*Hay consternación entre el gremio petrolero
Por Rodrigo Barranco Déctor/NOTIVER
Óscar Ochoa Ochoa, el vigilante de la refinería Lázaro Cárdenas murió la tarde de ayer domingo en el Hospital Regional de Pemex, donde permanecía internado desde el ataque armado registrado en la portada norte del complejo, en el municipio de Minatitlán, al sur del estado de Veracruz.
El ataque armado directo es un hecho inédito, no obstante en el estado de Veracruz la violencia de grupos delictivos contra Pemex y sus trabajadores cuenta con antecedentes. https://t.co/e200GB7Ysi
— NOTIVER (@NOTIVER) October 11, 2026
Su muerte eleva a dos las víctimas mortales del atentado que golpeó de lleno a la seguridad industrial del corredor Minatitlán–Coatzacoalcos, y que mantiene en vilo al gremio petrolero que ya subió sus condolencias por ambos decesos.
El ataque ocurrió la noche del sábado.
Un sujeto armado llegó al acceso, encaró directamente a los vigilantes y abrió fuego a quemarropa.

Eduardo Espinoza Gómez, de 30 años, murió en el sitio.
Óscar intentó intervenir, pero recibió disparos en la cabeza y fue trasladado de emergencia al hospital, donde finalmente perdió la vida casi 24 horas después.
La escena quedó marcada por más de diez casquillos percutidos.
Autoridades ministeriales acudieron al nosocomio para integrar el deceso a la carpeta de investigación.
Hasta ahora no hay detenidos, no hay móvil confirmado y no existe una postura actualizada de Pemex más allá del comunicado inicial donde sólo reconocieron “dos lesionados”.
El sindicato petrolero condenó el ataque y exigió que el caso no quede impune.
El doble homicidio se suma a denuncias recientes de trabajadores sobre presencia de grupos armados, vigilancia hostil y agresiones en instalaciones estratégicas del sur de Veracruz.
La refinería, uno de los puntos neurálgicos de Pemex, quedó exhibida como un objetivo vulnerable en un corredor industrial donde la violencia ya rebasó los perímetros de seguridad.
Según las primeras versiones, el responsable huyó en una moto que lo esperaba a unos metros del ataque, sin que ninguna autoridad pudiera detenerlo, pese a que se trata de un complejo vital para el desarrollo del país.