
LOS SABUESOS TRAS ROCHA
Por Sergio González Levet
La solicitud de extradición de Rubén Rocha Moya y otros nueve cómplices de Sinaloa formulada por Estados Unidos al Gobierno de México, es una bomba que ha detonado en las más delicadas venas de la Cuarta Transformación.
Una vez recibida la petición en la Secretaría de Relaciones Exteriores, se echaron a andar todos los pretextos posibles para no entregar al Gobernador morenista, porque el hecho en sí destroza todos los argumentos que han enarbolado los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum en contra de las sospechas de que están vinculados con los cárteles mexicanos del narcotráfico.
El comunicado de la SER, lo dicho en la conferencia de prensa por el fiscal Ulises Lara López, las declaraciones de los coordinadores de la cámara de diputados y la de senadores, los gritos histéricos de Arturo Ávila y Gerardo Fernández Noroña, más el silencio sepulcral de la presidenta Claudia Sheinbaum, son prueba fehaciente de que el torpedo dio por debajo de la línea de flotación del morenismo.
Hasta el momento en que redacté estas líneas, el miércoles por la noche, la única línea de respuesta del Gobierno de la República ante la solicitud gringa era que se “tenían que aportar pruebas claras y verdaderas”, que es lo mismo que ha respondido la Presidenta ante cualquier revelación de alguno de los tantos delitos o corruptelas que han cometido los funcionarios designados y los representantes electos del régimen.
Lo que tiene temblando a todos los obradoristas es que en contra de Rocha Moya, del senador Enrique Inzunza Cázares, del alcalde de Culiacán Juan de Dios Gámez, del Fiscal General Adjunto Dámaso Castro Saavedra y de varios expolicías, es que la administración Trump puso en contra de ellos una batería de gran peso, en la que participa Jay Clayton, Fiscal de los Estados Unidos para el Distrito Sur de Nueva York, que ha llevado casos internacionales de alto perfil, como el enjuiciamiento de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, ni más ni menos.
Además, Clayton se ha enfocado en las investigaciones en contra de narco-políticos mexicanos.
La jueza federal que lleva el caso es Katherine Polk Failla, del Distrito Sur de Nueva York, que también tiene experiencia en casos de alto octanaje.
“Failla es conocida por ser una jueza rigurosa y meticulosa en derecho corporativo y penal, con un enfoque en la aplicación estricta de los plazos y la preparación de los abogados”.
Y con ellos está pendiente el Administrador de la DEA, Terrance C. Cole, que acompañó al fiscal Clayton cuando se anunció la acusación contra Rubén Rocha.
Véase lo que se dice de él: “Su trayectoria se ha centrado en operaciones internacionales, particularmente en Latinoamérica, destacando por su enfoque agresivo contra los cárteles mexicanos y el fentanilo”.
Otro dato que pone a temblar a los políticos cuatroteros es que Cole supervisó la extracción de Nicolás Maduro en Caracas, lideró la operación en que se apresó al exolímpico canadiense Ryan Wedding en la Ciudad de México, y también detuvo en Montevideo y trasladó a EEUU al narcotraficante uruguayo Sebastián Marset, considerado uno de los más peligrosos de Sudamérica.
Difícilmente Rocha y sus cómplices se les van a escapar a esos expertos, por más órdenes y regaños que salgan desde Palenque.
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