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TIPS PARA MEJORAR TU CALIDAD DE VIDA | EL SURGIMIENTO DE LA MEDICINA - Es muy posible que el hombre, en cuanto llegó a la etapa del razonamiento, haya descubierto, por un proceso empírico –de prueba y error- qué plantas podían usarse como alimento…

Es muy posible que el hombre, en cuanto llegó a la etapa del razonamiento, haya descubierto, por un proceso empírico –de prueba y error- qué plantas podían usarse como alimento, cuáles eran venenosas y qué otras tenían valor medicinal...

TIPS PARA MEJORAR TU CALIDAD DE VIDA | EL SURGIMIENTO DE LA MEDICINA - Es muy posible que el hombre, en cuanto llegó a la etapa del razonamiento, haya descubierto, por un proceso empírico –de prueba y error- qué plantas podían usarse como alimento…

Por el Dr. Rafael V. Aguirre Meneses

Es muy posible que el hombre, en cuanto llegó a la etapa del razonamiento, haya descubierto, por un proceso empírico –de prueba y error- qué plantas podían usarse como alimento, cuáles eran venenosas y qué otras tenían valor medicinal.

Sin embargo, el hombre no llegó de inmediato a la conclusión de que la enfermedad y la muerte eran algo natural; aceptaba los catarros comunes, los dolores de estómago, el estreñimiento y la diarrea, el desgaste de sus dientes y las caries como cosas de la vida cotidiana y los trataba con los remedios vegetales que tenía a la mano.

De acuerdo con los huesos encontrados en la actualidad, correspondientes a humanos de las eras paleolítica, mesolítica y neolítica, la duración de la vida era de entre 30 y 40 años.

Los hombres vivían más tiempo que las mujeres debido a que estas ultimas debían enfrentarse a los riesgos adicionales del embarazo y el parto.

Las muertes no se debían principalmente al parto, aunque las mujeres solían morir durante este proceso, como lo demuestran los esqueletos con los restos del feto fuertemente incrustados en la pelvis o los restos de recién nacidos enterrados junto a sus madres.

Más bien, la muerte de las mujeres se debía a la desnutrición crónica que estos procesos naturales producían en ellas, lo cual las hacia mucho más vulnerables todavía a toda clase de enfermedades.

En los tiempos más remotos, es probable que los humanos se hayan curado en formas muy parecidas a las de los animales: lamiendo las heridas, despiojándose mutuamente, comiendo pastos eméticos, frotando las partes golpeadas o lastimadas, utilizando el calor para aliviar el malestar o aplicando el frío para disminuir el dolor.

¿Cuántas veces hemos visto a un perro “purgarse” comiendo pasto, o revolcarse en el lodo para evitar que lo piquen los mosquitos?

No obstante, existían enfermedades serias e incapacitantes que formaban parte de otra categoría que, según el hombre primitivo, tenían un origen sobrenatural y eran obra de algún espíritu maligno o un demonio ofendido que se había apoderado del alma del afectado o lo habían hechizado.

Es aquí cuando surge la figura del chamàn –un especialista-, el encargado de proteger a la comunidad contra el mal clima, las cosechas pobres, el fracaso de la cacería y casi cualquier tipo de catástrofe.

Debido a que la enfermedad entre los pueblos antiguos era algo ocasionado por los dioses, los espíritus malignos, la magia o el “mal de ojo”, el propósito del “diagnostico” efectuado por el chamàn era determinar la ofensa cometida y la persona o demonio que estaba ocasionando el mal.

Se averiguaba, entonces, si se había violado algún tabú, si se había ofendido a algún personaje poderoso.

El chamàn elaboraba una versión acerca de los hechos mediante una “consulta” –por lo general en estado de trance- con los dioses, para descubrir al mortal o dios que habían lanzado el maleficio.

Dado que en las culturas primitivas la enfermedad se concebía dentro de un marco mágico-religioso, un grupo mayor que el solo individuo afectado podía ser partícipe de la causa del mal y de su curación.

El punto principal de los ritos de curación consistía en ahuyentar los espíritus malignos, atraer de regreso el alma extraviada del paciente o propiciar a los dioses ofendidos.

Desde luego, una vida sin tacha era la mejor garantía de conservar la salud.

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