® Notiver La Noticia En El Momento Que Sucede. Todos los Derechos Reservados

TEXTO IRREVERENTE | HANAMI 2026 - En Europa, como en parte de Asia, la primavera no se considera que llegó plenamente hasta el Hanami. Es decir, cuando florecen los cerezos. Hanami es la palabra nipona para definir la...

En Europa, como en parte de Asia, la primavera no se considera que llegó plenamente hasta el Hanami. Es decir, cuando florecen los cerezos. Hanami es la palabra nipona para definir la contemplación de la florescencia en los...

Por Andrés Timoteo

HANAMI 2026

En Europa, como en parte de Asia, la primavera no se considera que llegó plenamente hasta el Hanami.

Es decir, cuando florecen los cerezos.

Hanami es la palabra nipona para definir la contemplación de la florescencia en los sakuras o cerezos (Prunus serrulata, su nombre científico).

Estos hermosos ejemplares si bien son originarios y símbolos de Japón bien crecen y son tan admirados como disfrutados en suelo europeo.

Al sur de París hay un pequeño bosque de sakuras dentro del Parc des Sceaux o Parque de los Sellos.

Dicho espacio, diseñado hace tres siglos por André Le Nôtre, el celebre jardinero de Luis XIV y creador de los jardines del Palacio de Versalles, tiene 150 cerezos que fueron plantados a finales de la década de los cuarenta del siglo pasado.

Es una delicia recorrer ese bosquecillo que se pinta de blanco y rosa en cada floración primaveral.

Y conforme avanzan los días y las flores van soltando los pétalos, el suelo se vuelve una mullida alfombra con los mismos colores.

Acostarse y retozar en la misma, armar una guerra de pétalos o simplemente contemplar el paisaje llena los ojos y embelesa el alma.

Claro, con el ‘pique-nique’ (picnic) que para los franceses es tan necesario como el rezar.

Y he ahí la combinación perfecta: el entorno con los cerezos floreciendo y sobre el mantel los quesos, la charcutería y el ‘foie gras’.

También la baguette en rodajas y una botella de vino.

Ah y como agregado, el espectáculo de la comunidad japonesa en la Ciudad Luz que acude para celebrar el Hanami, algunos vestidos con los tradicionales kimonos y los más jóvenes con disfraces de personajes de manga y anime.

Deleitarse en París viendo florecer los cerezos es una experiencia igual de hermosa que ver en México y otros países de Latinoamérica el Hanami azul y violeta de las jacarandas o el amarillo de los guayacanes, también regalos primaverales de la naturaleza.

Por cierto, este año y ante la previsión de una llegada masiva de visitantes al Parc des Sceaux, el ingreso para el lapso de floración de los sakuras -del 4 al 19 de abril- es bajo reservación y desde finales de marzo -el día 15 se abrió el registro- se agotaron los pases.

Algunos se quedarán sin celebrar allí el Hanami, pero en otros jardines y parques parisinos también hay plantíos de cerezos aunque más pequeños.

¿VIERON AL CONEJO?

Sin duda que esta primavera es especial e histórica porque además de disfrutar la naturaleza colorida en la tierra podemos asombrarnos con la del cielo, concretamente del espacio sideral con las imagines del satélite que llamamos Luna a través de las potentes lentes de la nave Artemis II cuyo viaje inició el primero de abril y concluyó ayer viernes.

Los astronautas del Artemis II no alunizaron como lo hizo el Apolo II hace más de media centuria, en julio de 1969, pero sí aportó datos y paisajes inéditos para la humanidad al rodear la luna.

Y por fin conocimos su lado oculto, y se desmintieron teorías conspirativas difundidas en los últimos cincuenta años.

No existe una ciudad alienígena escondida ni hay un ‘parking’ de platillos voladores.

La duda ahora es si los tripulantes del Artemis II pudieron encontrar al conejo que mandó Quetzalcóatl desde los tiempos primigenios.

Según la leyenda, el dios prehispánico bajó un día a la tierra, disfrazado de mortal, para calar los sentimientos de sus criaturas.

Cansado y con hambre tras andar caminando todo el día llegó a un prado donde pretendía reposar y ahí encontró a un conejito que comía zacate.

Este al oír las quejas del hambriento le compartió de su hierba.

Pero como el dios no comía zacate entonces el conejo se ofreció en sacrificio para que se alimentara.

Ante su muestra de generosidad, Quetzalcóatl lo recompensó elevándolo al cielo para inmortalizarlo en la cara visible de la luna.

¿Lo habrán visto los viajeros del Artemis II?

LUNA BURLONA

Desde acá abajo mucho se ha poetizado, filmado, pintado, grabado y cantado a la luna.

A los niños se les dice que es de queso o de plata.

Por ahí una ronda infantil nos hacía pedir: “luna dame pan” porque también concede deseos.

Algunas leyendas la usan como un temporizador de hombres-lobo cuando está plena.

En México es la piñata de cristal que cuelga del cielo cada Navidad Guadalupana.

También se le considera abogada y cómplice de los enamorados, aunque llega a mofarse de los terrícolas si las penas del corazón les atrofian el cerebro.

La banda francesa Indochine lanzó en el 2002 una canción que hoy es de culto, “J'ai demandé à la lune” (“Le pregunté a la luna”), que habla de cuando esa intermediaria cósmica en asuntos del amor se harta de tanta melcocha y sufrimiento masoquista en algunos.

Le pregunté a la luna/ si todavía me querías./ Ella me dijo: ‘no acostumbro a ocuparme/ de casos como el tuyo’./ Le mostré mis heridas/ y la luna se burló de mi./ Y tu y yo lo sabíamos/ y hasta nos decíamos/ que lo nuestro era solo una aventura/ y que ésta no duraría mucho”.

-La traducción no está rimada pero el verso en francés es galano-.

Escuchen la melodía mientras se maravillan con los paisajes que envió el Artemis II: https://www.youtube.com/watch?v=KAOmC5qT02w

*Envoyé depuis Paris, France.