*Graban momentos de la explosión
Por Rodrigo Barranco Déctor/NOTIVER
El pozo Krem‑1 volvió a encenderse en Las Choapas, al sur del estado de Veracruz, y el resurgimiento de las llamas confirmó que la emergencia petrolera más prolongada en Veracruz sigue activa, sin control técnico y sin una explicación pública de Pemex.

Habitantes de las comunidades Guadalupe y Constitución Mexicana reportaron una explosión repentina durante la madrugada de ayer, seguida de una columna de fuego que volvió a levantarse sobre la zona donde, durante semanas, solo se observaba la salida constante de gas.
El resplandor es visible desde varios kilómetros y el olor a combustible regresó con la misma intensidad que en los primeros días del siniestro.
El incidente ocurre a casi cinco meses de la explosión inicial del 5 de marzo, cuando el Krem‑1 se convirtió en un punto crítico de fuga y combustión continua.
Desde entonces, el sitio ha mantenido una emisión sostenida de gas natural que, según estimaciones técnicas, supera los 300 millones de metros cúbicos quemados en este periodo, una cifra equivalente a cerca de la mitad del consumo residencial nacional registrado en 2023.
La magnitud del flujo y la duración del evento colocan al Krem‑1 como el segundo accidente petrolero más largo en la historia del país, solo detrás del Ixtoc‑1.
La reactivación del fuego ocurre en un contexto de desgaste ambiental severo.
En los alrededores del pozo, los árboles muestran sequedad extrema, caída de follaje y acumulación de residuos aceitosos.
Ganaderos han documentado la muerte de reses y la pérdida total de potreros que quedaron cubiertos por una mezcla de sal, hollín y material particulado que se deposita de manera constante desde marzo.
La fauna silvestre prácticamente desapareció de la zona y los cuerpos de agua cercanos presentan capas visibles de contaminación superficial.
Las comunidades afectadas insisten en que los daños ya son irreversibles y que la emergencia ambiental no ha sido atendida con la seriedad que exige la magnitud del siniestro.
En el plano social, los habitantes mantienen bloqueos intermitentes y exigencias de reparación de daños.
Las familias que viven a menos de dos kilómetros del pozo reportan problemas respiratorios, irritación ocular y presencia constante de humo, además de la incertidumbre generada por la falta de información oficial.
La explosión que reactivó las llamas incrementó el temor de que el yacimiento esté experimentando variaciones de presión que podrían derivar en nuevos episodios de combustión o en un aumento del flujo de gas.
La ausencia de un cerco técnico permanente y la limitada presencia de personal especializado alimentan la percepción de abandono.
