*El futbol volvió a unir a mexicanos de todos los estratos sociales, aquí, en la frontera se vivieron momentos de alegría en las maquilas, comercios y restaurantes
CIUDAD DE MEXICO.- A las dos de la tarde, mientras el balón comenzaba a rodar en el Estadio Ciudad de México, otro fenómeno ocurría a cientos de kilómetros de distancia.
En oficinas, comercios, restaurantes y plantas maquiladoras de Ciudad Juárez, miles de personas hicieron una pausa para mirar a la Selección Mexicana en su debut mundialista.
En empresas como Inventec, diversas áreas fueron acondicionadas con pantallas gigantes, proyectores y sistemas de sonido para seguir cada jugada del encuentro.
Los asadores comenzaron a trabajar desde temprano, las hamburguesas circularon entre los trabajadores y la conversación cotidiana quedó sustituida por pronósticos, alineaciones y análisis de cada avance del Tricolor.
La escena se repitió en otras compañías, como Tecma planta 42, donde los empleados convirtieron la jornada laboral en una pequeña tribuna mundialista.
Hubo olas, festejos y nervios compartidos, como si las gradas del estadio se hubieran extendido hasta la frontera.
Lo mismo ocurrió en casi todos los restaurantes de la ciudad que lucieron abarrotados.
Es uno de los fenómenos más peculiares del futbol mexicano.
Pocas cosas tienen la capacidad de paralizar al país como un partido de la Selección Nacional.
Durante noventa minutos disminuyen las discusiones políticas, las diferencias ideológicas y hasta las rivalidades cotidianas.
El directivo y el operador, el empresario y el empleado, el simpatizante de derecha y el de izquierda terminan observando la misma pantalla y celebrando los mismos goles.
Eso representa la Selección Mexicana para millones de personas.
No es solamente un equipo de futbol.
Es un punto de encuentro emocional.
Una camiseta capaz de reunir, aunque sea por un instante, a un país acostumbrado a debatirse entre diferencias.
Por eso cada Mundial provoca algo más profundo que un evento deportivo.
Provoca una tregua colectiva.
Y este jueves volvió a ocurrir.
México ganó en la cancha, pero también fuera de ella, donde millones de personas compartieron la misma emoción y demostraron que, al menos cuando juega el Tri, todavía existe algo capaz de unir a todo el país.