
Por: Edgar Ochoa/ NOTIVER
A la Diabla
El Águila de Veracruz se plantó en el diamante del Estadio Alfredo Harp Helú con carácter, pero terminó cayendo 8-7 en un juego que tuvo de todo y que dejó claro que esta Serie Roja no será para cardíacos.
Desde temprano, los Diablos marcaron territorio con el batazo oportuno de Robinson Canó y compañía, armando ventaja que parecía cómoda, pero este Águila ya nos tiene acostumbrados a no bajar la cabeza.
En la quinta entrada, los jarochos sacaron el orgullo y armaron un rally de seis carreras que le dio la vuelta al juego, demostrando que incluso ante el mejor equipo de la liga, hay con qué competirles.
El batazo oportuno, la presión en los senderos y ese ADN combativo volvieron a aparecer en el momento justo.
Sin embargo, el béisbol es así, caprichoso y a veces cruel: cuando parecía que Veracruz se llevaba el primero, el México Rojo respondió en la octava para empatar y mandar todo a extrainnings.
Ya en la décima, un error defensivo terminó inclinando la balanza y dejó tendido al Glorioso en el terreno.
Dolorosa derrota, sí, pero también un mensaje claro: este equipo no se rinde, pelea cada turno y tiene con qué hacerle frente a cualquiera.
Ahora, con Yorvin Pantoja anunciado para el segundo de la serie, la misión solo es una: emparejar la balanza y evitar que la serie se incline peligrosamente.
Porque si algo quedó demostrado esta noche, es que el Águila puede levantarse de cualquier marcador adverso, pero en una serie tan brava, los detalles marcan la diferencia y el segundo juego se vuelve clave para no soltar terreno ante el gigante escarlata.
Se va Molina de El Águila
En otro frente, la salida de talento joven vuelve a encender focos rojos en el puerto, ahora con la firma de Christopher Molina con los Boston Red Sox, un movimiento que deja más dudas que certezas dentro de la Liga Mexicana de Beisbol.
No se trata de frenar sueños, pero sí de poner orden: la fuga constante de peloteros sin una compensación clara debilita la planeación deportiva de los clubes, que invierten tiempo y recursos en desarrollar talento que termina partiendo sin dejar beneficio tangible.
Es momento de que los directivos de la LMB se sienten y establezcan reglas claras, donde al menos el famoso “buy out” garantice algo para las organizaciones que pierden piezas clave.
Mientras tanto, en Veracruz el trabajo no se detiene, y ahora recaerá en Francisco “Pollo” Minjárez la tarea de recomponer un staff de pitcheo que ha sufrido golpes importantes.
No será sencillo, porque la temporada no espera y los ajustes tienen que ser inmediatos, pero si algo ha demostrado esta directiva es capacidad de reacción.
Aun así, el tema de fondo sigue ahí, latente, pidiendo soluciones urgentes para que la liga no siga perdiendo equilibrio competitivo.