
Por Andrés Timoteo
EN TRES ACTOS
Primer acto.
Miguel Ángel Anaya Castillo, periodista independiente y dueño del portal informativo “Pánuco On Line” incomoda al poder municipal por reportar los abusos de poder y andanas insanas del alcalde morenista -antes panista-, Oscar Guzmán de Paz.
El edil enfurece, aunque intenta coaccionar al reportero. Le ofrece meterlo a la nómina o darle sobres amarillos periódicamente.
Anaya lo rechaza y sigue documentando el mal gobierno.
Segundo acto. Los ‘Hombres G’ van por la retaliación.
Guzmán ordena al comandante de la policía municipal, Emmanuel Gallegos, escarmentar al periodista bocón.
Gallegos era su operador en asuntos oscuros y enlace con los personajes fuera de la ley.
El 13 de abril, un grupo de hombres armados -en Pánuco todos dicen que eran los policías de Gallegos sin el uniforme, vistiendo como civiles- secuestran a Miguel Ángel.
Sus familiares, amigos y colegas lo comienzan a buscar por cuenta propia porque la denuncia no se las quisieron recibir.
Hasta el 19 de abril -el domingo se cumplió un año- la Comisión Estatal de Búsqueda (CEB) que encabeza la fidelista Lutgarda Madrigal admitió el reporte y elaboró la ficha respectiva.
Pero los de la CEB nunca buscaron a Miguel Ángel. Y no se le ha vuelto a ver.
Tercer acto. La Fiscalía General de Justicia, antes con la tuxtleca Verónica Hernández y después con la porteña Aurelia Jiménez, tampoco autorizaron diligencias sobre el caso del periodista panuquense ni para buscarlo ni para investigar quién o quiénes lo sometieron a desaparición forzada.
Mucho menos indagaron al principal sospechoso de ese crimen de lesa humanidad, Guzmán ni a su comandante Gallegos.
Al contrario, la gobernante Rocío Nahle premió al ahora ex edil con un cargo en su gabinete, dentro de la estructura de la Secretaría de Educación, le permitió imponer a su esposa como síndica en el ayuntamiento de Pánuco como una suerte de alcaldesa de facto mientras que a la hija le dieron la diputación federal.
¿Cotos de poder político como galardón por callar a un reportero? Así se antoja y más porque la zacatecana detesta a la prensa crítica.
Entonces, ¿cómo se llamó la obra? La impunidad y el odio compartido contra los periodistas en tres actos.
Y hay más histriones en ese vodevil.
La paquidérmicas comisiones de Protección -risas- a Periodistas tanto la gubernamental y partidista que encabeza Horacio Barqueiro como la legislativa a cargo de la diputada Bertha Ahued que no han pronunciado una palabra a favor de Miguel Ángel Anaya Castillo ni para que lo busquen ni para que le alleguen justicia.
Son meros entes burocráticos y partidistas, no defensores ni representantes del gremio.
SE FREGÓ A NEWTON
La mentira como publicidad en su máximo exceso.
Cuando se amplió, en la década pasada, una parte del paseo del malecón en el puerto de Veracruz, que ahora llaman Macroplaza, fue planeada para tener una capacidad de 20 mil personas.
Luego, los ediles panistas elevaron la cifra a 30 y 50 mil espectadores.
En el 2025, los cálculos cibernéticos auxiliados con la Inteligencia Artificial indicaron que cabían 70 mil personas si cada una estuviera casi pegada a la otra, pero ahora en el nahlismo gobernante metieron el doble: 130 mil durante el concierto del ‘dj’ holandés Martin Garrix del fin de semana.
¿Cómo le hicieron?, ¿apilaron unas sobre otras? Eso fue magia pura o un nuevo hito en la física de la materia porque demolieron el Principio de la Impenetrabilidad postulado por Isaac Newton hace 300 años, el cual establece que “dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo”.
Aquí hay una injusticia.
¿Por qué a Rocío Nahle no le dan un premio como inventora como se lo dieron a su antecesor Cuitláhuac García? Lo de ella es más impresionante, se fregó a Newton. Más risas.
Y en ese embeleco del “récord de asistentes” cayó la prensa -tanto la obsequiosa como la incauta- que dio como real el dato ficticio.
LA GACETILLA MATA
En toda escuela de periodismo se enseña que en cuanto a cifras y cálculos se debe ser lo más riguroso posible.
En la Facico, por ejemplo, el extrañado maestro Ignacio Oropeza decía: “un reportero no puede informar que ‘se cayeron como seis o siete pilotes’...
¡No!, que vaya y los cuente para cumplir con su deber, de lo contrario falta a la ética periodística”.
Claro, los reporteros no iban a contar cada uno de los asistentes al concierto referido, pero sí es su deber ético considerar en sus reportes los parámetros establecidos sobre la capacidad del espacio, verificar y tamizar con el uso de las reglas científicas los números expuestos por el oficialismo y por lo menos dudar de las cifras ‘infladas’ para no transmitirlas como si fueran verdades absolutas.
Por eso, muchas ‘notas’ con las “130 mil personas” en la Macroplaza fueron desaciertos en algunos que hacen la tarea informativa y sirven para exponer vicios en el ejercicio reporteril.
Cuando los periodistas usan los comunicados oficiales como fuente única contribuyen al apagón informativo en agravio de la sociedad, acusan los expertos.
En dos frases: el boletín no es la palabra de Dios y la gacetilla mata la ética periodística.
*Envoyé depuis Paris, France.