
Por: Yolanda Buitrón
¿CUÁNTAS FUTURAS FIGURAS ESTAMOS PERDIENDO?
Cuando hablamos del crecimiento del fútbol femenil en México, casi siempre pensamos en estadios con más afición, mejores transmisiones, figuras internacionales o clubes que comienzan a invertir con mayor seriedad.
Y todo eso es cierto.
La Liga MX Femenil ha crecido de manera extraordinaria desde su creación y hoy es una referencia en América Latina.
Sin embargo, mientras celebramos ese crecimiento, existe una pregunta que pocas veces nos hacemos.
¿Qué pasa con las futbolistas que nunca llegan a Primera División?
No porque les falte talento.
Sino porque el camino simplemente se termina demasiado pronto.
En el fútbol varonil existe una ruta relativamente clara para seguir desarrollándose.
Un jugador puede formarse en fuerzas básicas, competir en la Liga TDP, dar el salto a la Liga Premier, consolidarse en la Liga de Expansión y, finalmente, buscar un lugar en la Liga MX.
No todos llegan.
Pero existen escalones para seguir creciendo.
En el fútbol femenil la realidad todavía es distinta.
La creación de la Liga TDP Femenil representa un paso importante y merece reconocerse.
También existen las categorías juveniles de la Liga MX Femenil.
Pero entre esa etapa formativa y la Primera División todavía hay un vacío.
Muchas jóvenes terminan su proceso de desarrollo sin encontrar una competencia nacional donde continúen madurando como futbolistas.
Y cuando una deportista deja de competir a los 18, 19 o 20 años, difícilmente regresa al alto rendimiento.
El talento necesita continuidad.
Necesita minutos.
Necesita partidos.
Necesita equivocarse y volver a intentarlo.
No basta con descubrir a una buena jugadora.
Hay que ofrecerle un camino para convertirse en una gran futbolista.
A esto se suma otra realidad.
Muchas jugadoras también estudian una carrera universitaria porque saben que el fútbol, por sí solo, todavía no garantiza estabilidad económica para todas.
La propia Liga MX Femenil ha destacado que más de la mitad de sus futbolistas cursan o concluyeron estudios universitarios, una muestra de su preparación, pero también de la necesidad de pensar en un futuro más allá de la cancha.
Y entonces surge otra pregunta.
¿Cuántas jóvenes abandonan el fútbol no por falta de pasión, sino porque deben elegir entre estudiar, trabajar o seguir persiguiendo un sueño con pocas oportunidades?
No podemos conformarnos con formar una buena Primera División.
También debemos construir el camino que lleve hasta ella.
Una liga fuerte no se mide únicamente por la calidad de sus campeonas.
Se mide por la cantidad de niñas que logran permanecer dentro del sistema durante todo su proceso de formación.
El crecimiento del fútbol femenil no puede depender solamente de contratar figuras internacionales.
Ellas enriquecen la competencia, elevan el nivel y aportan experiencia.
Pero el verdadero éxito llegará cuando México sea capaz de producir cada vez más futbolistas preparadas para competir al máximo nivel.
Para lograrlo necesitamos una estructura completa.
Más competencias.
Más clubes.
Más entrenadoras.
Más espacios para quienes todavía están aprendiendo.
Porque el futuro del fútbol femenil no se decide únicamente en las finales.
Se construye mucho antes, cuando una niña encuentra un lugar donde seguir creciendo sin tener que abandonar su sueño.
Quizá la pregunta no sea cuántas jugadoras llegan a Primera División.
Quizá la pregunta correcta sea cuántas dejamos en el camino.
Porque detrás de cada futbolista que abandona este deporte puede estar la próxima referente de México.
Y esa pérdida no es solamente de ella.
Es de todos.
Y esa también es la otra mitad de la cancha.