
Por: Edgar Ochoa/ NOTIVER
Weisenburger acarició la gloria
Hay noches en las que el béisbol se convierte en una obra de arte, y lo que hizo Jack Weisenburger en el Kukulcán fue eso: una pintura fina, casi perfecta, de esas que se disfrutan en silencio mientras el rival simplemente no encuentra respuestas.
El derecho estadounidense se subió a la loma con temple frío y brazo caliente, y durante ocho entradas hizo ver a la ofensiva de Leones de Yucatán como si estuviera jugando a otro ritmo, dominando con autoridad, precisión y un repertorio que dejó 10 ponches como testigos de su dominio.
Weisenburger coqueteó con la historia grande, retirando a 22 bateadores en fila, acariciando el juego perfecto y el sin hit ni carrera, hasta que en la octava entrada un infield hit de Yadir Drake rompió el encanto, pero no el control del juego.
Porque si algo dejó claro el abridor jarocho, es que lo suyo no fue casualidad, fue ejecución pura, pitcheo inteligente y carácter en momentos de presión.
Mientras tanto, del otro lado, César Valdez tampoco regalaba nada y armó un duelo de pitcheo digno del escenario, pero El Águila pegó primero y eso bastó.
En la primera entrada, con cuenta llena y dos outs, Carlos Franco conectó un triple al central que mandó a Tito Valenzuela al plato, anotando la única carrera del encuentro, esa que terminaría pesando como oro puro.
A partir de ahí, el juego se convirtió en territorio de lanzadores, en ese tipo de noches donde cada lanzamiento cuenta y cada error se paga caro.
Weisenburger nunca perdió la compostura, ni siquiera cuando se le escapó la perfección; al contrario, apretó el brazo, sacó el out clave con elevado y luego recetó un ponche más para cerrar su labor con autoridad.
Fueron ocho entradas de una joya monticular, apenas un hit permitido, sin carreras y con 104 pitcheos, 71 de ellos strikes, números que reflejan el control absoluto que tuvo sobre el juego.
Ya en la novena, Jonathan Aro hizo su parte y bajó la cortina sin sobresaltos para asegurar un triunfo tinto en sangre, de esos que se construyen desde la loma y se defienden con uñas y dientes.
Así, El Águila de Veracruz arrancó la serie en Yucatán con una victoria por la mínima, pero de enorme valor, porque cuando el pitcheo responde de esa manera, el equipo se vuelve peligroso.
Lo de Weisenburger no solo fue una gran salida, fue un mensaje claro: este Águila tiene brazo, tiene carácter y sabe ganar juegos apretados, de esos que definen temporadas.