
QUE EL ORO NO NOS DESLUMBRE
México debe celebrar, pero no conformarse rumbo a Brasil 2027.
México ganó el oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Hay que celebrarlo.
Hay que reconocer a las futbolistas, al cuerpo técnico y el trabajo que existe detrás de una Selección Femenil Sub-23 que volvió a colocar a nuestro país en lo más alto del podio regional.
Pero después de la celebración debemos regresar a la realidad.
Porque existe algo que puede resultar más peligroso que una derrota: conformarnos con una victoria.
El fútbol mexicano conoce muy bien esa historia. Ganamos dentro de nuestra región, levantamos una copa, conseguimos una medalla y durante algunos días sentimos que hemos dado un enorme salto.
Después llega la competencia internacional y descubrimos que el mundo también avanzó.
Por eso el oro debe alegrarnos.
Pero no debe deslumbrarnos.
Una cosa es dominar regionalmente y otra muy distinta estar preparado para competir contra las mejores selecciones del planeta.
Y si México realmente quiere crecer, ésa debe comenzar a ser nuestra medida.
CELEBRAR TAMBIÉN ES EXIGIR
Ser críticos con nuestra Selección no significa estar en contra de ella.
Para mí es exactamente lo contrario.
La exigencia también es una forma de creer.
Desde 2017 contamos con una Liga MX Femenil profesional que ha cambiado radicalmente las oportunidades para nuestras jugadoras. Tenemos clubes con mejores estructuras, categorías juveniles, futbolistas extranjeras que elevan la competencia y cada vez más niñas que pueden imaginar una carrera dentro del fútbol.
Entonces la pregunta resulta inevitable:
¿Cuándo veremos todo ese crecimiento reflejado de manera contundente en nuestra Selección Nacional?
Porque México ya no puede evaluarse únicamente comparándose con lo que era hace diez años.
Tenemos que compararnos con quienes queremos derrotar.
ANTES DE BRASIL, HAY QUE CLASIFICAR
Existe además una realidad que no podemos olvidar en medio del entusiasmo:
México todavía no está clasificado al Mundial de Brasil 2027.
El próximo 28 de noviembre enfrentará a Haití en los cuartos de final del Campeonato W de Concacaf.
Si gana, avanzará a semifinales y conseguirá uno de los cuatro boletos directos de la región para el Mundial.
Si pierde, todavía tendrá una segunda oportunidad mediante el partido de colocación del 2 de diciembre y la posibilidad de acceder al repechaje intercontinental.
Así que antes de preguntarnos hasta dónde puede llegar México en Brasil debemos resolver algo mucho más elemental:
Llegar a Brasil.
Y después de dos ausencias consecutivas, no es un detalle menor.
México no participó en Francia 2019 ni en Australia-Nueva Zelanda 2023. Nuestra última aparición mundialista fue Canadá 2015.
Por eso clasificar sería importantísimo.
Pero tampoco debería convertirse en nuestra meta final.
EL ORO ES UNA SEÑAL, NO UNA GARANTÍA
La medalla centroamericana nos dice cosas positivas.
Existe talento.
Hay una generación Sub-23 capaz de competir.
Hay futbolistas que podrían alimentar próximamente a la Selección Mayor.
Pero ese resultado no responde todavía la pregunta fundamental:
¿Estamos preparados para competir contra el mundo?
Quiero ver a México cuando no tenga el control del partido.
Cuando enfrente presión alta.
Cuando el rival circule el balón más rápido.
Cuando físicamente no tengamos ventaja.
Cuando un error defensivo pueda decidir noventa minutos.
Quiero verlo frente a selecciones como España, Alemania, Japón, Brasil, Estados Unidos y las demás potencias.
Porque ahí aparece la verdadera medida de nuestro crecimiento.
Y tampoco debemos tener miedo de perder esos partidos.
Una derrota frente a una potencia puede enseñarnos mucho más que una goleada contra un rival claramente inferior.
Si queremos llegar preparados a un Mundial, necesitamos rivales que expongan nuestras debilidades antes de que lo haga el propio Mundial.
EL MUNDO TAMBIÉN ESTÁ CRECIENDO
Aquí existe otro punto que me parece fundamental.
Nosotros hemos avanzado.
Pero no estamos compitiendo contra nosotros mismos.
Europa está invirtiendo enormemente en fútbol femenil. Estados Unidos continúa desarrollando su estructura. Japón mantiene procesos extraordinarios de formación. Brasil jugará el próximo Mundial en casa y selecciones sudamericanas como Colombia han demostrado un crecimiento importante.
El fútbol femenil mundial está avanzando rápidamente.
Entonces ya no basta con afirmar:
“México está mejor”.
Debemos preguntarnos:
¿México está creciendo al mismo ritmo que las selecciones a las que pretende alcanzar?
Ésa es una conversación mucho más incómoda.
Pero también mucho más necesaria.
NO QUIERO IR A BRASIL SOLO PARA ESTAR
Yo creo en el talento mexicano.
Precisamente por eso quiero exigirle más.
Tenemos liga.
Tenemos futbolistas.
Tenemos infraestructura.
Tenemos afición.
Tenemos generaciones de niñas que hoy pueden crecer dentro de un sistema profesional que antes simplemente no existía.
Ahora debemos convertir esas herramientas en resultados internacionales.
La Liga MX Femenil debe producir mejores seleccionadas.
Las fuerzas básicas deben formar futbolistas capaces de competir internacionalmente.
Las extranjeras que llegan a nuestro país deben elevar el nivel de nuestras jugadoras.
Y la Federación debe conseguir que exista continuidad entre las categorías juveniles y la Selección Mayor.
Porque si México consigue regresar al Mundial después de doce años, yo no quiero que nuestra mayor celebración sea simplemente haber vuelto.
Quiero preguntarme:
¿A qué vamos?
¿A participar?
¿A tomarnos nuevamente la fotografía mundialista?
¿O a competir?
Existe una enorme diferencia entre jugar un Mundial y pertenecer a la élite mundial.
México debe aspirar a lo segundo.
QUE EL ORO NOS DÉ HAMBRE
Celebremos a nuestras campeonas centroamericanas.
Que disfruten su medalla y reciban el reconocimiento que merecen.
Pero después utilicemos ese oro como combustible.
Que nos dé hambre de enfrentar mejores rivales.
Hambre de corregir nuestras debilidades.
Hambre de regresar al Mundial.
Y, sobre todo, hambre de demostrar que México puede hacer algo más que participar.
Porque el problema nunca será celebrar una medalla.
El problema comienza cuando la celebración nos impide ver cuánto camino falta por recorrer.
Yo quiero una Selección que llegue a Brasil.
Pero no una Selección satisfecha simplemente por haber clasificado.
Quiero una Selección que llegue sabiendo para qué clasificó.
Que el oro nos dé orgullo.
Pero que nunca nos quite la ambición.
Porque celebrar es justo.
Conformarnos, no.
Y esa, también, es La Otra Mitad de la Cancha.