Por E. G. de la Cerna
Su pasión el periodismo, pero su amor incondicional la jurisprudencia.
Ese fue Cristino Méndez Torres.
Un periodista de la “vieja escuela”, forjado en la experiencia del día a día, partió al descanso eterno, se lo llevó la enfermedad, con sus 62 años de edad.
Quiso ser abogado, vino de su pueblo, San Pedro Huamelula Oficial, en el estado de Oaxaca, pero las adversidades, y lo complejo de la vida no pudo, había que comer, le faltó apoyo, pero le sobraba inteligencia, y se convirtió en autodidacta.
Sabia los recovecos y complejidades del funcionamiento de las fiscalías, (antes Ministerios Públicos), Juzgados Penales, Juzgados Civiles y hasta Juzgados Laborales.
Siempre de manga larga, y pantalón de vestir y zapatos formales, con sus libreta, grabadora y plumas de color negro o azul, (no le gustaba prestarlas porque no se las regresaban).
Siempre servicial y muy activo para asesorar a las personas que estaban en el entramado del derecho penal, y sus problemas legales, a cambio de una moneda y sino había pago, pero sabía que se estaba cometiendo una injusticia sin dudarlo los ayudaba.
Esa capacidad de entender lo penal, el llevarse con abogados, policías ministeriales, custodios, secretarios de mesa, actuarios, jueces, y hasta magistrados, también lo llevó a conocer la labor informativa del periodismo de nota roja y las fuentes vivas.
Conoció la radio, en donde colaboró en varias estaciones del puerto de Veracruz, y fue puliendo su estilo con la ayuda de otros experimentados periodistas.
Incursionó en los diarios impresos y revistas como Testimonio, hasta en las redes sociales como Facebook, donde aparecía como Cristino Méndez (Bebe Furioso), con más de 2, 500 seguidores, donde hacia duras críticas a personas de la política porteña, y hacia denuncias ciudadanas, o reconocía la labor de importantes juristas.
Siempre orientó a los nuevos reporteros que llegaban a cubrir asuntos de juzgados, y fiscalías, o detenidos de la policía ministerial.
Descansa en Paz, Tino.
Ya no abra “otro poquito”…