
Por Andrés Timoteo
HISTORIAS NECESARIAS
“Cuando Woody tenía 2 años en la guardería les dijeron a sus padres que algo estaba mal, no respondía a las instrucciones básicas”.
“Las pruebas demostraron que era autista grave”.
Luego “los médicos concluyeron que no podía procesar el lenguaje y que era inútil explicarle cosas o hablarle con oraciones complejas, que probablemente nunca desarrollaría la capacidad de hablar ni mantener una conversación”.
Pero, ¡oh sorpresa!, hoy Woody a sus 28 años es licenciado en Lengua y Literatura Inglesa por la Universidad de California -donde fue el primer autista no verbal en graduarse-, cursó la maestría en Escritura Creativa de la Universidad de Columbia y es escritor.
Este mes publicó su primera novela, “Upward Bound” (”Hacia Arriba”) y ya trabaja en un segundo libro que se llamará “Alfie”.
Él protagoniza un reportaje publicado el 5 de abril en The New York Times, tres días después del Día Mundial de la Concienciación sobre el Autismo -de hecho todo este mes está dedicado a la causa-, firmado por la periodista Alexandra Alter.
( https://www.nytimes.com/es/2026/04/05/espanol/cultura/woody-brown-escritor-autista.html )
Allí se narra el largo camino de sus padres para lograr, primero, que se comunicara y luego aprendiera a redactar a fin de hacerlo “funcional” -palabra muy dura pero muy usada en este espectro-, venciera barreras y se convirtiera en creador.
Historias como las de Woody existen, no son ficticias aunque “el autismo y la ficción no suelen mencionarse en la misma frase”...
Diría el escritor británico Patrick Jasper Lee quien firma como “Jaspergers” pues desde niño fue diagnosticado con el Síndrome de Asperger.
Y son historias necesarias, muy necesarias para ser contadas en la actualidad porque los pequeños y adultos con autismo son parte de algo novedoso para todos y no porque antes no se hayan tenido casos sino porque apenas los comenzamos a entender.
NIÑOS AZULES
Antes se les consideraba enfermos pero ahora sabemos que no padecen ninguna enfermedad, simplemente son diferentes.
Hoy ya casi no se les dice autistas o aspergers sino personas bajo el TEA o Trastorno del Espectro Autista.
Hay quienes les llaman neuroatípicos y espectristas.
¡Qué técnico y frío se oye! Por ende, también les dan nombres más tiernos como Niños Azules o Niños Índigo.
¿De dónde viene eso? De una profecía moderna revelada por los ángeles alrededor del mundo, según los angelólogos -los que estudian a esos seres celestiales-.
Por ejemplo, en el libro “Ángeles, 100 preguntas y respuestas” (2001) hay una predicción tan hermosa como desafiante.
Relata que al inicio de este milenio hubo una reconfiguración en el Cosmos y se enviaron al mundo miles de semillas estelares, los Niños Índigo (azules), para cambiar a la humanidad poniéndola a prueba y pulirla para que sea más digna del Cielo.
Entonces, muchos dedujeron que nacerían bebés superdotados, genios, próceres, héroes y líderes, aunque todo indica que los brotes de esas semillas celestes son los niños del TEA.
¿Será? Al menos el nombre de ahí lo adoptaron y esos pequeños serían las escofinas para que, a nuestro lado y cuidado, el resto de los humanos podamos ser mejores ante la mirada de Dios.
COMO UN LEGO
Al TEA no hay que romantizarlo sino entenderlo y aquí lejos de ocuparnos de avances, diagnósticos o terapias -eso corresponde a los científicos- lo inmediato es enterarse y comprender.
De ahí que sus historias son tan necesarias.
En las redes sociales hay un mar de relatos sobre el día a día de muchos padres de estos pequeños que abren camino a otros padres con sus consejos y vivencias.
“Lindo Corazón Autista” es una página muy divertida sobre Carlitos de tres años que tiene Autismo Nivel 3.
“Autismo una luz en el camino” trata de Roger, de cinco años, y las maniobras de su madre para hacerlo independiente. Ambos viven en Estados Unidos.
“Edwin Barbosa” es otro niño de seis años al que los médicos pronosticaron que nunca hablaría pero hoy no para de hacerlo ni de cantar, como narra, orgulloso, su papá.
También hay ‘fanpages’ de jóvenes y adolescentes: “Tan artista como autista” es de Luis, un joven mexicano que toca cinco instrumentos e interpreta ópera.
En sus historias lo acompaña el abuelo quien lo impulsó a devenir autosuficiente y artista.
Ian Moche es un ‘influencer’ argentino de 12 años que cuenta su cotidianidad como ‘ser azul’.
Lo mismo Pau Brunet, un chico español que en las redes se hace llamar “Paupautista” y platica de sus terapias.
Y el colombiano Federico García Villegas ahora con 18 años, pero viral desde los seis cuando comenzó hablar de su TEA.
Fue tras grabar un video dedicado a sus compañeritos del colegio para que lo dejaran de mirar con recelo.
“No soy ni loco ni friki ni raro, solo mi manera de percibir las cosas es diferente”, les prometió.
Usando a las figuras Lego para la comparación, contó:
“Mi mamá me explicó que los neurotípicos o sea la mayoría de las personas están armados con las instrucciones... perooo... los asperges están armados con las mismas piezas pero sin mirar el folleto.
Y, ¡hey!, ¿quién dice que no hay muchas maneras de llegar al mismo resultado?”
*Envoyé depuis Paris, France.