
Por Andrés Timoteo
ROBANDO NARANJAS
Es una de las prácticas más viejas en la politiquería: comprar y robar alcaldías desde el poder oficial cuando no se logra ganarlas en las urnas electorales.
Eso lo está haciendo Morena en Veracruz.
Han presumido que una veintena de alcaldes ya dejaron sus partidos que los postularon en las elecciones del año pasado y ahora está al servicio, sino afiliados, al instituto guinda.
Hay petistas, verdes, panistas y priistas en ese negocio de compra-venta de afinidades y afiliaciones.
Sin embargo, el caso de los ediles emanados de Movimiento Ciudadano (MC) se cocina -o más bien, se negocia- aparte por varias razones.
La primera es la reticencia de los naranjas a brincar al morenismo solo con las promesas vagas que les hace el dirigente Esteban Ramírez Zepeta.
La segunda porque es la segunda fuerza electoral del estado y apunta a que en los comicios del 2027 le disputará directamente al partido oficial la representación parlamentaria en varios distritos.
Y en tercera porque a la gobernante en turno, Rocío Nahle, le provoca un resquemor particular el avance de MC y en verdad le tiene miedo porque la ciudadanía podría beneficiarlo con el voto y rechazar las opciones guindas en el 2027.
La fuga de sufragios del morenismo no se iría al PAN ni al PRI ni a los partidos satélites que rodean al guinda sino a MC.
Además, la zacatecana es muy rencorosa, una mujer de agravios a vengar.
Solo vean cómo le fue a Emilio Olvera, el candidato naranja en Poza Rica que le dio una paliza a su ahijada política, Adanely García en los comicios del año pasado -dicen que en realidad la madrina política y de negocios de la edil pozarricense es la cuñada, una tal Lucía Peña Peña- al que le robaron el triunfo en la alcaldía sobre la mesa.
Nahle ordenó anularle votos y que el órgano electoral le diera la voltereta al resultado para sentar a su protegida en la silla edilicia.
Fue un desquite personalísimo de la gobernante que lo mismo que el aplica hoy al alcalde desaforado de Ixhuatlán del Sureste, Raúl González por haberse peleado con su comadre, la popular “Cheba Cervezas”, alias Eusebia Cortés, subsecretaria de Desarrollo Social.
Ese pleito ventilado en redes sociales le salió caro a González al que Nahle sentará en el banquillo judicial.
Ella se maneja a base de corajes e hígado ácido.
En la mesa también le quitó el triunfo de Papantla al emecista Mariano Romero.
Dos ayuntamientos arrebatados a la fuerza al naranja y a ellos hay que sumar Las Choapas cuyo edil, Jesús Uribe, fue convencido por Ramírez Zepeta para pasarse a Morena.
Pero la maroma les salió incompleta porque el año pasado la propia Nahle había acusado a Uribe de ser un delincuente y cuando la prensa se lo recordó hizo que Morena no lo recibiera.
Uribe se quedó ‘vestido y alborotado’, en el limbo.
Cierto, no está afiliado a Morena pero sí permanece bajo su sombra.
Cero e iban tres ayuntamientos apropiados con artimañas y saliva -Poza Rica, Papantla y Las Choapas-.
Ahora se suman Ixhuatlán del Sureste y Úrsulo Galván que, como ya se sabe, sus ediles fueron desaforados la semana pasada por el congreso local y serán detenidos y encarcelados en breve.
Serán los primeros presos políticos del sexenio nahlista si la Fiscalía General no presenta pruebas más contundentes que las que hasta ahora ha exhibido y que se antojan a tinglado político.
Los ediles suplentes de ambos ayuntamientos ya están apalabrados -entiéndase: amenazados- para alinearse al partido oficial aun cuando no se separen formalmente de Movimiento Ciudadano.
Sobre sus cabezas pende la espada y enfrente tienen la labia de los supuestos beneficios de amorenarse.
Todo a la mala, pero como apunta la sabiduría popular, “amor comprado u obligado no es amor sincero” y los exemecistas estarán con sus nuevos amos mientras les dure el poder y el dinero.
El balance, por lo pronto, es que de las cinco alcaldías arrebatas al naranja dos fueron a garrotazos.
TÍTERES Y TITIRITEROS
Lo que pasará ahora en Ixhuatlán del Sureste y Úrsulo Galván es un espectáculo titiritesco como sucedió en Actopan durante el gobierno de Cuitláhuac García.
En el 2020 ordenaron desaforar al alcalde panista José Paulino Domínguez por supuestos actos de corrupción y lo hicieron porque no le pudieron imputar responsabilidad en el asesinato del periodista Celestino Ruiz en el 2019.
Sin embargo, al suplente que le correspondía sucederlo, Alfredo López Carreto, la entonces fiscal Verónica Hernández sí lo imputó por ese caso y lo detuvo con la intención de que no tomara posesión del cargo.
A pesar de que hubo resoluciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y de los tribunales electorales tanto para amparar a Domínguez Sánchez de la destitución como para que López Carreto rindiera protesta como edil sustituto, el gobierno cuitlahuista los desacató.
Al final impusieron a Nayeli Toral Ruíz quien era sindica suplente y que se convirtió en la marioneta de palacio de gobierno, en especial del insufrible Patrocinio Cisneros.
Ese es el panorama para Ixhuatlán del Sureste y Úrsulo Galván, un ‘show’ de guiñoles que duraría todo el resto del cuatrienio.
*Envoyé depuis Paris, France.