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¡ALCALDE ACEPTA SU SALIDA DE MORENA! - Y ASUME CONSEJERÍA JURÍDICA

La presidenta, Claudia Sheinbaum, acelera el relevo en la dirigencia del partido tras los tropiezos y entrega el poder de la formación a personas de total confianza, la operadora de los programas sociales del Gobierno y su consejera jurídica...

¡ALCALDE ACEPTA SU SALIDA DE MORENA! - Y ASUME CONSEJERÍA JURÍDICA
La reconfiguración, sin embargo, es más profunda. Fuentes cercanas a la presidencia han confirmado a este periódico que a la salida de Alcalde se perfila también la de Andrés Manuel López Beltrán de la estructura partidista. A la Secretaría de Organización de la agrupación política, hasta hoy ocupada por el hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, llegaría en las próximas horas Esthela Damián Peralta, la cabeza de la Consejería Jurídica de la presidencia

*La titular de la Secretaría del Bienestar, Ariadna Montiel será la nueva dirigente de Morena, en lugar de Luisa María Alcalde.

CIUDAD DE MEXICO.- La presidenta, Claudia Sheinbaum, acelera el relevo en la dirigencia del partido tras los tropiezos y entrega el poder de la formación a personas de total confianza, la operadora de los programas sociales del Gobierno y su consejera jurídica.

Luisa María Alcalde vive sus últimas horas como dirigente nacional de Morena.

La presidenta del partido será sustituida en breve por Ariadna Montiel, la secretaria de Bienestar, según ha podido saber EL PAÍS de fuentes internas del partido.

El cambio en la cúpula del partido oficialista confirma un giro que se venía incubando desde hace meses.

El desgaste interno, los resultados por debajo de las expectativas y la incapacidad para ordenar las disputas locales han obligado a la presidenta, Claudia Sheinbaum, a apostar por un revulsivo que, de acuerdo a las fuentes consultadas, se venía operando desde hace meses en Palacio Nacional.

La reconfiguración, sin embargo, es más profunda.

Fuentes cercanas a la presidencia han confirmado a este periódico que a la salida de Alcalde se perfila también la de Andrés Manuel López Beltrán de la estructura partidista.

A la Secretaría de Organización de la agrupación política, hasta hoy ocupada por el hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, llegaría en las próximas horas Esthela Damián Peralta, la cabeza de la Consejería Jurídica de la presidencia.

El movimiento deja un mensaje inequívoco: la conducción de Morena quedará en manos de tres perfiles de absoluta confianza de la presidenta.

Para cerrar la pinza, la vacante en la Consejería Jurídica podría ser cubierta por Alcalde.

La llegada de Montiel responde a una urgencia inmediata: recuperar el control territorial y disciplinar a una estructura que daba ya signos de desorganización y falta de rumbo.

Montiel, una colaboradora muy cercana a Sheinbaum, operadora con trayectoria y buenos resultados en la administración de los programas sociales, representa el perfil que la presidenta ha considerado indispensable para recomponer el rumbo del partido.

Sheinbaum toma así las riendas del partido ante el riesgo de fracturas de cara a las elecciones intermedias de 2027, refieren fuentes cercanas a la presidencia.

La designación de Citlalli Hernández como responsable de las alianzas y candidaturas es la primera pieza clave de este cambio de fichas.

Una figura con legitimidad interna encargada de contener las tensiones con el Partido del Trabajo y en el Partido Verde Ecologista, y de evitar que la disputa por las candidaturas escale a una crisis pública que ponga en riesgo la mayoría en el Congreso, las 17 gubernaturas y los cientos de cargos locales que se disputarán en menos de dos años.

La caída de Alcalde es leída dentro y fuera de Morena como el saldo de una dirigencia que nunca logró consolidarse.

Su gestión estuvo marcada por señalamientos de improvisación, conflictos internos y una creciente desconexión con las bases.

Es por ello que el ascenso de Montiel no es solo un cambio de nombre, sino un giro en la estrategia del partido con la intervención directa de Sheinbaum.

