
Por: Yolanda Buitrón.
CUANDO MÉXICO EMPIEZA A MIRAR DE
FRENTE AL MUNDO
El crecimiento de nuestros clubes también debe elevar nuestra exigencia
Durante años hablamos del fútbol femenil mexicano pensando en lo que nos faltaba.
Y todavía falta mucho.
Pero de vez en cuando aparece un dato que nos obliga a mirar también lo que hemos construido.
Esta semana América Femenil apareció entre los 30 mejores clubes femeninos del mundo en el ranking de FootballDatabase.
Podemos discutir los rankings.
Podemos discutir su metodología.
Y desde luego, aparecer en una clasificación internacional no convierte automáticamente a un equipo mexicano en potencia mundial.
Pero el dato sirve para abrir una conversación que me parece mucho más importante:
México ya no puede seguir comportándose como si su fútbol femenil estuviera apenas comenzando.
Ya no.
La Liga MX Femenil nació en 2017.
Han pasado nueve años.
Hoy tenemos clubes que contratan futbolistas internacionales, estadios importantes, inversiones mucho mayores, fuerzas básicas y equipos mexicanos que empiezan a ser observados fuera de nuestras fronteras.
Entonces también llegó el momento de elevar nuestra exigencia.
YA NO SOMOS LA LIGA NUEVA
Durante los primeros años era comprensible justificar muchas carencias diciendo que estábamos construyendo.
Había que aprender.
Los clubes estaban formando estructuras.
Las futbolistas apenas comenzaban a tener un camino profesional.
Pero nueve años después esa explicación empieza a quedarse corta.
Hoy debemos preguntarnos otra cosa:
¿qué clase de liga queremos ser?
Porque crecer no significa solamente conseguir mejores jugadoras.
Significa mejorar todo lo que existe alrededor de ellas.
Formación.
Entrenadores.
Instalaciones.
Servicios médicos.
Competencia.
Visorías.
Salarios.
Difusión.
Arbitraje.
Y oportunidades.
El reconocimiento internacional de un club mexicano debería alegrarnos.
Pero también debería incomodarnos un poco.
Porque demuestra que podemos competir en otro nivel.
Y cuando descubres que puedes, ya no puedes seguir exigiéndote como cuando pensabas que no podías.
NO CONFUNDAMOS UN GRAN EQUIPO CON UNA GRAN LIGA
Aquí está para mí el verdadero punto.
Podemos tener América, Tigres, Monterrey o Pachuca construyendo proyectos extraordinarios.
Pero el objetivo debe ser mucho más grande.
Necesitamos una liga extraordinaria.
La diferencia parece pequeña, pero es enorme.
Una liga verdaderamente fuerte no se construye solamente con sus equipos de arriba.
Se construye cuando los de abajo también pueden competir.
Y este Apertura nos ha dejado ejemplos que deben hacernos pensar.
América goleó 7-0 a Necaxa.
Pumas venció 5-0 a Querétaro.
Tigres derrotó 3-0 a Cruz Azul.
También hemos visto resultados mucho más cerrados y sorpresas, como el triunfo 3-2 de León sobre Monterrey. Es decir, tenemos señales en ambas direcciones.
Por eso no quiero utilizar las goleadas para sentenciar que nuestra liga está mal.
Quiero utilizarlas para preguntar:
¿qué tan grande sigue siendo la distancia entre nuestros proyectos?
Porque mientras unos clubes comienzan a mirar hacia el mundo, otros todavía están intentando alcanzarlos dentro de México.
AHORA NECESITAMOS COMPETENCIA INTERNACIONAL
Si queremos saber realmente dónde estamos, necesitamos enfrentarnos más veces con quienes están arriba.
No basta compararnos entre nosotros.
Quiero ver clubes mexicanos enfrentando regularmente proyectos estadounidenses, europeos y sudamericanos.
Quiero descubrir qué sucede cuando nuestras mejores futbolistas encuentran rivales con otra velocidad, otra preparación física y otra manera de interpretar el juego.
Y si perdemos, también sirve.
Lo he dicho antes y lo sostengo:
una derrota que descubre tus carencias puede resultar mucho más útil para crecer que una victoria que las esconde.
Porque el verdadero objetivo no debería ser construir una liga que se sienta poderosa dentro de México.
Debería ser construir una liga capaz de demostrarlo fuera.
EL CRECIMIENTO TAMBIÉN GENERA RESPONSABILIDAD
Hay algo maravilloso en todo esto.
Las niñas que hoy tienen ocho o diez años ya crecieron viendo fútbol femenil profesional.
Para ellas Tigres, América, Rayadas, Pachuca o Chivas Femenil siempre han existido.
Eso cambia completamente la historia.
Pero también aumenta nuestra responsabilidad.
Porque la generación que viene detrás ya no debería tener que luchar por demostrar que las mujeres pueden jugar fútbol.
Esa batalla la ganaron otras.
La siguiente debería poder concentrarse en algo diferente:
ser cada vez mejores.
Y ahí es donde México tiene una oportunidad enorme.
Tenemos población.
Tenemos afición.
Tenemos talento.
Tenemos clubes con capacidad económica.
Tenemos una liga establecida.
Tenemos niñas jugando.
Entonces dejemos de preguntarnos únicamente cuánto hemos crecido.
Empecemos a preguntarnos hasta dónde queremos llegar.
Porque quizá el dato importante de esta semana no sea que un club mexicano apareció entre los mejores del mundo.
Quizá lo verdaderamente importante sea que ya podemos comenzar a imaginar que algún día no nos sorprenda verlo ahí.
Ése debería ser nuestro siguiente paso.
Que competir internacionalmente deje de ser extraordinario.
Que pertenecer a la conversación mundial se vuelva cotidiano.
Y que México deje de mirar al fútbol femenil mundial preguntándose cuánto nos falta para alcanzarlo.
Que algún día sean otros quienes tengan que preguntarse cuánto les falta para alcanzarnos a nosotros.
Tenemos muchísimo trabajo por delante.
Pero después de nueve años ya no somos simplemente una liga que está naciendo.
Somos una liga que debe decidir qué quiere ser cuando crezca.
Y yo quiero que quiera ser grande.
De verdad.
No solamente en México.
En el mundo.
Y esa, también, es La Otra Mitad de la Cancha.