
Por: Edgar Ochoa/ NOTIVER
Buen juego pero …
En esto del beisbol hay juegos que se cuentan solos, y el que se vivió en León fue uno de esos donde la pelota no deja de brincar y el corazón tampoco, un auténtico juego de volteretas donde los fundamentos, esos que a veces se olvidan...
Terminaron marcando la diferencia, porque aunque El Águila de Veracruz salió con todo desde la primera entrada mostrando una actitud ofensiva que ilusiona a cualquiera, con ese rally tempranero que hizo pensar que la noche sería suya, enfrente se toparon con unos Bravos de León que no solo juegan bien, sino que saben a lo que juegan, ordenados, pacientes y con ese ritmo que tienen los equipos que están viviendo un arranque dulce, de esos que contagian hasta a la tribuna, porque sí, también hay que decirlo, la afición del Domingo Santana jugó su partido y lo ganó desde las gradas empujando cada turno, cada lanzamiento, cada carrera, mientras en el terreno el juego se iba apretando poco a poco, con Veracruz respondiendo cada golpe, mostrando carácter, regresando en la pizarra cuando parecía que se les iba el duelo, demostrando que este equipo tiene con qué pelearle a cualquiera, pero el beisbol no perdona detalles y en un cierre dramático, de esos donde cualquier cosa puede pasar, un lanzamiento descontrolado Ricky Karcher terminó inclinando la balanza, dejando tendidos a los jarochos que, aunque se quedaron a nada, dejaron claro que la actitud está, que el hambre está y que la consistencia no tardará si siguen jugando con esa intensidad, porque perder así también enseña, también fortalece, y sobre todo deja la sensación de que este Águila va a dar guerra, aunque enfrente tenga a un rival que hoy por hoy está haciendo las cosas bien, muy bien.
Ohtani cumple
No todos los días una superestrella brilla de manera perfecta, y eso fue justo lo que pasó con Shohei Ohtani en el Dodger Stadium, porque aunque no tuvo su salida más dominante, sí dejó claro de qué está hecho, mostrando esa tenacidad que lo tiene como uno de los nombres más grandes del beisbol actual, trabajando seis entradas en las que permitió tráfico constante de los Miami Marlins pero limitando el daño a solo dos carreras, una de ellas sucia, en una noche donde tuvo que remar contracorriente desde temprano, incluso siendo él mismo protagonista de un error que abrió la puerta a la primera anotación rival, mientras que en la quinta entrada volvió a recibir castigo con una carrera limpia, en un juego donde los detalles marcaron la diferencia, porque aunque recetó nueve ponches y mostró dominio por momentos, también permitió cinco hits y regaló tres bases por bolas, necesitando 104 lanzamientos, su cifra más alta con los Los Angeles Dodgers, en un duelo donde curiosamente no tomó turno al bat y donde su equipo terminó cayendo 2-1, dejando la sensación de que incluso en una noche irregular, Ohtani cumple, compite y se mantiene como ese tipo de pelotero que siempre te da oportunidad de pelear, aunque esta vez no haya sido suficiente.