
Por: Yolanda Buitrón
EL FÚTBOL DEL MAÑANA
¿MÁS EXTRANJERAS SIGNIFICA UNA LIGA
MÁS FUERTE?
Cada torneo trae nuevos nombres al fútbol femenil mexicano.
Jugadoras de Estados Unidos, España, Colombia, Costa Rica, Brasil, Argentina, Venezuela y muchos otros países llegan para fortalecer a los clubes de la Liga MX Femenil.
La pregunta es inevitable.
¿Su llegada beneficia o perjudica al fútbol mexicano?
Mi respuesta es sencilla. Depende.
Las futbolistas extranjeras elevan el nivel de la competencia cuando llegan para marcar diferencia.
Aportan experiencia internacional, otro ritmo de juego, nuevas formas de entrenar y una mentalidad distinta que puede enriquecer a sus compañeras.
La propia Liga MX Femenil ha ido ajustando su reglamento para ampliar el número de jugadoras no formadas en México permitidas por club, con la intención de acercarse a los estándares de otras ligas competitivas.
Eso es positivo.
Una liga que quiere crecer necesita competir con las mejores.
Sin embargo, también existe una responsabilidad.
Cada lugar que ocupa una futbolista extranjera representa un espacio que deja de estar disponible para una jugadora formada en México.
Por eso el debate no debería centrarse en cuántas extranjeras llegan.
La verdadera pregunta es:
¿Están llegando para elevar el nivel o simplemente para ocupar un lugar?
Si una extranjera hace mejor al equipo y obliga a las mexicanas a crecer, bienvenida.
La competencia siempre impulsa el desarrollo.
Pero si se contrata únicamente por llenar una plaza, sin aportar un salto de calidad, entonces el fútbol mexicano pierde una oportunidad para desarrollar talento propio.
El reto de los clubes consiste en encontrar el equilibrio.
Abrir las puertas al talento internacional sin cerrar las oportunidades para las futbolistas mexicanas.
Las grandes ligas del mundo han demostrado que ambas cosas pueden convivir.
Las figuras extranjeras enriquecen el espectáculo.
Las canteras garantizan el futuro.
Una no debe sustituir a la otra.
También debemos recordar que el crecimiento de una selección nacional depende, en gran medida, de que sus jugadoras tengan minutos de competencia y oportunidades para desarrollarse.
Si las futbolistas mexicanas encuentran cada vez menos espacios para jugar, tarde o temprano ese impacto llegará a las selecciones nacionales.
No se trata de protegerlas de la competencia.
Se trata de asegurar que exista una competencia justa, donde el mérito deportivo sea el criterio principal.
El fútbol femenil mexicano ha crecido gracias a la apertura, la inversión y la llegada de talento internacional.
Ahora corresponde demostrar que ese crecimiento también fortalecerá a las futbolistas nacidas y formadas en nuestro país.
Porque una liga fuerte no es la que tiene más extranjeras.
Es la que logra que las mejores del mundo convivan con las mejores de casa.
Ese equilibrio será una de las decisiones más importantes para el futuro de nuestro fútbol.
Y esa, también, es la otra mitad de la cancha.