
Por: Yolanda Biutrón.
TIEMPO EXTRA
¿CÓMO PUEDE CRECER EL FÚTBOL FEMENIL SI LE FALTAN LOS ESCALONES?
Durante los últimos años hemos celebrado, con razón, el crecimiento del fútbol femenil mexicano.
Tenemos una Primera División que atrae figuras internacionales, clubes que comienzan a invertir con mayor seriedad, estadios importantes, aficiones que acompañan y jóvenes que hoy pueden soñar con convertirse en futbolistas profesionales.
También existen categorías juveniles y, desde 2024, una Liga TDP Femenil que pretende ampliar los espacios de competencia para mujeres en distintas regiones del país.
Todo eso representa un avance.
Pero cuando observamos la estructura completa aparece una pregunta que no podemos seguir evitando:
¿Dónde está el siguiente escalón?
En el fútbol varonil mexicano existe una pirámide reconocible.
Está la Liga TDP.
Después la Liga Premier.
Más arriba, la Liga de Expansión.
Y finalmente la Liga MX.
Podemos discutir si el sistema de ascenso y descenso funciona correctamente, si las certificaciones son demasiado complicadas o si las decisiones administrativas han debilitado la competencia.
Pero, por lo menos, existen distintas categorías donde un futbolista puede desarrollarse, madurar y continuar su carrera.
En el fútbol femenil la historia es diferente.
Tenemos la Liga MX Femenil en la parte más alta.
Tenemos fuerzas básicas de los clubes, principalmente mediante la categoría Sub-19.
Ahora contamos con una Liga TDP Femenil.
Pero seguimos sin tener una Liga de Expansión Femenil que funcione como puente entre la formación, la competencia regional y la máxima categoría.
Y ahí se encuentra una de las principales contradicciones del crecimiento que tanto celebramos.
Estamos construyendo la cima antes de completar la pirámide.
Una futbolista puede destacar en una liga local, escolar, universitaria o en la TDP Femenil.
Puede terminar su proceso juvenil en una categoría Sub-19.
Pero si no logra encontrar inmediatamente un lugar en alguno de los planteles de la Liga MX Femenil, ¿dónde continúa su desarrollo?
¿En qué competencia puede madurar?
¿Dónde adquiere experiencia antes de llegar a Primera División?
¿Qué ocurre con una jugadora de veinte, veintiuno o veintidós años que todavía necesita tiempo, partidos y acompañamiento, pero que ya superó la edad de las categorías juveniles?
En el fútbol varonil, un jugador puede recorrer diferentes niveles antes de alcanzar la máxima categoría.
Puede equivocarse.
Puede fortalecerse físicamente.
Puede sumar minutos.
Puede cambiar de club sin abandonar el sistema profesional.
En el femenil, para muchas jugadoras, el camino parece demasiado corto y demasiado estrecho.
O llegan a Primera División o corren el riesgo de desaparecer del radar.
Y eso no significa que les falte talento.
Significa que al sistema le faltan espacios.
No todas las futbolistas maduran a la misma edad.
Algunas destacan desde los dieciséis años.
Otras encuentran su mejor nivel a los veintitrés o veinticuatro.
Una estructura seria debe ofrecer tiempo para que el talento se desarrolle, no obligarlo a demostrar todo demasiado pronto.
Por eso la ausencia de una categoría intermedia no es un detalle administrativo.
Es un problema deportivo.
También es un problema social.
México es un país enorme.
La Liga MX Femenil se concentra en las ciudades donde existen clubes de Primera División.
Eso deja fuera a muchas regiones con jugadoras, entrenadoras, escuelas y aficiones capaces de sostener proyectos competitivos.
Una Liga de Expansión Femenil podría llevar el fútbol a estados y ciudades que hoy no tienen representación en la máxima categoría.
Podría abrir oportunidades para instituciones universitarias, proyectos independientes y clubes con capacidad de crecer sin tener que comenzar directamente con los costos de la Primera División.
