
Por: Yolanda Buitrón
Brasil 2027: el Mundial comienza mucho antes del silbatazo inicial
Dentro de menos de un año, el balón comenzará a rodar en Brasil y el mundo volverá a mirar hacia la máxima fiesta del fútbol femenil.
Del 24 de junio al 25 de julio de 2027, Sudamérica será sede por primera vez de una Copa Mundial Femenina de la FIFA.
Un hecho histórico que representa mucho más que un torneo internacional.
Representa una oportunidad para demostrar cuánto ha crecido el fútbol femenil en nuestro continente y, al mismo tiempo, cuánto nos falta por recorrer.
La pregunta es inevitable.
¿Está México realmente preparado para competir de tú a tú con las grandes potencias del mundo?
No hablo únicamente de obtener un boleto mundialista.
México tiene la obligación de estar presente en estas competencias.
Hablo de competir por trascender.
De pensar en semifinales y finales.
De aspirar a levantar algún día una Copa del Mundo frente a selecciones que durante años han construido un modelo exitoso de desarrollo, como Estados Unidos, Canadá, España, Inglaterra, Alemania, Francia o Suecia.
Y es aquí donde debemos hacer una pausa.
Porque la diferencia entre esas potencias y México no está en el talento.
Nuestro país produce futbolistas con enormes condiciones.
Basta recorrer los torneos juveniles, las ligas escolares o las competencias amateur para descubrir niñas con una extraordinaria capacidad técnica y una pasión inmensa por este deporte.
La diferencia está en la formación.
Mientras en esos países una niña comienza desde muy pequeña un proceso estructurado de aprendizaje, en México todavía dependemos, en muchos casos, del esfuerzo de las familias, de entrenadores comprometidos y de escuelas que hacen mucho con recursos limitados.
En Europa y Norteamérica no solo enseñan a jugar partidos.
Primero enseñan a dominar el balón.
Trabajan durante años la técnica individual: el primer toque, el control orientado, la conducción, el golpeo con ambas piernas, el pase, el remate, el uno contra uno, la lectura del juego y la toma de decisiones.
Forman futbolistas antes de formar equipos.
Esa diferencia parece pequeña, pero cambia por completo el futuro de una jugadora.
Porque una futbolista técnicamente preparada puede adaptarse a cualquier sistema táctico, competir en cualquier liga y enfrentar cualquier escenario.
La técnica no se improvisa.
Se enseña.
Se practica.
Se perfecciona desde la infancia.
Después vienen la táctica, la preparación física, la fortaleza mental, la nutrición, el análisis de video y todas las herramientas que exige el fútbol moderno.
Pero todo comienza con una base sólida.
México ha dado pasos importantes con la consolidación de la Liga MX Femenil.
Hoy vemos estadios con mayor asistencia, clubes más competitivos y futbolistas mexicanas que comienzan a abrirse camino en ligas extranjeras.
Sin embargo, el siguiente paso debe estar en las fuerzas básicas.
Necesitamos más academias especializadas, más entrenadores capacitados en fútbol femenil, mejores procesos de detección de talento y una metodología nacional que permita que una niña de cualquier estado tenga las mismas posibilidades de desarrollarse.
No podemos seguir pensando únicamente en el próximo torneo.
Debemos pensar en la próxima generación.
Brasil 2027 puede convertirse en un parteaguas para toda América Latina.
No solamente por el espectáculo que ofrecerá dentro de la cancha, sino por el legado que puede dejar fuera de ella.
Ojalá que cuando termine ese Mundial no solo recordemos a la selección campeona.
Ojalá recordemos que fue el torneo que impulsó nuevas escuelas de fútbol, más oportunidades para niñas, mayor profesionalización del arbitraje, mejores programas de formación para entrenadoras y una verdadera apuesta por el desarrollo del fútbol femenil.
Los Mundiales duran apenas unas semanas.
El legado permanece durante décadas.
Y los campeonatos no comienzan el día de la inauguración.
Comienzan muchos años antes, cuando una niña toca un balón por primera vez y encuentra a un entrenador capaz de enseñarle la técnica, inculcarle valores y hacerla enamorarse de este deporte.
Si México quiere competir con las mejores selecciones del mundo, el trabajo no debe empezar en la concentración previa al Mundial.
Debe empezar hoy.
Porque el futuro del fútbol femenil no se construye con discursos.
Se construye formando mejor a nuestras jugadoras.
Y esa también es la otra mitad de la cancha.