
Por: Yolanda Buitrón.
PROFESIONALIZAR TAMBIÉN ES RESPETAR
El fútbol femenil no puede crecer solamente dentro de la cancha
Durante los últimos años hemos repetido una frase que me alegra escuchar:
“El fútbol femenil mexicano está creciendo”.
Y es verdad.
Tenemos una liga profesional, mejores futbolistas, mayor exposición, jugadoras extranjeras importantes y clubes que han comenzado a invertir seriamente en sus proyectos.
Pero esta semana ocurrió algo que debería obligarnos a preguntarnos qué entendemos realmente por profesionalización.
Después de la goleada que América propinó a Cruz Azul, futbolistas celestes fueron objeto de comentarios misóginos en redes sociales.
La situación llegó al punto de provocar pronunciamientos de la Liga MX Femenil y de la Secretaría de las Mujeres, mientras Cruz Azul informó que analizaba posibles acciones legales.
Y entonces aparece una pregunta incómoda:
¿De qué sirve profesionalizar la competencia si no profesionalizamos también nuestra manera de mirar a quienes compiten?
CRITICAR ES PARTE DEL FÚTBOL
Quiero dejar algo perfectamente claro.
Una futbolista profesional puede ser criticada.
Un equipo puede jugar mal.
Una entrenadora puede equivocarse.
Una portera puede cometer un error.
Una delantera puede fallar un gol.
Y los periodistas, aficionados y analistas tenemos todo el derecho de señalarlo.
Eso también forma parte del deporte profesional.
La igualdad que queremos para las mujeres no consiste en protegerlas de la crítica.
Consiste en que se les critique por su fútbol y no por ser mujeres.
Si un equipo pierde 10-0, hablemos de fútbol.
De planteamiento.
De preparación.
De errores defensivos.
De diferencias entre planteles.
De inversión.
De formación.
Hay muchísimo que analizar.
Pero cuando el análisis abandona la cancha y comienza a atacar la condición de mujer de una futbolista, dejamos de hablar de deporte.
LA PROFESIONALIZACIÓN NO TERMINA CON UN CONTRATO
A veces pensamos que profesionalizar significa únicamente pagar salarios.
Es fundamental.
Pero es apenas una parte.
Profesionalizar también significa instalaciones adecuadas.
Servicios médicos.
Preparación física.
Entrenadores capacitados.
Contratos dignos.
Protocolos.
Formación.
Comunicación.
Y también significa construir un entorno donde una futbolista pueda ejercer su profesión bajo las mismas reglas de respeto que exigimos para cualquier deportista.
Porque hay algo que debemos entender:
Las mujeres no llegaron al fútbol para que les permitamos jugar.
Llegaron porque tienen derecho a hacerlo.
LAS REDES TAMBIÉN SON UNA TRIBUNA
Antes los insultos podían quedarse en una grada.
Hoy una futbolista termina un partido, toma su teléfono y puede encontrarse cientos de mensajes hablando de su cuerpo, su apariencia, su vida privada o simplemente atacándola por ser mujer.
Eso también tiene consecuencias.
Y aquí todos tenemos responsabilidad.
Los clubes.
La Liga.
Los medios.
Los aficionados.
Y quienes tenemos un espacio desde donde comunicamos.
No podemos pedir respeto únicamente cuando el problema explota.
Tenemos que construirlo todos los días.
TAMPOCO CONFUNDAMOS RESPETO CON SILENCIO
Hay otro extremo que tampoco me gusta.
Pensar que apoyar al fútbol femenil significa no criticarlo.
No.
Si queremos una liga verdaderamente profesional debemos exigirle profesionalmente.
Si un proyecto está mal administrado, hay que decirlo.
Si un equipo no compite, debemos analizar por qué.
Si una jugadora tiene un mal partido, podemos señalarlo.
Si un entrenador se equivoca, podemos cuestionarlo.
Eso es fútbol.
Las jugadoras no necesitan condescendencia.
Necesitan respeto.
Y existe una diferencia enorme.
NUESTRAS NIÑAS TAMBIÉN ESTÁN MIRANDO
Quizá ésta sea la parte que más me preocupa.
Mientras discutimos en redes sociales, hay miles de niñas observando.
Niñas que quieren ser futbolistas.
Que admiran a una jugadora.
Que entrenan cada tarde soñando con llegar algún día a Primera División.
¿Qué mensaje reciben cuando ven que una mujer puede llegar al máximo nivel y aun así debe soportar ataques que nada tienen que ver con su desempeño deportivo?
El fútbol también educa.
Para bien y para mal.
Y nosotros decidimos qué ejemplo dejamos.
EL SIGUIENTE PASO
Hace unos días hablábamos aquí de estructuras, canteras, oportunidades y del nuevo modelo deportivo presentado por la Federación.
Todo eso importa.
Pero ninguna pirámide deportiva estará completa si olvidamos a las personas que la sostienen.
Queremos más niñas jugando.
Queremos mejores futbolistas.
Queremos una Selección competitiva.
Queremos estadios llenos.
Queremos una gran Liga MX Femenil.
Entonces construyamos también una cultura a la altura de esa ambición.
Critiquemos.
Analicemos.
Debatamos.
Exijamos.
Eso hace crecer al deporte.
Pero aprendamos a separar la crítica deportiva de la agresión.
Porque una futbolista profesional no necesita privilegios para competir.
Pero aprendamos a separar la crítica deportiva de la agresión.
Porque una futbolista profesional no necesita privilegios para competir.
Necesita las mismas dos cosas que cualquier futbolista:
Oportunidades para demostrar lo que puede hacer y respeto cuando lo está haciendo.
Quizá el verdadero día en que podamos decir que el fútbol femenil mexicano se profesionalizó completamente no será cuando llegue otra gran figura internacional.
Ni cuando rompamos otro récord de asistencia.
Será cuando podamos hablar durante noventa minutos exclusivamente de lo que hicieron las mujeres con el balón.
Nada más.
Y nada menos.
Porque la igualdad también consiste en poder ganar, perder, equivocarse, levantarse y ser juzgada por lo que ocurre dentro de la cancha.
Profesionalizar también es respetar.
Y esa, también, es La Otra Mitad de la Cancha.