
Por: Edgar Ochoa/ NOTIVER
A lo jarocho
En el beisbol, como en la vida, hay noches donde el corazón pesa más que el cansancio, y eso fue justo lo que mostró El Águila de Veracruz en una batalla de esas que se quedan tatuadas en la memoria, al dejar en el terreno 9-8 a los Conspiradores de Querétaro en trece entradas que parecieron una eternidad en el Beto Ávila.
Porque sí, el Glorioso pegó primero, se despegó con autoridad, pero también sufrió el golpe duro de un rival que respondió con poder, como ese grand slam que silenció el parque por un momento.
Pero este equipo jarocho trae algo distinto en 2026, trae carácter, trae ese “no pasa nada, seguimos” que no se enseña, se siente.
Cuando Querétaro tomó ventaja y parecía que la noche se escapaba, apareció la rebeldía ofensiva, esa que no negocia derrotas, y en la novena, con el último suspiro, el madero habló otra vez para empatar el juego y encender la esperanza.
Ya en extrainnings, con el drama a tope, el libreto lo escribió Jackson Loftin con ese batazo oportuno que vale oro puro, empujando la del triunfo y desatando la locura en casa.
Pero ojo, que no todo fue madera: desde el bullpen también se ganó este juego, con un relevo sólido y sereno de Cristopher Molina, que supo apagar el fuego y mantener con vida a su equipo cuando más lo necesitaba.
Así se construyen las series, así se gana respeto en la Liga Mexicana de Beisbol, con un lineup que nunca baja los brazos y un pitcheo que responde en momentos clave.
Este Águila no solo ganó un juego, ganó confianza, ganó identidad y, sobre todo, dejó claro que en Veracruz nadie se rinde hasta el último out.