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TEXTO IRREVERENTE | CRIMEN Y DAÑO - Ahora ya es casi una leyenda de terror con la diferencia de que los fantasmas son reales y siguen espantando y matando gente. Un 3 de mayo de hace 35 años -1991-, la explosión y posterior incendio en la…

Ahora ya es casi una leyenda de terror con la diferencia de que los fantasmas son reales y siguen espantando y matando gente. Un 3 de mayo de hace 35 años -1991-, la explosión y posterior incendio en la fábrica de fertilizantes y pesticidas...

Por Andrés Timoteo

CRIMEN Y DAÑO

Ahora ya es casi una leyenda de terror con la diferencia de que los fantasmas son reales y siguen espantando y matando gente.

Un 3 de mayo de hace 35 años -1991-, la explosión y posterior incendio en la fábrica de fertilizantes y pesticidas Agricultura Nacional de Veracruz S. A. (Anversa) levantó una enorme columna de humo verde por todo el sur de Córdoba.

Los que la vieron imaginaban una escena de película de ficción.

¿Dónde se había visto un humo de tal color? Los bomberos acudieron a sofocar el fuego y tras varias horas lo lograron.

No hubo víctimas mortales, se felicitaron.

Y de ahí todo pareció finalizado, pero nadie imaginó que el terror y la muerte apenas iban a comenzar.

Aquel humo verde tan divertido en realidad eran partículas químicas altamente tóxicas.

Estas se extendieron sobre al menos veinte colonias y contaminaron todo.

Las lluvias de junio colaboraron a lavarlas, pero no a eliminarlas sino que las esparcieron por los patios, el suelo de parques, caminos y jardines y, luego, escurrieron hasta las alcantarillas y el sistema de drenaje.

Así llegaron a los mantos freáticos o sea ríos y arroyos de la zona.

Estos ya estaban envenenados porque los bomberos no tenían preparación actualizada para atender una conflagración de este tipo y usaron agua en lugar de espumógeno globular -espuma química- para encapsular a las sustancias tóxicas tanto las primarias -las que ahí almacenaban para la elaboración de pesticidas y fertilizantes- como las formadas con la combustión que se llaman dioxinas y que son altamente cancerígenas además de tener una vida activa no menor a cien años.

Los chorros de agua ayudaron a dispersar las dioximas que escurrieron por las calles y llegaron al alcantarillado de los drenajes pluvial y sanitario.

Así penetraron hasta los mantos freáticos y las fuentes fluviales -ríos y arroyos-.

Y al pasar el tiempo se presentó el mal convertido en enfermedades y malformaciones congénitas.

No fue mucho el lapso, a mediados de 1993 se detectaron los primeros casos.

Comenzaron a nacer decenas de niños con espina dorsal bífida y anencefalia (sin masa cerebral) y estos murieron si no inmediatamente sí con el paso del tiempo.

Córdoba llegó a ser objeto de estudios internacionales porque tuvo la estadística más alta de nacimientos anencefálicos en el mundo.

Otros menores, no bebés, desarrollaron leucemia y los adultos diversos tipos de cáncer, los más abundantes fueron de cerebro, testículos, garganta, pulmones, ojos, riñón, hígado además de Linfoma de Hodgkin, aplasia medular y neuropatía lúpica (lupus).

Para el 2007, la Asociación de Enfermos de Anaversa había censado mil 500 defunciones, y otras 3 mil 500 personas padecían afecciones cancerígenas.

Para el 2010 el cálculo fue más de 5 mil defunciones, aunque se dejó de censar debido a la falta de recursos y apoyo institucional.

La Secretaría de Salud federal nunca atendió la petición de realizar un barrido epidemiológico para medir el grado de contaminación por dioxinas en los cordobeses.

Hoy, la estimación es que han muerto más de diez mil personas y muchas más desarrollarán diversos carcicomas en el futuro.

Niños que ni siquiera habían nacido en el 1991 o años y décadas posteriores y que ni siquiera han nacido ahora mismo enfermarán con el tiempo pues las dioxinas seguirán envenenando hasta el 2091.

La enfermedad y la muerte son los fantasmas letales que se pasean en Córdoba.

Pero hay otro ente maléfico: la impunidad.

A 35 años nadie ha sido castigado por ese desastre químico ni los propietarios de la fábrica ni los alcaldes y funcionarios públicos que los encubrieron y abandonaron a las víctimas.

Por eso, la Asociación de Enfermos de Anaversa en este 35 aniversario resumieron la tragedia en una frase: “¡Crimen impune y daño vigente!”

EL OTRO CÁNCER

Allá en Córdoba, la petición inmediata ya no es el castigo de los culpables y sus cómplices sino atender las secuelas, llevan casi una década gestionando un hospital de oncología para tratar a los colonos que desarrollan cáncer, aunque los políticos han bloqueado el proyecto todo ese tiempo.

El año pasado se logró lo que se creía imposible, por mandato presidencial se ordenó al IMSS construir una clínica especializada pero que hasta la fecha sigue sin materializarse porque el gobierno estatal y el ayuntamiento han puesto obstáculos.

Han negado recursos, permisos, cambio de uso de suelo y otros trámites.

Ahí se cala el “humanismo” que presumen los morenistas.

El anterior alcalde cordobés, Juan Martínez, es médico y ni así se compadeció de los enfermos.

Al contrario, se opuso al hospital por conveniencia personal pues éste le haría competencia a las clínicas privadas de su propiedad.

De 1991 a la fecha han pasado doce alcaldes y ninguno ayudó a las víctimas.

También ocho gobernadores y el único que hizo algo fue Dante Delgado quien integró un fideicomiso para apoyar a los enfermos por 100 millones de pesos, aunque ese dinero se lo robaron el alcalde panista Tomás Ríos y su síndico Gerardo Buganza en el periodo 1994-1997.

Los políticos indolentes y ladrones son el otro cáncer añadido a las toxinas de Anaversa.

*Envoyé depuis Paris, France.