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LA OTRA MITAD DE LA CANCHA | EL FÚTBOL DEL MAÑANA - Hubo un tiempo en el que resultaba difícil imaginar que una campeona del mundo dejaría un club europeo para continuar su carrera en México *Hoy ya no sorprende tanto *La llegada de futbolistas…

Hubo un tiempo en el que resultaba difícil imaginar que una campeona del mundo dejaría un club europeo para continuar su carrera en México *Hoy ya no sorprende tanto *La llegada de futbolistas extranjeras con experiencia internacional confirma...

Por: Yolanda Buitrón

EL FÚTBOL DEL MAÑANA
LAS ESTRELLAS YA ELIGEN MÉXICO, ¿PERO QUÉ LIGA ESTAMOS CONSTRUYENDO?

Hubo un tiempo en el que resultaba difícil imaginar que una campeona del mundo dejaría un club europeo para continuar su carrera en México.

Hoy ya no sorprende tanto.

La llegada de futbolistas extranjeras con experiencia internacional confirma que la Liga MX Femenil ha dejado de ser observada solamente como un proyecto joven.

Para muchas jugadoras comienza a representar una alternativa profesional, una competencia atractiva y un mercado capaz de ofrecer nuevos retos.

El caso más reciente es el de Rocío Gálvez.

La defensa española, campeona del mundo en 2023 y procedente del Real Madrid, fue contratada por FC Juárez para el Apertura 2026.

No llegó a uno de los equipos que tradicionalmente concentran los reflectores y los campeonatos.

Llegó a unas Bravas que buscan crecer, competir con mayor seriedad y enviar el mensaje de que el talento internacional ya no está reservado únicamente para las instituciones más poderosas.

Su fichaje dice mucho sobre la transformación del mercado mexicano.

Pero no es un caso aislado.

Durante los últimos torneos hemos visto llegar a México a futbolistas como Jennifer Hermoso, Andrea Pereira, Irene Guerrero, Geyse Ferreira, Amandine Henry, Eugénie Le Sommer, Sofía Jakobsson, Manuela Paví y otras seleccionadas internacionales que han competido en España, Francia, Inglaterra, Estados Unidos y distintos escenarios del fútbol mundial.

Toluca se convirtió en uno de los ejemplos más claros de esta nueva etapa.

Las Diablas apostaron por reunir experiencia internacional con nombres como Eugénie Le Sommer, Amandine Henry, Sofía Jakobsson y Manuela Paví.

América también incorporó talento extranjero para el Clausura 2026, con jugadoras como Geyse Ferreira, Isa Haas y Giana Riley, dentro de un plantel armado para competir por títulos.

Tigres ha sostenido durante años una política de contrataciones internacionales y mantiene figuras capaces de elevar la competencia, atraer público y compartir vestidor con las nuevas generaciones mexicanas.

Juárez, ahora con Rocío Gálvez y con la renovación de la francesa Aurélie Kaci, demuestra que la tendencia comienza a extenderse más allá de los clubes que históricamente han dominado la liga.

La pregunta ya no es por qué vienen.

La verdadera pregunta es qué encuentran en México.

Encuentran estadios importantes.

Aficiones que han aprendido a acompañar a sus equipos.

Clubes con instalaciones profesionales.

Una liga con gran exposición regional.

Una competencia en crecimiento y la oportunidad de convertirse en protagonistas de proyectos que todavía están construyendo su historia.

También encuentran una calidad de vida diferente, una cultura futbolística intensa y, en determinados clubes, condiciones económicas capaces de competir con algunas ofertas internacionales.

Sin embargo, cuando intentamos conocer esas condiciones con precisión, aparece una de las grandes zonas grises del fútbol femenil mexicano.

Los salarios son privados.

Los bonos rara vez se informan.

No siempre conocemos la duración completa de los contratos.

Tampoco sabemos si todas las futbolistas reciben vivienda, transporte, seguro médico, apoyo migratorio, primas por objetivos o programas de adaptación.

Los clubes anuncian a las jugadoras, presentan fotografías, publican videos y celebran el impacto del fichaje.

Pero casi nunca explican las condiciones laborales bajo las cuales llegan.

No existe un sueldo máximo oficial para una futbolista extranjera en México.

Cada club negocia de acuerdo con su presupuesto, el prestigio de la jugadora, su trayectoria, la duración del acuerdo y el interés que exista en el mercado.

Por eso las cantidades que circulan en redes sobre las estrellas mejor pagadas deben tomarse con mucha precaución.

Mientras no exista confirmación del club, de la jugadora o de su representante, siguen siendo estimaciones.

Del otro lado de la tabla ocurre algo todavía más preocupante.

