Por Edgar Ochoa / Notiver
Chetumal, Quintana Roo.— El amor por el softbol no tiene edad y los integrantes de Azulejos de Veracruz son el mejor ejemplo de ello, al visitar a sus amigos de Astros de Chetumal, como parte de la sexta edición de los Juegos de la Amistad, un encuentro que va mucho más allá de los resultados deportivos y que celebra la convivencia, el compañerismo y la pasión por seguir disfrutando del diamante.
En la categoría de mayores de 60 años, los jugadores veracruzanos demuestran que las ganas de competir, el entusiasmo por vestir el uniforme y la emoción de tomar un bat o colocarse el guante siguen intactos con el paso de los años.
Cada entrada representa una nueva oportunidad para disfrutar del juego, compartir experiencias y fortalecer los lazos de amistad que nacen y crecen alrededor de una pelota.
La presencia de Azulejos en tierras quintanarroenses es también motivo de reconocimiento para hombres que han encontrado en el deporte una forma de mantenerse activos, convivir y alimentar una pasión que los acompaña a lo largo de sus vidas.
Porque llegar a esta etapa y conservar la actitud, la disciplina y el deseo de seguir jugando es un triunfo que merece todos los aplausos.
El equipo de Azulejos de Veracruz está integrado por Fernando Bravo, Moisés González, Héctor Marín, Armando Silva, Benjamín Grijalva, Felipe Cruz, Felipe Martínez, Macario de la Rosa, Eloy Campos, Amadeo Martínez, Juan Alarcón, Cristóbal Pérez, Sergio Nambo, Miguel Caballero, Miguel Ángel Villa, Guillermo Méndez, Heraclio Tenorio y Nicolás Mendoza, quienes representan con orgullo al softbol veracruzano en esta convivencia deportiva.
Frente a Astros de Chetumal, los veracruzanos comparten mucho más que un partido: comparten historias, anécdotas, amistad y el gusto por un deporte que les sigue regalando motivos para levantarse cada día con entusiasmo.
En cada jugada se refleja el esfuerzo de quienes se niegan a dejar de hacer lo que aman y entienden que la edad no debe ser una barrera para seguir persiguiendo sus sueños.
La sexta edición de los Juegos de la Amistad confirma que el softbol también es una escuela de vida, donde se aprende a competir con respeto, a disfrutar cada momento y a valorar la oportunidad de seguir dentro del terreno de juego.
Porque mientras exista la ilusión de jugar, habrá motivos para ponerse el uniforme, tomar el guante y salir al diamante.
Azulejos de Veracruz y Astros de Chetumal demuestran que la verdadera victoria está en conservar viva la pasión por el softbol, cuidar la amistad y disfrutar cada lanzamiento como un regalo de la vida.