*“El silencio ante la inseguridad y la violencia es traición el evangelio”
*Eso dijo la CEM
Por Noemí Valdez
Reportera de Notiver
El silencio frente a la inseguridad y la violencia que golpea a México no es una opción neutral, sino una “traición al Evangelio”.
Así lo señaló la Conferencia del Episcopado Mexicano al concluir su reciente asamblea plenaria donde los obispos advirtieron que un país que normaliza la muerte termina por perder su propia esencia, ya que la violencia no se limita a destruir la integridad física de las personas, sino que actúa como un ácido que corrompe la esperanza colectiva y deshumaniza a la sociedad.
Para la Iglesia, la construcción de la paz es una tarea que trasciende los discursos políticos y el uso de la fuerza.
En su mensaje, firmado por Monseñor Ramón Castro Castro y Monseñor Héctor Mario Pérez Villareal, se enfatiza que la reconciliación requiere acciones concretas y una ética innegociable.
Esto implica denunciar las causas estructurales de la criminalidad y combatir activamente a quienes se enriquecen a costa del sufrimiento ajeno, exigiendo una responsabilidad compartida donde tanto las autoridades como la sociedad civil asuman su papel en la creación de una historia más justa para las futuras generaciones.
Este llamado nacional se entrelaza con una preocupación global por la insensibilidad y la guerra.
Retomando las palabras del Papa, los obispos mexicanos exigieron el fin de la “idolatría del yo y del dinero”, señalando que la fraternidad debe ser la nueva frontera de la humanidad.
En un contexto internacional marcado por la fuerza bruta, la propuesta eclesial se centra en elevar la dignidad de la persona y fomentar una cultura del encuentro que permita superar los vacíos que hoy fragmentan a las comunidades.
Incluso la memoria histórica y los eventos masivos son vistos bajo esta lente de unidad.
Al recordar el centenario de los mártires de la Guerra Cristera, el episcopado aclaró que esta fecha no debe ser un motivo de división o conflicto, sino un memorial de gratitud que impulse a sanar las heridas actuales a través del mandamiento del amor.
Del mismo modo, señalaron que la próxima Copa del Mundo en 2026 debe ser aprovechada como una oportunidad para demostrar que la convivencia armónica es posible, transformando un evento deportivo en un signo de comunión entre los pueblos y de respeto a la diversidad de la familia humana.