Tampoco existe información pública suficiente para conocer cuál es el salario más bajo que actualmente recibe una futbolista en cada institución.

Hace algunos años, la propia Liga MX Femenil sostuvo que el salario promedio del circuito rondaba los 35 mil pesos mensuales.

Sin embargo, un promedio puede ser engañoso.

Si una estrella recibe una cantidad elevada y varias jóvenes perciben salarios mucho menores, la cifra promedio sube, pero no refleja la realidad de todas.

Un promedio no nos dice cuánto gana la jugadora que apenas debutó.

No nos dice si puede pagar una vivienda digna.

No nos dice si necesita otro empleo.

No nos dice si tiene seguridad social, apoyo para continuar sus estudios o protección cuando termina su contrato.

En marzo de este mismo año, Charlyn Corral volvió a colocar el tema sobre la mesa al señalar la urgencia de establecer un salario mínimo para que todas las futbolistas tengan mejores condiciones.

Su petición resulta reveladora.

Si una de las figuras más importantes de nuestro fútbol considera que el tema sigue pendiente, entonces no podemos confundir la llegada de estrellas internacionales con la solución de todos los problemas laborales de la liga.

Me entusiasma que futbolistas extranjeras elijan México.

Su presencia puede elevar la intensidad de los entrenamientos, enriquecer los vestidores, transmitir experiencia y obligar a las jugadoras nacionales a competir todos los días por un lugar.

Una defensa joven puede aprender junto a una campeona mundial.

Una delantera mexicana puede medir su nivel frente a futbolistas que han disputado Champions, Juegos Olímpicos o Copas del Mundo.

Los cuerpos técnicos también reciben nuevas referencias, metodologías y formas de interpretar el juego.

Todo eso fortalece la liga.

Pero la apertura internacional también debe acompañarse con responsabilidad.

No podemos permitir que contratar a una estrella se convierta en una estrategia publicitaria que oculte las carencias del resto del plantel.

No debemos construir una liga con dos realidades: una para las figuras que llegan del extranjero y otra para las jóvenes mexicanas que todavía luchan por tener condiciones elementales.

Las extranjeras deben elevar el nivel, no sustituir los procesos de formación.

Deben compartir la competencia con el talento nacional, no cerrarle el camino.

Y su llegada debería impulsar a todos los clubes a mejorar sus estructuras, no solamente a ocupar el número máximo de plazas permitidas.

La Liga MX Femenil ha incrementado progresivamente el espacio para jugadoras no formadas en México.

Esa apertura responde al deseo de alinearse con ligas internacionales y aumentar la calidad de la competencia.

La medida puede ser positiva.

Pero solamente si se acompaña con una política igualmente seria para desarrollar futbolistas mexicanas.

Por cada plaza internacional debería existir una inversión clara en fuerzas básicas.

Por cada gran contratación debería fortalecerse la capacitación de entrenadoras y entrenadores.

Por cada presentación espectacular debería existir un contrato digno, transparente y profesional para todas las integrantes del plantel.

El verdadero crecimiento no consiste en presumir cuántas campeonas del mundo juegan en México.

Consiste en lograr que su presencia ayude a construir mejores futbolistas, mejores clubes y una competencia más sólida.

También necesitamos mayor transparencia.

No se trata de publicar detalles privados de cada contrato, sino de conocer con claridad los estándares laborales de la liga.

¿Cuál es el salario base real?
¿Qué prestaciones son obligatorias?
¿Qué protección existe ante una lesión?
¿Quién cubre una rehabilitación prolongada?
¿Qué ocurre cuando una jugadora queda embarazada?
¿Qué apoyo recibe una extranjera para resolver su visa, vivienda, idioma y adaptación?
¿Qué mecanismos protegen a las jóvenes que firman su primer contrato?
Una liga verdaderamente profesional no debería temerle a esas preguntas.

Al contrario.

Debería responderlas con orgullo.

Porque la profesionalización no se mide solamente por la calidad del espectáculo.

También se mide por la dignidad con la que se trata a quienes lo hacen posible.

Que Rocío Gálvez deje el Real Madrid para jugar en Juárez es una noticia importante.

Que estrellas de España, Francia, Brasil, Suecia, Colombia y otros países vean a México como una opción profesional también lo es.

Pero la noticia más grande llegará cuando podamos afirmar que todas las futbolistas, mexicanas y extranjeras, encuentran aquí reglas claras, contratos dignos, protección laboral y oportunidades reales de crecimiento.

México ya está demostrando que puede atraer talento mundial.

Ahora debe demostrar que puede construir una liga a la altura de ese talento.

Porque una competencia no se vuelve grande solamente por los nombres que consigue contratar.

Se vuelve grande por las condiciones que es capaz de garantizar.

Y esa también es la otra mitad de la cancha.