“Ante una generación que tiene empobrecida el alma, sin esperanza y que enfrenta inseguridad e inestabilidad, se necesitan maestros que formen personas…”
LUZ MARÍA RIVERA/(NOTIVER
El libro “Maestros con Alma.
Calazans para todos”, de Javier Alonso Arroyo, es uno de esos textos que uno cree que adivina desde el título, el origen del autor y hasta por la portada, pero que resulta toda una sorpresiva revelación: porque no es sólo la historia de San José de Calasanz sin ser biografía, sino un relato ameno, breve, de la fundación de las llamadas “Escuelas Pías”, en la Roma del 1617; sino que aborda y revela, la condición del Ser Maestro, de la Vocación y de la pérdida de la misma; y de la dificultad que entraña, en cualquier parte del mundo, igual que en aquellos tiempos como hasta nuestros días, el oficio y esta labor poco reconocida, mal pagada e inestable.
El libro “Maestros con Alma…” ofrece al lector abierto, sin prejuicios, un acercamiento al origen fundacional de la escuela concebida para la enseñanza de los niños pobres, pero también de los niños ricos, para que, juntos, sin barreras de clase, aprendieran unos de otros, y recibieran instrucción en Gramática y Matemáticas, entre otras materias, guiados por el espíritu de su tiempo: en la observancia de Valores comunes y el temor y conocimiento de Dios; por un hombre de su tiempo que no dista mucho del actual: obligaciones familiares, herencias, vocaciones y tentaciones; un sacerdote muy joven José de Calasanz, convencido de la necesidad de ofrecer, a los más necesitados, la Educación de forma Gratuita: un plan audaz hasta para la propia Iglesia Católica de su época.
A lo largo del texto, queda refrendado el carácter universal del mismo: no sólo es para los maestros “Calasancios”, o de formación religiosa Católica: sino para todos aquellos maestros y maestras en nuestro mundo Occidental que hoy están inmersos en la labor educativa: el autor, P. Javier Alonso, presentó su libro recientemente, en uno de los auditorios de la Universidad Cristóbal Colón en la ciudad de Veracruz, en donde actualmente es Rector, después de haber vivido la experiencia docente en Venezuela: país que sigue sufriendo la dictadura impuesta por Hugo Chávez y continuada por Nicolás Maduro, hoy preso en una cárcel de Estados Unidos, pero cuya estructura en aquél país, sigue vigente.

De manera breve aludió Alonso Arroyo a esta experiencia venezolana desde la confirmación que la labor educativa siempre es difícil: que los maestros viven situaciones de estrés y carencias materiales que les hacen tambalear la vocación.
Hizo lo que pudo desde su posición.
Su libro, edición mexicana de este 2026 y de PCC Editorial y Distribuidora, S.A., es una primera edición, y la dividió en 30 breves capítulos, y todos abren con una cita breve de textos bíblicos, y un abordaje directo a los problemas a los que se enfrentó Calasanz en su empresa educadora; sin evitar los temas mundanos, terrenos y hasta escabrosos (el envenenamiento de un superior en un monasterio, la tentación por una mujer que le hizo abandonar ciudad y estudios, la sospecha de abusos a algunos niños y su condena enérgica a “esta peste”, entre otras) .
Y además, las relaciones que hubieron podido afectar el proyecto de quien todavía no era Santo según la Iglesia, pero que, desde niño, por su acendrada devoción, ya le apodaban sus compañeritos: “el santet”, el santito; y que fue, una de ellas, nada menos que con el científico condenado por la Iglesia: Galileo Galilei.
Libro súper ameno, con “anexos” que explican la línea de tiempo en que se fundan las “escuelas pías”, además de fuentes y bibliografía detallada; el autor no escatima en el reconocimiento a los grandes educadores: no sólo religiosos sino laicos, entre ellos al brasileño Paulo Freyre a quien le reconoce su legado y su insistencia en la necesidad de que los maestros, no pierdan la Esperanza.
Por cuestiones de espacio, les ofrecemos unas breves citas de tan interesante libro: “El maestro genera un clima de confianza y seguridad con los alumnos, lo que facilita el aprendizaje, especialmente de las materias más difíciles.
Calasanz desea que los niños se sientan valorados desde el primer día de escuela… A lo largo de la historia, los niños siempre han sido objeto de abusos de todo tipo, especialmente de abusos sexuales.
Calasanz también fue consciente de esa amenaza real y tuvo que afrontar algunos casos que se le presentaron.
Sabe de la gravedad del problema, sobre todo cuando los maestros están en relación constante con los niños, por ello manifiesta su preocupación al P. Pedro Casani…” (P.80).
“El maestro tiene muchos momentos donde experimenta la decepción y la impotencia. La realidad de los alumnos, del colegio y del sistema educativo es desbordante y compleja. Normalmente, el esfuerzo que el maestro hace no se corresponde con los resultados y aparece el desánimo. Por ello, el maestro debe tener paciencia porque los frutos de su trabajo no dependen sólo de él…” (P.51).
“El maestro debe estar bien formado y debe creer en el poder del conocimiento. No es buen maestro solo por lo que sabe de la materia, ni solo porque sabe tiene buena relación con los alumnos.
Debe atraer a los alumnos a la materia para enseñarla adecuadamente. Por ello, hay que seleccionar a maestros apasionados por los contenidos que enseñan, que los sepan enseñar con método y, sobre todo, con empatía…” (p. 39).
“Hay que prevenir a los niños de la corrupción y de los abusos de los adultos. “Los niños son plantas tiernas y fáciles de manejar, pero se pueden corromper con facilidad” (MT 15).
Por ello, hay que “conservar a los niños en la inocencia bautismal” con una eficiente “educación preventiva del mal e inductora hacia el bien” (MT9).
“El testimonio de Calasanz enseña que hay que mantener la esperanza en medio de las dificultades que tiene un maestro en el ejercicio de su oficio.
Realmente la educación es un ministerio muy noble y necesario, pero muy sacrificado, está sometido a los vaivenes de las ideologías, de los acontecimientos históricos, de las demandas del mercado y la presión de las familias.
En muchas ocasiones, el maestro está sometido a tanta presión que desanima, pierde la vocación y abandona el trabajo desgastado emocionalmente. Es el síndrome de burnout, del profesor quemado que ha perdido toda motivación e ilusión por educar……” (P.156).
“ José de Calasanz fue un gigante de la educación, un gran innovador porque dio una respuesta creativa y eficaz a las necesidades educativas de su época. El gran historiador Ludwig von Pastor, en su monumental Historia de los Papas escribe”:
“En noviembre de 1597, después de que algunos miembros de la sociedad de la Doctrina Cristina hubieran prometido su cooperación, pudo nacer allí la primera escuela pública popular gratuita”.
El papa Pío XII lo declaró patrón de las escuelas populares cristianas en 1948 en el Breve Providentissimus Deus. El día 27 de noviembre se celebra el Día del Maestro en España en memoria de San José de Calasanz, pero ya muy pocos hacen memoria de él salvo en las escuelas de la familia calasancia…” (p.9).