Podría generar nuevos empleos para jugadoras, cuerpos técnicos, árbitras, preparadoras físicas, médicas, fisioterapeutas, analistas y personal administrativo.
También permitiría que los clubes de Liga MX Femenil prestaran jugadoras jóvenes para que sumaran minutos reales de competencia, en lugar de mantenerlas durante meses en la banca.
Ese es uno de los grandes valores de las categorías intermedias.
No solamente producen ascensos.
Producen experiencia.
El fútbol se aprende entrenando, pero se madura jugando.
Y jugar exige tener torneos, clubes, calendarios y rivales.
La creación de la Liga TDP Femenil es una buena noticia y debe reconocerse.
Representa una puerta de entrada para más mujeres y más proyectos.
Pero una puerta no es suficiente si después conduce a un pasillo sin salida.
La TDP Femenil necesita convertirse en el comienzo de una ruta, no en una competencia aislada.
Debe existir claridad sobre lo que viene después.
¿Habrá una Liga Premier Femenil?
¿Habrá una Liga de Expansión?
¿Podrán los equipos crecer deportiva e institucionalmente?
¿Existirá en algún momento un verdadero sistema de ascenso?
Son preguntas incómodas, pero necesarias.
Porque no podemos hablar de profesionalización mientras la mayor parte del camino sigue dependiendo de esfuerzos independientes, recursos familiares o decisiones aisladas de algunos clubes.
También debemos cuidar que la llegada de futbolistas extranjeras no nos distraiga del problema de fondo.
Me parece positivo que campeonas mundiales, seleccionadas y jugadoras experimentadas elijan México.
Elevan el nivel.
Atraen público.
Aportan conocimiento.
Pero una liga no se fortalece únicamente importando talento.
También debe producirlo, acompañarlo y ofrecerle espacios suficientes para crecer.
No tendría sentido contratar grandes figuras internacionales mientras cientos de jóvenes mexicanas abandonan el fútbol porque no encuentran dónde continuar después de su etapa juvenil.
Ambas cosas pueden y deben coexistir.
Talento extranjero que eleve la competencia.
Y una estructura nacional que proteja el desarrollo de las futbolistas mexicanas.
El crecimiento verdadero no se mide únicamente por lo que ocurre en la final.
Se mide por lo que ocurre debajo de ella.
Por el número de equipos existentes.
Por la cantidad de jugadoras registradas.
Por los entrenadores capacitados.
Por las ciudades que encuentran representación.
Por las jóvenes que pueden continuar jugando después de los diecinueve años.
Por los proyectos que tienen una ruta para avanzar.
México ya demostró que existe afición para el fútbol femenil.
También demostró que hay talento.
Lo que todavía debe demostrar es que tiene la voluntad de construir una estructura completa.
Porque una pirámide no puede sostenerse solamente con una cima brillante.
Necesita base.
Necesita escalones.
Necesita caminos.
La Liga MX Femenil no puede cargar sola con todo el desarrollo del fútbol femenino nacional.
Necesita una segunda división fuerte.
Necesita competencias regionales conectadas.
Necesita una ruta deportiva que permita crecer, ascender, descender, aprender y volver a intentarlo.
Quizá la crisis del fútbol femenil mexicano no sea una crisis de talento ni de interés.
Es una crisis de oportunidades intermedias.
Tenemos niñas que quieren jugar.
Tenemos jóvenes que se preparan.
Tenemos clubes de Primera División.
Tenemos una Liga TDP Femenil que empieza a abrir territorio.
Pero todavía nos falta unir los puntos.
Y mientras esos puntos no estén conectados, muchas futbolistas seguirán quedándose a mitad del camino.
El próximo gran paso del fútbol femenil mexicano no debería ser únicamente contratar otra estrella internacional.
Debería ser construir la categoría donde pueda desarrollarse la siguiente gran estrella mexicana.
Porque no basta con soñar con una liga más grande.
Hay que construir los escalones para llegar a ella.
Y esa también es la otra mitad de la cancha.