(Agencias y corresponsales).- Vuelco político en Estados Unidos. Los demócratas han arrasado en las elecciones de medio mandato en una noche fatídica para el presidente Donald Trump.
El partido azul ha recuperado el control del Senado y de la Cámara de Representantes después de imponerse en bastiones republicanos donde las encuestas ni siquiera les daban posibilidades.
Uno de los triunfos de la noche es el de Texas, donde Gina Hinojosa se convierte en la primera gobernadora hispana tras derrotar al todopoderoso Greg Abbott.
Los demócratas han logrado también su escaño en el Senado en ese Estado con el triunfo de James Talarico.

Los republicanos han mantenido el escaño en el Senado por Florida, con el triunfo de Ashley Moody, y Byron Donalds será el primer gobernador negro de ese Estado, que se consolida como principal enclave conservador.
A medida que avanzaba la noche, los republicanos veían escaparse en el Senado un territorio reñido tras otro: Iowa, Kansas, Ohio, las dos Carolinas y Maine, donde los votantes pusieron fin a la carrera de 30 años en el Capitolio de Susan Collins.
La penúltima conquista fue la de Abdul El-Sayed en Míchigan, un candidato progresista y el primer musulmán en la Cámara alta en la historia del Capitolio.
Fue a eso de las 22.00 cuando se pudo dar por descontado que los demócratas superarían el umbral de los 218 escaños que necesitaban para la mayoría de la Cámara de Representantes.

Pero la sangría roja no se detuvo ahí: el partido de Trump perdió contiendas a gobernador en lugares tan improbables como Ohio o Iowa, donde Sherrod Brown y Josh Turek se llevaron el Senado.
El presidente había pedido una y otra vez a sus fieles, y, por extensión, al resto de sus compatriotas, que fingieran que su nombre figuraba en las papeletas, pese a que esta cita con las urnas es, cada cuatro años, un referéndum solo en teoría sobre el desempeño del inquilino de la Casa Blanca.
Cuando ya no quedaban dudas sobre la debacle, Trump, fiel a su estilo de negar la realidad y al uso enfático de las mayúsculas, batió sus propias marcas de cinismo con el siguiente mensaje en su red social, Truth: “¡Yo no aparecía en la papeleta y, si hubiera aparecido, habríamos ganado CON UNA VICTORIA APLASTANTE!“.
Al rato, habló con The New York Times para anunciar que está dispuesto a aceptar el resultado de las elecciones, y eso, en su caso, supo a noticia de impacto.

Después, se puso al teléfono con Fox News y Politico para tratar sin éxito de escurrir el bulto de la fenomenal derrota.
La culpa, con él, siempre es de otro.
Los primeros síntomas de la hecatombe republicana empezaron pronto.
Y se convirtieron enseguida en clamorosas señales de alarma con la victoria de Jon Ossoff, que será senador por segunda vez en representación de Georgia y gana puntos como posible candidato a la presidencia en 2028.
Al rato, llegaron el vapuleo en Carolina del Norte de Roy Cooper a Michael Whatley, aspirante impuesto por Trump, y la perspectiva hasta hace meses impensable de una representante demócrata de Carolina del Sur en Washington.

Será, a partir de enero, Annie Andrews, que se impuso a Darline Graham, otro capricho del presidente, que la designó por ser hermana de Lindsey Graham, al que ambas aspiraban a sustituir por fallecimiento.
Después cayeron Kansas e Iowa, con las victorias del pastor Adam Hamilton y el centrista Josh Turek.
Ken Paxton (de nuevo, un empeño de Trump) perdió en Texas, Estado en el que Elon Musk se llevó también un duro revés en unas elecciones que han sido también un plebiscito sobre el poder absoluto de la oligarquía en los tiempos de Trump.
Musk puso más de 560 millones de dólares para ayudar a los republicanos en Texas.
Pero, por esta vez, el dinero del hombre más rico del mundo no sirvió para nada, como él mismo admitió ante sus 241 millones de seguidores en X, la red social de la que es propietario.
La noche dio además para otros hitos históricos.
Dos Estados del viejo Sur esclavista, Florida y Georgia, tendrán por primera vez gobernadores negros: Byron Donalds (republicano) y Keisha Lance Bottoms (demócrata).

Y si Bottoms fue la primera afroamericana en conquistar ese cargo en la historia del país, Deb Haaland se convirtió en la primera nativa estadounidense en hacer lo propio en Nuevo México.
California se dispone asimismo a tener un gobernador hispano por primera vez desde 1875 (Xavier Becerra).
En su entrevista con medios Trump renegó aparentemente de ese historial de negacionismo electoral.
También anunció su disposición a trabajar con los demócratas en el Capitolio, aunque no quepa esperar mucho de esa colaboración.
Él mismo había dicho el día anterior que piensa afrontar un Congreso hostil convertido en el “Señor Veto”, listo para truncar toda iniciativa legislativa del enemigo.
Y este martes, publicó en su Truth la imagen de una de sus características gorras rojas en la que en lugar de decir Make America Great Again podía leerse “VETO”.