Texto y fotos Cony Herrera López/NOTIVER
Estudios realizados en torno a la danza, la sitúan como una herramienta fundamental para el desarrollo integral y la salud mental durante la niñez y la juventud, ya que bailar estimula múltiples áreas del cerebro simultáneamente (memoria, coordinación y emociones), permitiendo liberar tensiones y construirse de una mejor manera en etapas clave de crecimiento.



Aprender y memorizar coreografías mantiene al cerebro activo; el ejercicio aeróbico mejora la oxigenación y la salud del corazón; en cuanto al desarrollo motriz, aumenta de forma natural el equilibrio, la flexibilidad, la fuerza muscular y la densidad ósea; al ser una actividad intensa, favorece la quema de calorías y el mantenimiento de un peso corporal saludable.



También hay beneficios emocionales, bailar de manera regular disminuye los niveles de cortisol y reduce significativamente la ansiedad, libera hormonas de la felicidad, estimula la producción de endorfinas, serotonina y dopamina, generando una sensación inmediata de bienestar, placer y motivación.
Así que además de ser un hermoso espectáculo, quien practica la danza obtiene grandes beneficios.