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TEXTO IRREVERENTE | ES ÁNGELA VICTORIA - Si no fuera por el dictador Porfirio Díaz, los festejos de los tres mundiales que ha albergado México -1970, 1986 y 2026- no hubieran tenido un escenario tan ideal e imponente como la columna del Ángel de la…

Si no fuera por el dictador Porfirio Díaz, los festejos de los tres mundiales que ha albergado México -1970, 1986 y 2026- no hubieran tenido un escenario tan ideal e imponente como la columna del Ángel de la Independencia...

Por Andrés Timoteo

ES ÁNGELA VICTORIA

Si no fuera por el dictador Porfirio Díaz, los festejos de los tres mundiales que ha albergado México -1970, 1986 y 2026- no hubieran tenido un escenario tan ideal e imponente como la columna del Ángel de la Independencia.

En el actual torneo, las redes sociales y el flujo instantáneo y globalizado de información hacen que el monumento dé la mejor estampa en la copa futbolista.

Y lo ha hecho por encima de Estados Unidos y Canadá cuyas plazas escasamente se llenan para el festejo y por los migrantes latinoamericanos y los extranjeros que llegaron para ver la justa.

El fútbol es un deporte marginal para estadounidenses y canadienses, de ahí el desgano de la población nativa.

¿Donde festejan los vecinos del norte? Lo hacen, por lo regular, en las calles como la semana pasada en los alrededores de Manhattan, frente al Canyon of Heroes (Cañon de los Héroes), donde más de un millón se reunieron para festejar la victoria de los Knicks de Nueva York en la liga NBA.

Dicha multitud en la Gran Manzana fue mucho más cuantiosa que las realizadas en las sedes de los partidos del Mundial de Fútbol.

A los gringos les mueve más el baloncesto, el beisbol y el fútbol americano que el soccer.

Pero regresando a México, algunos comparan al Ángel de la Independencia con el Obelisco de Buenos Aires, ubicado en la capital argentina, que también es sede histórica para los festejos y protestas en aquel país sudamericano.

En términos de fiesta futbolera, tal vez el Obelisco de Buenos Aires se equipara un poco al monumento azteca ya que las avenidas que rodean la Plaza de la República se llegan a saturar y dan la estampa de la marabunta como en la avenida Reforma.

Pero no más.

Y para los que todavía no lo sepan, el Ángel de la Independencia de México es una dama, no un varón.

La misma escultura lo deja claro, representa a una mujer, concretamente a la diosa griega Niké.

Es Ángela, una niña pues, aunque como han dilucidado los historiadores, el machismo de la sociedad mexicana durante el siglo pasado le cambió el género para volverlo Ángel a clamor patriarcal.

En esa preconcepción sexista influyó la religión católico-cristiana pues ¿alguien ha visto o sabido de una mujer-ángel? Nadie y nunca.

Y UNA DIOSA ALADA

En el concepto artístico-escultórico es una Victoria Alada herencia de la cultura griego-helenística.

Fue Porfirio Díaz quien ordenó construirla y la inauguró en 1910 para festejar el primer centenario de la Independencia.

El dictador admiraba los monumentos franceses -de ahí su exilio en París donde murió y donde sus restos siguen reposando en el cementerio de Montparnasse-.

En sus visitas a la Ciudad Luz, Díaz se inspiró en dos esculturas para ordenar una obra parecida al escultor franco-italiano Enrique Alciati: La Columna de Julio y la Victoria de Samotracia.

El primero es casi similar.

La columna mexicana es literalmente una réplica de aquella que honra la Revolución de 1830 y que se ubica de Plaza de la Bastilla, el lugar en que siglos atrás estaba la armería donde inició la Revolución Francesa.

La Columna de Julio -por el mes de aquella revuelta- también es un mausoleo en cuyo interior reposan restos de algunos héroes combatientes igual que en la columna de Reforma.

No obstante, su estatua sí es un Ángel varón llamado ‘Le Génie de la Liberté’ o El Genio de la Libertad que porta una antorcha encendida en su mano derecha y una cadena rota en la izquierda.

Porfirio Díaz pidió coronar la columna mexicana con una Victoria Alada replica, como ya se dijo, de la Victoria de Samotracia, una hermosa escultura incompleta elaborada en mármol blanco que fue localizada en la isla griega del mismo nombre y que desde 1863 ocupa la escalinata principal del Museo de Louvre, en París.

LA OPERACIÓN JAROCHA

Los que hayan visitado Louvre habrán comprobado su majestuosidad -los vellos se erizan al toparse de frente con ella-.

La efigie mexicana tiene la misma posición, echada hacía adelante, y sus velos agitados por el viento solo que la Victoria de Samotracia carece de cabeza y brazos -¡y aún así es imponente!-.

Y sus pechos están cubiertos.

La nuestra tiene los senos desnudos, expuestos.

Vaya paradoja, viendo los pechos al aire y aún así los persignados le cambiaron el sexo por pura misoginia.

Al igual que el Genio de la Libertad también porta en su mano izquierda eslabones rotos aunque en la derecha sostiene una corona de laurel, no la antorcha encendida.

En resumen, es nuestra Ángela Victoria de la Independencia, un legado del porfiriato, resonancia de aquel arte escultórico de la antigua Grecia, emblema de las luchas libertarias y un altar donde los mexicanos loan masivamente su júbilo o su enojo.

En lo primero, hoy la fiesta mundialista exporta una poderosa imagen al resto del planeta.

Por cierto, la estatua original se cayó y rompió en el terremoto del 28 de julio de 1957.

Fue restaurada, en lo que se pudo, por el arquitecto José María Fernández.

No se salvó la cabeza y se sustituyó por otra.

Los maledicentes se mofarán que además del cambio de sexo -la “operación jarocha” invertida- también le hicieron una cirugía plástica facial completa.

*Envoyé depuis Paris, France.