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¡INMIGRANTES VIENEN EN MASA: CREEN QUE PUEDEN QUEDARSE!

Durante décadas, jóvenes solteros, principalmente de México y más tarde de Centroamérica, hacían todo lo posible por burlar a los agentes fronterizos estadounidenses para llegar a Los Ángeles...

¡INMIGRANTES VIENEN EN MASA: CREEN QUE PUEDEN QUEDARSE!

*La solicitud de asilo se ha convertido en la vía más segura para que los inmigrantes permanezcan en Estados Unidos

WASHINGTON.-Durante décadas, jóvenes solteros, principalmente de México y más tarde de Centroamérica, hacían todo lo posible por burlar a los agentes fronterizos estadounidenses para llegar a Los Ángeles, Atlanta y otros lugares ávidos de su mano de obra.

En la actualidad, personas de todo el mundo cruzan la frontera sur, la mayoría con las mismas ganas de trabajar.

Pero en lugar de intentar eludir a las autoridades estadounidenses, la inmensa mayoría de los migrantes buscan a los agentes fronterizos, a veces esperando horas o días en campamentos improvisados, para entregarse.

Ser introducido a toda prisa en un vehículo de la Patrulla Fronteriza estadounidense y trasladado a un centro de procesamiento no es un contratiempo.

De hecho, es un paso crucial para poder solicitar asilo, que ahora es la forma más segura de que los inmigrantes permanezcan en Estados Unidos, aunque pocos acaben ganando sus casos.

Vivimos en una era de migraciones masivas, alimentadas por los conflictos, el cambio climático, la pobreza y la represión política, y alentadas por la proliferación de vídeos de TikTok y YouTube que narran los viajes de los migrantes a Estados Unidos.

Unos seis millones de venezolanos han huido de su convulso país, el mayor desplazamiento de población de la historia moderna de América Latina.

Migrantes de África, Asia y Sudamérica están hipotecando sus tierras familiares, vendiendo sus coches o pidiendo dinero prestado a usureros para embarcarse en largos y a menudo traicioneros viajes para llegar a Estados Unidos.

Sólo en diciembre, más de 300.000 personas cruzaron la frontera sur, una cifra récord.

No es sólo porque crean que podrán cruzar los 3.000 kilómetros de frontera sur. También están seguros de que una vez que lleguen a Estados Unidos podrán quedarse.

Para siempre.

Y, en general, no se equivocan.

Estados Unidos está tratando de gestionar un sistema de inmigración con una fracción de los jueces, funcionarios de asilo, intérpretes y demás personal que necesita para atender a los cientos de miles de inmigrantes que cruzan la frontera y acuden en masa a ciudades de todo el país cada año.

Esa disfunción ha hecho imposible que la nación decida con rapidez quién puede permanecer en el país y quién debe ser devuelto a su patria.

"No conozco a nadie que haya sido deportado", dijo Carolina Ortiz, una inmigrante colombiana, en una entrevista a finales de diciembre en un campamento a las afueras de Jacumba Hot Springs, a unos 100 kilómetros al sureste de San Diego y a tiro de piedra de la imponente barrera de color óxido que separa Estados Unidos de México.

Para la mayoría de los inmigrantes, Estados Unidos sigue siendo la tierra de las oportunidades.

Muchos vienen en busca de trabajo, y van a hacer lo que sea necesario para trabajar, incluso si eso significa presentar una débil solicitud de asilo, dijeron varios abogados.

Para tener derecho a asilo, los solicitantes deben convencer a un juez de que regresar a su país de origen les causaría daños o la muerte por motivos de raza, religión, nacionalidad, opinión política o pertenencia a un determinado grupo social.

La Sra. Ortiz, de 40 años, dijo que tenía la intención de solicitar asilo basándose en la violencia en Colombia.

Sus posibilidades de conseguirlo son escasas, ya que la violencia por sí sola no suele cumplir el requisito de persecución.

Aun así, estará protegida de la deportación mientras su solicitud esté pendiente y tendrá derecho a un permiso de trabajo.

Los tribunales de inmigración que resuelven las reclamaciones, escasos de fondos, se ven desbordados por el creciente número de casos, por lo que las solicitudes languidecen durante años y, mientras tanto, los inmigrantes construyen sus vidas en Estados Unidos.

La Sra. Ortiz, enfermera, dijo que había pedido prestados "millones" en pesos colombianos (varios miles de dólares) para pagar a los contrabandistas que la trajeron a las puertas de Estados Unidos, una brecha en el muro defendido por el ex presidente Donald J. Trump.

Esperó dos días en el frío, con los vientos del desierto azotando su tienda, a que los agentes vinieran a llevársela.

Cuando los agentes se presentaron, trasladaron a la Sra. Ortiz a un centro donde le entregaron documentación en la que constaba que había entrado ilegalmente en el país, se le había abierto un procedimiento de expulsión y debía comparecer ante un juez de inmigración.