*Las revisiones anuales del T-MEC toman a México con serios problemas de crecimiento económico, sus expectativas para este 2026 apenas salvan al País de la recesión y los empleos que permite generar no son los suficientes, coincidieron analistas de Grupo Coppel y Grupo Financiero Banorte
CIUDAD DE MÉXICO.- La decisión de Estados Unidos de llevar a revisión anual al tratado de libre comercio con México y Canadá (TMEC) pone el foco en los efectos que ese proceso tendrá en la estancada economía mexicana.
El PIB creció apenas un 0,8% durante 2025 y buena parte de los diagnósticos apuntaban a la incertidumbre por el futuro del acuerdo comercial como una de las causas fundamentales de su aletargamiento.
Al mirar la fotografía completa, la segunda economía de América Latina ha encontrado dificultades para atraer inversión en los últimos meses, a pesar de que el Gobierno ha implementado una serie de medidas, por petición de los empresarios, y ha diseñado una hoja de ruta -el llamado Plan México- para captar más capital.
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha descartado que el escenario de las revisiones anuales del TMEC vaya a mantener la incertidumbre y la caída de la inversión.
El Gobierno mexicano estima que la vigencia del acuerdo, al menos para la próxima década, da certezas a quienes están interesados en hacer negocios en México.
Ebrard ha insistido que el deseo de Estados Unidos de aumentar el contenido regional de las mercancías en la región generará un círculo virtuoso que atraerá al capital.
“Como lo que se quiere hacer es producir en Norteamérica muchísimas cosas, eso va a fomentar mucho la inversión y nosotros vamos a participar en ello”...
Ha mencionado esta semana tras conocerse la decisión de Estados Unidos de no optar por la ampliación automática por 16 años del tratado.
Las cifras muestran que el despertar de la inversión en México es un camino cuesta arriba.
Aunque la Inversión Extranjera Directa (IED) -que representa menos del 10% de las inyecciones de capital- ha seguido creciendo a doble dígito, la formación bruta de capital fijo disminuyó 3% en el primer trimestre del año frente al mismo periodo anterior, producto de una caída de 4,5% en la inversión privada y un aumento de 6,7% en la pública, insuficiente para contener los retrocesos.
La inversión privada representa el 86% del total y equivale al 17,9% del Producto Interno Bruto (PIB).
Para los analistas, el estancamiento de la economía en niveles de crecimiento cercanos al 1% se explica, en gran medida, por la merma de la inversión privada en bienes de capital como maquinaria, equipo o ampliaciones de plantas industriales.
Temen que la incertidumbre generada por las revisiones anuales siga pesando sobre la inversión de manera directa, al actuar como un freno para los planes de las empresas, cuya actividad de manufactura o comercio exterior depende del tratado.
Y no es menor: el 82% de los bienes que exporta México está bajo el paraguas del TMEC y el país envía unos 2.000 millones de dólares diarios en mercancías (terminadas o semiterminadas) a su vecino.
Uno de los espacios donde más se evidencia la postergación de planes es el nearshoring.
La relocalización de cadenas de valor es, por definición, un proceso de mediano y largo plazo:
Es poco probable que se instalen plantas o bodegas industriales por solo un par de años, a la espera de que cambien las reglas del juego comercial.
Mucho menos cuando Estados Unidos redobla esfuerzos para atraer procesos dentro de sus propias fronteras.
En ese contexto, los parques industriales comienzan a reflejar una sobreoferta que ha elevado la vacancia hasta niveles cercanos al 10% en el norte del país y ha provocado ajustes a la baja de hasta 30% en las rentas, según datos de la AMPIP, el gremio que agrupa a este sector inmobiliario.
Las revisiones anuales
La decisión de Estados Unidos de llevar el tratado a revisiones anuales ha sido vista como una estrategia de negociación de parte de la Administración de Donald Trump.
El TMEC puede ser renovado por 16 años en cualquier momento en el que los tres socios lo decidan.
El Gobierno de Claudia Sheinbaum ha preferido tomarlo como una oportunidad con margen de maniobra, un escenario muy amplio con resultados mixtos sobre su economía.
“Esta estrategia de Estados Unidos mantiene viva la incertidumbre regulatoria y permite utilizar el mecanismo de revisión como una palanca para negociar reglas de origen más estrictas, un mayor control sobre insumos provenientes de China, compromisos laborales más exigentes, temas energéticos y objetivos vinculados a seguridad fronteriza y combate al narcotráfico”, señala el BBVA Research.
Sin embargo, la entidad advierte de que los efectos de esa incertidumbre podrían recaer sobre el sector privado.
“El principal costo para empresas e inversionistas no sería la pérdida del acceso preferencial al mercado estadounidense, sino la persistencia de incertidumbre regulatoria y comercial durante los próximos años”, añade la entidad.
El reto hacia adelante, destacan los economistas, es aprovechar el tiempo comprado con estas revisiones, sin perder de vista que, aunque este es un acuerdo regional, tiene efectos tangibles en los negocios y sus trabajadores a nivel local.
En los próximos años, si México y Canadá juegan bien sus cartas frente al socio reticente, podrían incluso aspirar a restablecer la meta de terminación de 2042, descartada cuando Washington se negó a la renovación directa.
Sin embargo, la tarea no será sencilla.
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés) emitió este año su listado con 13 barreras no arancelarias que afectan al comercio, entre las que señala que México no realiza consultas regulatorias en temas vinculados a la frontera compartida, como la reforma a la Ley de Aduanas que entró en vigor este año, demora permisos sanitarios o limita la inversión estadounidense en sectores como la energía y el petróleo, concentrados en las empresas públicas CFE y Pemex.
Además, ha trascendido en medios que, más allá de resolver estas limitantes, Estados Unidos buscaría elevar el “contenido estadounidense” dentro del tratado, mediante reglas de origen más estrictas y mayores exigencias salariales en suelo mexicano, lo que desincentivaría la instalación de fábricas de este lado de la frontera.
El secretario Marcelo Ebrard ha señalado que, hasta ahora, esas propuestas no han llegado a la mesa.
La próxima conversación entre las partes será el 20 de julio.