LE PIDEN DE TODO
*A San Rafael Guízar y Valencia
*Peregrinos llegan de varios estados
Por Noemí Valdez
Reportera de Notiver
Desde las primeras horas del día del pasado viernes, la Catedral Metropolitana de Xalapa se convirtió en el escenario de una multitudinaria manifestación de fe.
Miles de peregrinos procedentes de diversos municipios de Veracruz y de entidades vecinas como Puebla, Tlaxcala y Oaxaca arribaron a la capital veracruzana para participar en las celebraciones en honor a San Rafael Guízar y Valencia, en una jornada especial que conmemora dos décadas de su canonización.
Para organizar el constante flujo de creyentes que acudieron a visitar el sepulcro del santo patrono, las autoridades eclesiásticas instalaron vallas de acceso en el recinto.
Entre filas de familias, ancianos y niños ataviados con vestimentas de obispo en honor al homenajeado, los feligreses avanzaron para presentar sus plegarias, encomendar favores y encender veladoras, siendo la salud y el trabajo las peticiones más recurrentes.
La devoción rebasó los muros del templo religioso y llenó de colorido la Plaza Lerdo mediante expresiones culturales tradicionales.
Entre ellas destacó la presentación de la Danza de los Pilatos, a cargo de un grupo de danzantes originarios de San Martín Chichiquila, Puebla, quienes escenificaron la lucha simbólica entre el bien y el mal —representada por los Ángeles y el bando de Pilato— previo a los actos litúrgicos principales.
En el ámbito religioso, la celebración contó con la participación de seminaristas de la Provincia Eclesiástica y fue enmarcadas por la misa matutina que presidió el arzobispo Jorge Carlos Patrón Wong.
Durante la homilía, el jerarca eclesiástico recordó que el santo fue un misionero entregado a Veracruz y exhortó a los asistentes a seguir su testimonio de caridad, viviendo con alegría y practicando el amor al prójimo en la vida cotidiana.
La festividad del obispo misionero, nacido en Michoacán en 1878 y fallecido en 1938, evoca una historia de arraigo popular que se consolidó tras el hallazgo de su cuerpo incorrupto 12 años después de su muerte.
Su canonización, proclamada en octubre de 2006 por el papa Benedicto XVI tras atribuírsele la curación milagrosa de un menor antes de nacer, mantiene viva una tradición que cada año moviliza a miles de devotos que acuden a venerar sus restos en la capital veracruzana.