*Durante más de una década, los activistas conservadores sostuvieron que una sola bomba atómica podría, sin matar directamente a los estadounidenses, devastar el país, una afirmación que generó fervor por una guerra con Irán
NUEVA YORK.- En su primer mandato, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva en la que instruía a las agencias federales a defender a Estados Unidos de un tipo inusual de ataque nuclear que sus asesores advirtieron podría destruir la red eléctrica, aniquilar la infraestructura crítica y llevar a un colapso nacional.
Un ataque de este tipo, causado por la detonación de una ojiva nuclear a kilómetros sobre la Tierra, no tendría el poder de matar personas directamente.
En cambio, podría crear una enorme sobrecarga de energía, conocida como pulso electromagnético, o PEM, capaz de dañar cualquier cosa eléctrica en el suelo debajo.
Detonada a la altura y ubicación correctas —digamos, a 402 kilómetros sobre Omaha— el impacto podría inutilizar las computadoras de todos los autos y aviones modernos, arruinar el suministro de alimentos de la nación, provocar un cortocircuito en todas las telecomunicaciones, acabar con el sistema bancario y sumir al país en una oscuridad indeterminada.
Durante más de una década, un movimiento —en gran parte entre los conservadores— generó conciencia sobre dicha amenaza, lo que culminó en la orden ejecutiva de 2019 de Trump.
Muchas de las voces más fervientes de ese movimiento ahora son miembros del gobierno actual, incluyendo a Pete Hegseth, el secretario de Defensa; JD Vance, el vicepresidente; John Ratcliffe, el director de la CIA; y Mike Huckabee, el embajador de Estados Unidos en Israel.
Esos mismos funcionarios del gobierno que durante mucho tiempo advirtieron sobre el PEM y lo vincularon a una bomba iraní también asesoraron a Trump sobre ir a la guerra con Irán.
Pero, sorprendentemente, en ocho meses de conflicto y muchas explicaciones sobre las razones para atacar a Irán, ningún funcionario ha mencionado públicamente el PEM ni lo ha invocado como justificación.
Cuando se le preguntó si el gobierno discutió la posibilidad de un ataque de PEM iraní antes de iniciar la guerra, la Casa Blanca no respondió directamente a la pregunta.
“El presidente Trump nunca permitirá que Irán represente una amenaza nuclear para Estados Unidos”, dijo Anna Kelly, una portavoz de la Casa Blanca, en un comunicado.
“El presidente nunca permitirá que un régimen terrorista que ha coreado ‘Muerte a Estados Unidos’ dañe nuestro país”.
Pero para los científicos y otros expertos, el PEM plantea una pregunta diferente: ¿es real la amenaza?
Los expertos en seguridad nacional a menudo desestiman las alarmas del PEM como alarmismo.
Consideran que un ataque de este tipo es poco realista dado que un agresor muy probablemente enfrentaría la perspectiva de una represalia mortal.
Y los científicos advierten que, aunque técnicamente plausible, un ataque exitoso requeriría no solo una bomba mucho más avanzada de la que los iraníes parecen haber estado buscando desarrollar, sino también una detonación de precisión alineada con una maraña de factores ambientales.
Newt Gingrich, un expresidente de la Cámara de Representantes y padrino del movimiento del PEM, se burla de ese tipo de escepticismo, habiendo trabajado durante décadas para llamar la atención del público sobre la amenaza.
En una entrevista, Gingrich dijo que los activistas del PEM no eran alarmistas sino realistas que entendían que una sola bomba de PEM podría convertir instantáneamente a Estados Unidos en un territorio devastado.
Cuando se le preguntó si Trump comprendía el tema, Gingrich respondió: “Él lo entiende”.