
Por Yolanda Buitrón
La gran batalla del fútbol femenil no es conseguir espectadores por un día.
Es conseguir que quieran regresar.
Hay números que entusiasman.
12,850 personas asistieron al Pumas-América de este Apertura 2026.
Días después, América-Tigres reunió a 20,295 aficionados.
Y sí, me gusta ver esas imágenes.
Me gusta ver tribuna ocupadas en un partido de mujeres porque durante demasiado tiempo nos hicieron creer que nadie quería verlas jugar.
Pero precisamente porque el fútbol femenil está creciendo, creo que debemos comenzar a hacernos una pregunta diferente.
Ya no solamente:
¿Cuántas personas fueron?
Sino:
¿Cuántas quieren volver?
Porque llenar un estadio una noche es un acontecimiento.
Construir una afición es otra cosa.
LA AFICIÓN NO SE
IMPROVISA
Durante mucho tiempo se pensó que bastaba con abrir las puertas, regalar boletos o programar un partido importante para acercar gente al fútbol femenil.
Puede funcionar para una jornada.
Pero una afición necesita algo mucho más profundo.
Necesita identidad.
Historias.
Jugadoras a quienes reconocer.
Rivalidades.
Horarios comprensibles.
Información.
Experiencia en el estadio.
Continuidad.
Y, sobre todo, necesita sentir que ese equipo también le pertenece.
A mí me interesa particularmente lo que sucede con las niñas.
Una niña que hoy va a un estadio y ve a una mujer portar la camiseta que ella ama recibe un mensaje que generaciones anteriores no tuvieron.
Ese lugar también puede ser suyo.
Puede ser aficionada.
Puede ser futbolista.
Puede ser entrenadora.
Puede trabajar algún día en ese club.
Pero no podemos depositar todo el crecimiento en ese simbolismo.
El producto deportivo también tiene que convencerla de regresar.
DOS REALIDADES PUEDEN EXISTIR AL MISMO TIEMPO
Y aquí aparece algo que me parece fundamental.
Podemos celebrar estadios con miles de personas y, al mismo tiempo, reconocer que otros clubes siguen jugando frente a tribunas prácticamente vacías.
Las dos cosas pueden ser ciertas.
Precisamente por eso no debemos utilizar una gran entrada para afirmar que el problema de la asistencia está resuelto.
No lo está.
El desafío consiste en convertir los grandes partidos en una puerta de entrada hacia el resto de la competencia.
Que quien descubrió a una jugadora en un clásico quiera verla la semana siguiente.
Que conozca su historia.
Que siga al equipo.
Que lleve a sus hijos.
Que compre una camiseta.
Que discuta una alineación.
Que se enoje con una derrota.
Que espere el siguiente partido.
Ahí comienza una cultura futbolística.
NO QUIERO PÚBLICO PRESTADO
Yo no quiero que el fútbol femenil dependa eternamente de la afición que ocasionalmente llega desde el equipo varonil.
Quiero que construya también la suya.
Personas que sepan quién juega.
Que conozcan a las juveniles.
Que sigan los movimientos de mercado.
Que tengan una futbolista favorita.
Que recuerden una final.
Que transmitan esa afición a alguien más.
Eso requiere trabajo de los clubes.
Comunicación constante.
Marketing específico.
Buenos horarios.
Acceso a las transmisiones.
Experiencias dignas dentro del estadio.
Historias bien contadas.
Y cercanía entre futbolistas y comunidad.
Porque la afición no aparece solamente porque un equipo gane.
Se construye cuando una persona encuentra una razón emocional para regresar.
ÉSE ES EL NÚMERO QUE QUIERO VER
Claro que celebraré cada récord de asistencia.
Pero hay otro número que me interesa todavía más:
La recurrencia.
Cuántas personas vuelven.
Cuántas pasan de curiosas a aficionadas.
Cuántas niñas que llegaron por primera vez piden regresar.
Cuántas familias incorporan un partido femenil a su vida deportiva.
Ahí estará uno de los grandes indicadores de madurez de nuestra Liga.
Porque el fútbol femenil mexicano ya demostró que puede convocar multitudes en determinados escenarios.
Ahora tiene un reto mucho más difícil:
conseguir que esas personas no sean visitantes.
Que sean afición.
Llenar un estadio es maravilloso.
Construir una comunidad alrededor de un equipo es mucho más poderoso.
Una fotografía de veinte mil personas puede contar la historia de una noche.
Veinte mil personas que quieran regresar pueden cambiar la historia de una liga.
Y esa, también, es La Otra Mitad de la Cancha.