A diferencia de Alcalde, su fortaleza no está en el discurso político, sino en la operación territorial:

El manejo de padrones, el control de los beneficiarios y la capacidad de movilización.

La intervención presidencial ha sido celebrada por algunos liderazgos.

Se trata de un golpe en la mesa contundente, pero también expone la fragilidad institucional del partido en el poder, incapaz de procesar sus conflictos sin la mediación de la mandataria.

El reto inmediato será doble, refieren legisladores morenistas.

Por un lado, Hernández deberá construir acuerdos en medio de una guerra por las candidaturas que Alcalde dejó crecer y por otro, Montiel tendrá que demostrar que puede trasladar su experiencia administrativa al partido.

Morena ha entrado en fase decisiva.

El movimiento despeja el camino para una nueva dirigencia que apunta a Ariadna Montiel, la actual titular de la Secretaría del Bienestar, quien se perfila para asumir la nueva dirigencia de Morena, un secreto a voces en los círculos internos del partido.

Aunque Sheinbaum ha sostenido que aún no hay un nombre que se encamine como el relevo y que será el partido quien se encargue del proceso.

Montiel, una de las operadoras territoriales más cercanas al proyecto presidencial, encarna la apuesta por reforzar la estructura electoral de cara a los comicios intermedios de 2027, el termómetro de las elecciones presidenciales de 2030.

Su eventual llegada responde a la urgencia de disciplina y eficacia organizativa.

La salida de Alcalde, sin embargo, no es solo un relevo administrativo.

Es también el cierre de una etapa marcada por tensiones internas, resultados cuestionados y una presión cuesta arriba por redefinir el rumbo del partido de cara a las elecciones intermedias en las que se disputará la mitad del territorio:

17 gubernaturas, la renovación del Congreso y la elección de cientos de cargos locales.

En ese contexto, la invitación de Sheinbaum se ha leído en los círculos políticos como una salida decorosa que evite un mensaje de fractura en la unidad del movimiento.

“Aquí no estamos por los cargos, estamos por encargos”, ha sostenido Alcalde en su mensaje de despedida a la militancia guinda.

A esto le ha seguido un compendio de su año y medio al frente del movimiento.

Lo que sigue es un trámite administrativo, convocar a asamblea al Consejo Nacional para elegir a la nueva dirigencia.

“[Estoy] convencida de que quien resulte electo sabrá conducir al movimiento para obtener los triunfos electorales que permitan seguir con la transformación de nuestro país”...

Ha zanjado Alcalde en su mensaje de despedida como dirigente de Morena.

El episodio previo a la decisión de Alcalde ha sido criticado por los morenistas.

La hasta hoy dirigente de Morena expresó abiertamente que necesitaba tiempo para evaluar la propuesta presidencial.

“Como le dije a ella [a la presidenta]: ‘deme un ratito para pensarlo, ya la buscaré para poder plantearle mi decisión’”,

Soltó Alcalde horas antes de anunciar su resolución.

Fuentes del movimiento consultadas por EL PAÍS describieron el gesto como un desafío.

En un sistema político donde las invitaciones presidenciales no se deliberan: se acatan, el hecho resultó inédito.

Bajo el liderazgo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, hubiera sido inimaginable.

En los pasillos morenistas, la permanencia de Alcalde en la dirigencia era “insostenible”.

Su salida, señalan, debía concretarse este mismo mes.

No porque la renuncia de Damián Peralta a la Consejería Jurídica sea efectiva el 30 de abril, sino porque la operación territorial requiere del cambio inmediato.

Citlalli Hernández, nombrada hace unos días como la encargada de la estratégica Comisión de Elecciones y Alianzas -la primera intervención de Sheinbaum en el partido- ha comenzado una operación cicatriz con los aliados, el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México, tras el desgaste en la relación con Alcalde en la dirigencia, y requiere el cambio completo.

Las fichas en Morena se mueven estrepitosamente.