perdió el balón en la salida con Anthony Gordon; la acción terminó en la segunda diana de Jude, previa pared con Harry Kane, al 38'.
Vaya momento para ver la mejor versión de Jordan Pickford ante Raúl, a quien le tapó dos remates de cabeza, aunque el arquero nada pudo hacer ante el disparo de Julián Quiñones, el que revivió a México al 41'.
El drama aumentó en el complemento con dos penales, uno por bando.
Raúl Rangel derribó a Gordon y Kane no falló desde el manchón, al 60'.
Pero el capitán inglés devolvió el favor con una falta sobre Brian Gutiérrez; Jiménez, el especialista, tampoco erró desde, en el 69'.
El guión estaba escrito para los últimos minutos: un equipo volcado al frente y otro completamente replegado.
Sin claridad, el Tri acumuló gente en el área rival mientras la muralla inglesa resistió.
En los instantes finales, de puro nerviosismo, centímetros fueron la diferencia para un autogol inglés.
Al silbatazo final no le siguió el anhelado festejo, sino los rostros de frustración y las lágrimas de un estadio y de todo un País que se quedó a la orilla del sexto partido.
El Tri llegará a 40 años sin pisar unos Cuartos de Final de Copa del Mundo... y contando.
Bendita localía que puso a soñar a México entero con ser parte de los ocho mejores del planeta, pero esta vez, la historia fue diferente a la de 1970 y 1986.