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LA OTRA MITAD DE LA CANCHA | EL FÚTBOL DEL MAÑANA - En el fútbol solemos medir el éxito por los campeonatos, los fichajes o los estadios llenos. Son indicadores importantes, pero ninguno de ellos garantiza el futuro de un club. El verdadero…

En el fútbol solemos medir el éxito por los campeonatos, los fichajes o los estadios llenos. Son indicadores importantes, pero ninguno de ellos garantiza el futuro de un club. El verdadero patrimonio de una institución no siempre levanta trofeos...

LA OTRA MITAD DE LA CANCHA | EL FÚTBOL DEL MAÑANA - En el fútbol solemos medir el éxito por los campeonatos, los fichajes o los estadios llenos. Son indicadores importantes, pero ninguno de ellos garantiza el futuro de un club. El verdadero…

Por: Yolanda Buitrón

EL FÚTBOL DEL MAÑANA
EL VALOR DE UNA CANTERA

En el fútbol solemos medir el éxito por los campeonatos, los fichajes o los estadios llenos.

Son indicadores importantes, pero ninguno de ellos garantiza el futuro de un club.

El verdadero patrimonio de una institución no siempre levanta trofeos de inmediato.

Muchas veces entrena en una cancha de tierra, viste un uniforme sencillo y sueña con debutar algún día en el primer equipo.

Ese patrimonio se llama cantera.

Cuando un club apuesta por sus fuerzas básicas, no solo forma futbolistas.

Forma personas que aprenden disciplina, responsabilidad, trabajo en equipo, respeto por el rival y amor por los colores que representan.

Una buena cantera no se construye en un torneo.

Se construye con paciencia, metodología y visión de largo plazo.

Es el trabajo silencioso de entrenadores, entrenadoras, preparadores físicos, familias y directivos que entienden que el desarrollo de una jugadora comienza mucho antes de que aparezcan los reflectores.

En México hemos dado pasos importantes en la formación de talento femenil.

Los clubes de la Liga MX Femenil cuentan con categorías juveniles que buscan preparar a las futuras profesionales.

Sin embargo, el reto no termina con abrir una categoría; comienza cuando se garantiza que esa formación sea continua y de calidad.

Una cantera no debe existir para cumplir un requisito administrativo.

Debe ser el corazón del proyecto deportivo.

Porque tarde o temprano las figuras cambian de equipo, se retiran o terminan su ciclo.

Lo único que mantiene vivo a un club es su capacidad para formar a la siguiente generación.

Los equipos más exitosos del mundo tienen algo en común: nunca dejaron de invertir en sus jóvenes.

Entendieron que el talento no se compra únicamente en el mercado; también se descubre, se acompaña y se desarrolla desde casa.

En el fútbol femenil esta visión cobra todavía mayor importancia.

Cada niña que llega por primera vez a un entrenamiento representa una oportunidad para el futuro del deporte.

Algunas llegarán al profesionalismo.

Otras no.

Pero todas merecen entrenar en un entorno que les enseñe valores, fortalezca su carácter y les permita crecer como personas.

Eso también es ganar.

Porque el éxito de una cantera no solo se mide por cuántas jugadoras debutan.

También se mide por cuántas mujeres salen de ella con liderazgo, disciplina y confianza para enfrentar cualquier desafío dentro y fuera de la cancha.

Hoy, cuando el fútbol femenil mexicano continúa creciendo, vale la pena recordar que el próximo campeonato comienza mucho antes del silbatazo inicial.

Comienza en una niña que recibe su primer balón.

En una entrenadora que decide dedicar una hora más a enseñar un fundamento.

En una familia que hace el esfuerzo de llevar a su hija a entrenar.

Y en un club que entiende que sembrar talento siempre será más valioso que comprar resultados.

Porque los campeonatos llenan vitrinas.

Las canteras construyen historias.

Y esas historias son las que verdaderamente hacen grande a una institución.

Y esa, también, es la otra mitad de la cancha.