
Por Andrés Timoteo
REGINA, OTRO AÑO
Para los que se duelen, el tiempo pasa diferente dicen muchos de los que han sido marcados por la tragedia, los sobrevivientes claro, y es muy difícil acostumbrarse al resultado y a la cotidianidad.
Y, a veces, el tiempo tampoco sana.
Las heridas siguen doliendo y, algunas veces, supurando.
Tal vez duelan un poco menos, tal vez a ratos, pero el dolor ahí está.
Así lo expusieron sobrevivientes y víctimas indirectas de crímenes de lesa humanidad en el marco del “Proyecto Colombia Nunca Más” que se integró desde 1995.
O, más simple y directo, como dice el poeta Emmanuel Zavala -es veracruzano, originario de Tempoal- “El tiempo no cura por sí solo, ni borra lo que está mal resuelto”.
Hoy martes se cumplen catorce años del asesinato de la periodista Regina Martínez y el suyo es un crimen que sigue doliendo porque está mal resuelto.
Impune, pues.
Uno de los sospechosos de haberlo ordenado ya falleció y, entonces, el consuelo podría ser que al menos ya rindió cuentas ante el Tribunal Divino.
El otro sigue ahí, un poco retirado de la política pero libre y disfrutando de lo mal habido.
De los dos supuestos asesinos materiales nada de sabe.
Uno nunca fue localizado y el otro estuvo preso un tiempo, pero siempre se supo que era un ‘chivo expiatorio’.
Dicen que ya salió libre y otros que ya falleció por una enfermedad crónica que padecía.
Y el gobernante estatal que supo, encubrió, ordenó enlodar la memoria de Regina y garantizó impunidad a sus asesinos está en la cárcel y ahí seguirá por un tiempo aunque por otro delito.
Eso también es una suerte de consuelo indirecto.
En el mismo gremio reporteril hubo quienes se cebaron contra Regina y a cambio de ‘chayotes’ se prestaron a difamarla como consta en sus declaraciones dentro del expediente judicial.
Uno de ellos ya también llegó al Tribunal Divino el pasado primero de marzo.
Ahora debe estar ardiendo al igual que el otro que fue juzgado en mayo pasado.
Empero, en el plano terrenal no hay justicia para Regina y su partida a destiempo, forzada y violenta nos sigue doliendo a todos los que la conocimos y fuimos sus amigos.
La pesadilla de aquel 2012 no se nos olvida ni el tiempo nos ha curado.
Y desde aquí lo reiteramos a grito de pulmón: ¡Justicia para Regina y castigo para sus asesinos! No se nos olvida, no han ganado esos que le apostaron al olvido.
MARÍA ELENA Y RAÚL
Tampoco se nos olvida y también nos sigue doliendo el homicidio de María Elena Ferral que el pasado 30 de marzo cumplió seis años de impunidad.
Su caso fue manoseado asquerosamente por el exgobernador morenista Cuitláhuac García y el que fue su secretario de Gobierno, Patrocinio Cisneros, para cobrar venganzas políticas.
Ya casi todos los detenidos por ese asesinato perpetrado en Papantla están libres o a un paso de ser liberados pues la Fiscalía a cargo de la tuxtleca Verónica Hernández, otra que sigue impune y gozando de lo mal habido, integró el expediente de tal forma -chueco y con vicios legales- para que nadie pagara por ese delito.
También el 8 de abril se cumplieron 21 años de aquella ‘ejecución’ que marcó el inicio a la ola de asesinatos contra periodistas veracruzanos.
Fue la del director del diario “La Opinión de Poza Rica”, Raúl Gibb, víctima de un ataque armado en el 2005.
Los sicarios le asestaron 15 balazos cuando se dirigía, a bordo de su vehículo, a su domicilio en Papantla.
Sucedió cuando gobernaba el innombrable en cuyo sexenio, como se dijo líneas arriba, iniciaron los homicidios en serie, muchos de ellos tolerados y hasta fomentados desde el poder, contra los comunicadores.
En la fidelidad mataron a cinco, en el duartismo a diecinueve, en el yunismo otros cinco, en el cuitlahuismo a ocho y ahora con el nahlismo van tres.
En total son 39 periodistas asesinados en Veracruz durante el último cuarto de siglo.
EVARISTO, 16 AÑOS
Desde entonces también once compañeros están desaparecidos, el penúltimo Miguel Ángel Castillo cuyo paradero se desconoce desde hace un año, ya en pleno sexenio nahlista.
El 19 de abril se cumplieron 16 años de la desaparición de Evaristo Ortega Zárate, originario de Colipa y fundador-director de los rotativos “Espacio” y “Diario de Misantla”.
Lo secuestraron policías estatales en Jalapa, solo alcanzó a enviar un mensaje de texto a sus familiares contando que lo subieron a una patrulla y lo llevaban rumbo al puerto de Veracruz y después ya no se supo de él.
El responsable de esa desaparición forzada cometida por la policía es el innombrable, al que ahora unos comedidos descocados le quieren hacer un homenaje pese a los crímenes que cometió, pero el tipo también ya arde tras ser juzgado por el Tribunal Divino.
Y desde el 20 de abril está desaparecida la comunicadora rioblanquese Karen Pateyro, directora del portal digital “Radio Veracruz”.
Para no variar la estrategia, nadie en la autoridad la busca.
En este contexto de periodistas muertos y desaparecidos, ¿dónde anda la diputada Bertha Ahued, presidenta de la comisión legislativa encargada de hablar por ellos? Ah sí, de ‘party’ y sonando las castañuelas en Sevilla.
¡Qué lloren en su casa!, ha de decir la fiestera señora.
*Envoyé depuis Paris, France.