“NO HAY NADA MÁS RESISTENTE QUE UNA MADRE”
*La protesta se ha ido nutriendo desde inicios de mes desde varios Estados del país, pero no han sido recibidas por las autoridades
CIUDAD DE MEXICO.—¿Y usted, por quién viene? —le pregunta una mujer a otra, en medio de una cocina improvisada bajo una carpa, repleta de comida y víveres en medio de la calle Río Pánuco, en Ciudad de México.
Por mi hija, a la que se llevaron hace diez años —le responde.
La conversación entre Catalina Barrera, abuela de Mario Alberto de Alba Barrera, y María del Pilar, madre de Evelyn Chávez, sucede entre ollas, bolsas de pan y botellas de agua.
Es mediodía, y varias decenas de mujeres llegadas desde Michoacán, Jalisco, Tamaulipas o Veracruz pasan el tiempo llenando formularios, conversando entre ellas o atendiendo al teléfono a las puertas de la Fiscalía General de la República (FGR).
Llegaron el pasado 9 de septiembre y permanecen hasta ahora, sin que las hayan recibido.
“Creen que nos vamos a cansar, pero no saben que no hay nada más resistente que una madre”, dice una de ellas.
Durante la noche, llegaron otras cuatro.
Son más de cien: madres, hermanas, tías de personas desaparecidas.
Algunas son tímidas, sienten miedo de hablar.
Otras, como Catalina Barrera y María del Pilar, comparten lo que les llevó al plantón.
A Mario Alberto de Alba Barrera se lo llevaron cuando tenía 29 años, en Nueva Italia, Michoacán, el 11 de febrero de 2024.
Su abuela es Catalina, una mujer mayor que va acompañada de su nieta, Carolina Barrera.
María del Pilar llegó desde Veracruz.
Después de que su hija desapareciera, en mayo de 2016, se ha encargado de cuidar a su nieta, una niña de 12 años que tiene también a su padre desaparecido.
A él se lo llevaron tres meses antes.
No se sabe nada de ninguno de los dos.
Duermen en casas de campaña y, en el reducido espacio en el que se levanta una docena de pequeñas viviendas, también hay muebles improvisados en pequeñas mesas o bancos de plástico que tienen encima conexiones eléctricas con varios celulares al mismo tiempo, listones colgados sobre los que hay retratos de hombres y mujeres jóvenes o adultos.
Fichas de búsqueda de todas las formas, tamaños y colores.
Ellas están ahí porque en sus Estados no han recibido respuestas, o porque las autoridades que debían poner en marcha una investigación judicial resultaron estar coludidas con los responsables de las desapariciones de sus seres queridos.
“A mi hermana le dijeron que no se preocupara, que su hijo estaba ya trabajando con ‘la maña’ [un grupo criminal], y solo eso”, recuerda Carolina Barrera.
Entre las carpas y las mujeres circulan también personas de varias organizaciones.
Personal de Médicos del Mundo toma la presión y los niveles de glucosa de algunas de ellas; un psicólogo de Save the Children les explica lo que sucede en sus cuerpos después del trauma, o las enfermedades que se anidan en sus cuerpos después de vivir los terrores que han vivido.
También han llegado agrupaciones civiles.
Un par de adolescentes reparten bolsas con calcetines para cada una de las buscadoras y la cocina improvisada rebosa de comida.
“Los que más nos han ayudado son las personas que vienen a dejar comida”, relatan.
Muy cerca, a unos metros de distancia, la alcaldía ha puesto baños.
La organización Abogados Convencionalistas de México llegó a Río Pánuco y reunió la información de los casos de más de 50 madres ahí presentes.
“Ellos [FGR] tienen la obligación de recibir cualquier tipo de denuncia, incluso si no fuera de su competencia, pero el problema aquí es que la puerta está cerrada”, dice Silvia Olvera, abogada integrante de este movimiento.
El lunes pasado la organización interpuso un amparo para que la Fiscalía respondiera a las víctimas.
El recurso fue resuelto cuatro días después.
“Nuestra misión primordial era promover un amparo para lograr que pudieran recibir a las madres y que se les tomara su denuncia”.
Un juez, recalca Olvera, instruyó a la FGR, en la instancia de desaparición forzada, para que en un plazo de 48 horas reciba las denuncias de todas estas mujeres.
Entonces, personal de la Fiscalía apareció por el lugar e instaló una mesa con un par de sillas a un lado del plantón, sobre la banqueta.
Con hojas de papel y un letrero en el que se lee “Módulo de atención itinerante”, los funcionarios pedían a las madres acercarse para llenar un formato de apoyo para las denuncias.
Para Margarita López, madre buscadora, exdiputada y una de las voces que lidera esta protesta, no es más que una simulación.
“Son cuatro sillas, ¿en qué van a escribir?, ¿en qué van a tomar las denuncias? No hay ahí una sola computadora.
Una denuncia debe ser tomada por un fiscal, y quienes están ahí son personal de servicios ciudadanos y las madres lo saben; por eso no tienen confianza de acercarse", explica.
El plazo para la fiscalía fijado por un juez terminó el pasado viernes.